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Desde Washington

La lucha con los avances de las reformas de mercado

By Por Marcela Sanchez
Especial Para washingtonpost.com
Friday, March 4, 2005;

CARTAGENA -- Hace diez años, Tomasa Contreras y los vecinos del barrio Torice se unieron para abrir zanjas, instalar sus propias tuberías e ilegalmente conectarse al agua de la ciudad para tenerla en su abandonado vecindario. Cuatro años más tarde, la empresa Aguas de Cartagena instaló sus propias tuberías y empezó a cobrar a los vecinos de Torice por el servicio -- además de pagos atrasados por los años en que lo tuvieron de manera ilícita.

Contreras, de 44 años de edad, y su esposo Luis luchan ahora para tener con qué pagar por el lujo del agua potable y los demás gastos que requiere mantener un hogar de seis personas en su casa de concreto con dos habitaciones. Esta semana tuvieron que ingeniárselas para encontrarle a su hijo de 18 años un par de zapatos negros acorde con el uniforme de la escuela pública. Por lo menos este año la matrícula escolar es la más baja que han pagado nunca. Pero el trabajo sigue siendo irregular y escaso y Contreras está considerando la posibilidad de dejar a su familia y su país para trabajar en el exterior, donde ella cree que el trabajo abunda.

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Irónicamente, Contreras vive en la ciudad colombiana que más se benefició de la llamada apertura. A comienzo de los 90, Colombia comenzó a liberalizar el comercio y abrir su economía. Pronto esta bella ciudad colonial, visitada por cientos de miles de turistas al año y considerada la ciudad más segura de Colombia, se convirtió en la primera productora de substancias químicas industriales y plásticos y transformó su puerto en el más activo de la nación.

Hoy, el ingreso per cápita de Cartagena es el más alto del país. Pero basta con echar un vistazo por esta ciudad para darse cuenta de que se está ante lo que Alberto Abello llama "espejismo estadístico". Abello, uno de los economistas más respetados del Caribe, atribuye a un crecimiento sin generación de empleo y a la disparidad en los ingresos, la escasez de empleos formales y la pobreza persistente.

El empeño en lograr un desarrollo con destinos específicos no ha ayudado. Tampoco ha tenido un impacto en las disparidades regionales entre áreas ricas y pobres del país. Al igual que en los estados del sur de México y el noreste de Brasil, las políticas de desarrollo regional en la zona del Caribe colombiano, donde Cartagena es una de las principales ciudades, "no han sido plenamente satisfactorias", de acuerdo con el lenguaje mesurado del Banco Mundial.

Según el informe "Más allá de la ciudad", que el Banco Mundial emitirá en Colombia la próxima semana, el producto interno bruto per cápita del Caribe colombiano ha llegado apenas a la mitad del de Bogotá en los últimos 40 años. Una quinta parte de los colombianos vive en el Caribe pero representa más de una tercera parte de los pobres del país.


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El informe asegura que las inversiones en educación o infraestructura no son siempre suficientes para el desarrollo económico. Como lo señala Abello, la región puso demasiada fe en la liberalización y la descentralización. Y las esperanzas de "subirse a la ola" de la prosperidad desaparecieron cuando la ola no se materializó.

Se creyó que el mercado crearía por sí solo las condiciones para atraer empresas y generar empleo. A diferencia de otros países con retos similares de llevar los beneficios del libre comercio a "regiones rezagadas", Colombia no proporcionó incentivos para nuevas empresas y se limitó a contar con la inversión en infraestructura y con los logros que se esperan del libre mercado.

El Caribe colombiano parece tener todos los ingredientes adecuados para tener éxito -- su proximidad a Miami (dos horas y media de vuelo), sus modernos puertos, su turismo. Pero hasta ahora, cero es exactamente el número de compañías que se han reubicado aquí.

Abello teme ahora que el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos empeore las cosas. La eliminación de la tarifa de impuestos del 15 por ciento a las substancias químicas que ahora se producen en Cartagena podría acabar con casi todos los 11.000 y pico empleos industriales que ahora se encuentran en la ciudad, con innumerables implicaciones negativas para la economía regional.

Parecería que la reciente experiencia de esta región debiera servir de evidencia como para no descartar tarifas e incentivos directos porque podrían violar o distorsionar el modelo de libre mercado que tanto impulsa Washington y la Organización Mundial del Comercio. Incluso el informe del Banco Mundial reconoce que países como Italia, Portugal o España, con marcados problemas de desarrollo regional, "verían difícil la idea de que no se haga ninguna intervención" en ese tipo de regiones.

Para Contreras la apertura, al igual que la inversión pública en infraestructura y educación que vinieron después, han sido una bendición a medias. Hoy más cartageneros tienen agua, teléfono, gas, electricidad y alcantarillado. Pero debido a que no ha habido un aumento comparable en empleos y riqueza, a Contreras y a sus vecinos ahora les llegan cuentas de cobro que no existían cuando todo lo que tenían era un piso de tierra y un techo sobre sus cabezas -- y ahora su lucha es también para pagarlas.


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