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Desde Washington

Desarmando a America Latina

Por Marcela Sanchez
Especial Para washingtonpost.com
Thursday, February 17, 2005; 10:30 PM

El Congreso estadounidense pronto tendrá la oportunidad de reducir la proliferación de armas en América Latina y, de paso, hacer su más significativa contribución a la seguridad en el hemisferio en años.

El Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Richard G. Lugar, quien ayudó a escribir la ley de 1991 que desde entonces ha desactivado mas de 6.500 ojivas nucleares del arsenal soviético, dirige ahora su atención a las reservas de armas convencionales alrededor del mundo. El Senador Lugar está auspiciando un proyecto de ley conocido como la Ley para la Reducción de la Amenaza de Armas Convencionales (CATRA, según siglas en inglés) que establecería una oficina especial dentro del Departamento de Estado con fondos "que guarden proporción con el riesgo que representan estas armas" y que le permitan liderar un "esfuerzo global acelerado" para eliminarlas.

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Nada podría ser más oportuno para América Latina. En ninguna otra parte estas armas son más letales que en América Latina y el Caribe. El número de homicidios con armas de fuego en la región es "cinco veces mayor que el promedio mundial", según el proyecto Small Arms Survey con sede en Ginebra. En la región, entre 73.000 y 90.000 personas mueren por armas de fuego cada año, incluidos los muertos en el conflicto interno colombiano.

CATRA se hace todavía más urgente debido a unos de los últimos viajes de compras financiado con petróleo del Presidente venezolano Hugo Chávez. El enigmático mandatario adquirió 100,000 fusiles Kalasnikov y otro equipo militar del gobierno ruso. La transacción fue perfectamente legal y funcionarios venezolanos prometieron que las armas irán solo a las fuerzas armadas venezolanas.

Pero en un país con un ejército de 34.000 miembros y una guardia nacional de 23.000, la pregunta es qué pasará con los restantes 40.000 y pico fusiles rusos y con los rifles que reemplazarán. Dice Chávez que su plan consiste en dotar de armas a los ciudadanos con el fin de resistir una posible invasión estadounidense. Otros temen que las armas terminen en manos de grupos rebeldes colombianos. Chávez intentó mitigar esos temores esta semana diciéndole al Presidente colombiano Álvaro Uribe que no apoya "acto terrorista alguno. No obstante Chávez es ambiguo sobre cuáles son los grupos irregulares colombianos que considera terroristas.

Expertos en armamentos coinciden en que cada vez que existe un exceso de armas la posibilidad de que algunas caigan en malas manos es muy alta. El riesgo es aún mayor cuando esa "filtración" ya existe. Según Matthew Schroeder, un experto de control de armas pequeñas de la Federation of American Scientists con sede en Washington, hay "fuerte evidencia" de que armas del ejército venezolano han terminado en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

Cruzar la porosa frontera entre Venezuela y Colombia sería uno de los trayectos más cortos para armas pequeñas entre tantas otras rutas tomadas por armas similares en los últimos años. En 1999, 10.000 rifles de Jordania fueron lanzados desde el aire sobre la jungla colombiana y destinados a las FARC, con la presunta mediación del ex jefe de inteligencia peruano Vladimiro Montesinos.

En el 2001, las Autodefensas Unidas de Colombia contrataron a un traficante de armas israelí establecido en Panamá que compró 3.000 fusiles del ejército nicaragüense y se los hizo llegar escondidos en un barco que supuestamente transportaba bolas plásticas de México a Colombia. Y en los últimos meses varios comerciantes de armas han sido arrestados o acusados en tribunales de la Florida por conspirar en la exportación de fusiles y municiones de Estados Unidos a las FARC y las AUC.

Después de la compra venezolana, funcionarios estadounidenses dijeron que estaban "extremadamente preocupados" por la posibilidad de que las armas sean desviadas a organizaciones distintas a las fuerzas armadas venezolanas. Como era de esperarse, el gobierno venezolano acusó a funcionarios de Bush de "impertinentes" por inmiscuirse en asuntos internos, pero teniendo en cuenta que esta fue una de las ventas de fusiles más grande a la región desde la Guerra Fría -- y a uno de los líderes más inquietantes en la región en años -- era lo mínimo que Washington podía hacer.

La destrucción de armas es un componente crítico de la reducción y CATRA está diseñada para eliminar reservas de armas excedentes y desatendidas que actualmente solo aguardan el mejor postor. Pero obviamente no todas serán destruidas.

En 1997, el Presidente Clinton firmó el primer acuerdo regional internacional de la historia "para cerrar el mercado negro y gris de armas". La Convención de Armas de Fuego de la OEA, como se le conoce al tratado, ha surtido cierto efecto en fortalecer controles de exportación, marcar armas de fuego y compartir información que pueda llevar al arresto de traficantes en el mercado negro. Aún así es claro que dichos mercados permanecen abiertos.

Desafortunadamente Estados Unidos todavía no ha ratificado la Convención y no hay ninguna señal de que lo hará pronto. Por lo menos ahora, gracias a CATRA, tiene otra oportunidad de ejercer su influencia en favor de la no proliferación y de un hemisferio menos violento.


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