La divisiva valla antimigratoria
Friday, January 6, 2006; 10:10 AM
Cuando aprobó la ley de Protección Fronteriza, Anti Terrorismo y de Control de Inmigración Ilegal el mes pasado, la Cámara de Representantes pareció doblegarse ante el concepto más limitado posible sobre la inmigración. El proyecto de ley, uno de los más duros en décadas, financiaría la construcción de casi 700 millas de nuevas vallas con alta tecnología a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, además de declarar la inmigración ilegal como delito federal grave. Cualquier ciudadano estadounidense que sea descubierto conduciendo a un inmigrante a cualquier parte -- incluso un hospital o una escuela -- podría ser arrestado como "contrabandista de extranjeros" si se descubre que el inmigrante está en este país ilegalmente.
No hay duda que los cambios demográficos de este país a través de la inmigración se han convertido en fuente de una creciente tensión y malestar. El proyecto de la Cámara parece responder a unas pocas voces estridentes que aprovechan esta situación de alarma para alimentar el sentimiento de que los inmigrantes ilegales son invasores y violadores de la ley que merecen ser castigados o deportados. Cualquiera que mire esta situación desde afuera, probablemente tenga razón en concluir que Estados Unidos, el país de inmigrantes por excelencia, está dando marcha atrás.
El hecho es, sin embargo, que la mayoría de los estadounidenses mantiene una visión más sofisticada sobre la inmigración ilegal. Encuestas recientes sugieren que mientras muchos estadounidenses no están seguros sobre lo que debe hacerse para arreglar el sistema de inmigración, por lo menos parecen tener más certeza de que una estrategia que simplemente castiga a los inmigrantes ilegales es insuficiente.
En la más reciente encuesta del Washington Post y ABC News realizada entre el 15 y 18 de diciembre, el 61 por ciento dijo que preferiría ver que a estos inmigrantes se les ofreciera una oportunidad de mantener sus empleos y solicitar un status legal en vez de ser deportados. Asimismo el 58 por ciento de los entrevistados en una encuesta a votantes republicanos elaborada para el Manhattan Institute en octubre, favorecieron la posibilidad de que los inmigrantes legalicen su situación. Además, dos terceras partes de esos votantes republicanos dijeron que tendrían una opinión más favorable del Presidente Bush si apoyara ese tipo de plan.
Ahora bien, es cierto que la mayoría de los estadounidenses están en contra de la inmigración ilegal y están lo suficientemente insatisfechos como para creer que debiera ser un tema de prioridad nacional. Después de Irak, la economía y el cuidado a la salud, los estadounidenses ven a la inmigración como el cuarto problema más importante que debiera tratar el Congreso este año, según la encuesta del Post y ABC.
Explotar la insatisfacción con la inmigración pareciera ser una maniobra políticamente astuta y seguramente el proyecto de la Cámara fue motivado tanto por ese cálculo político como por un desdén real hacia los inmigrantes ilegales. Pero al aprobar legislación que es puramente punitiva, la Cámara ha asegurado consecuencias negativas más amplias.
Para empezar, el proyecto de la Cámara pudo haber dado fin a cualquier reforma a la inmigración en el 2006. Tras su receso de invierno, se espera que el Senado empiece a trabajar en un proyecto de inmigración más amplio que rechace el limitado proyecto aprobado por la Cámara. Pero incluso si el Senado logra aprobar su proyecto, la Cámara, según el veterano representante Jim Kolbe (R-Ariz.), ya ha hecho todo lo que pretendía hacer por ahora -- a saber, proveer "cobertura política" a quienes quieran alardear de haber mostrado mano dura ante la inmigración en un año electoral.
Kolbe, quien apoya un enfoque más amplio, cree que muchos de sus colegas de la Cámara no querrán ser visto ni a millas de distancia de un proyecto como el que el Senado busca promover. "Ciertamente no van a querer votar ... por un proyecto de ley que consideran políticamente arriesgado por abordar el tema de trabajadores temporales o, Dios no lo quiera, incluso el de la legalización de inmigrantes ilegales que ya están en este país", dijo Kolbe en una entrevista reciente. Si Kolbe está en lo correcto, la Cámara prefirió hacer maromas políticas en vez de avanzar en el tema de inmigración.
Al hacerlo, la Cámara también puede haber alejado al electorado hispano, el grupo de votantes con más rápido crecimiento en el país. Hace dos años, los Republicanos lograron avances significativos entre los votantes hispanos con sus posiciones de línea dura contra el aborto y los matrimonios del mismo sexo. Una determinación similar contra la inmigración, sin embargo, posiblemente sea contraproducente. De acuerdo con Cecilia Muñoz, vicepresidenta del Consejo Nacional de la Raza, "el análisis político según el cual conviene (parecer duro ante la inmigración) está errado". Muñoz citó como ejemplo la derrota el año pasado de Jerry Kilgore, el candidato republicano a gobernador de Virginia, quien usó su dureza contra los inmigrantes ilegales para marcar la diferencia ante su rival.
Entre tanto, la continua falta de avances en un serio tema de política pública que toca cada vez a más estadounidenses solo creará más frustración con Washington y más clamor por el cambio. Claramente, una reforma duradera a la inmigración dependerá de aquellos que decidan liderar, en vez de simplemente complacer a unas cuantas voces estridentes.


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