Con Estados Unidos a una sana distancia

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, March 3, 2006; 12:00 AM

CIUDAD DE MEXICO -- En los 55 minutos de su discurso el pasado domingo, el candidato a la presidencia en México Andrés Manuel López Obrador esbozó su política exterior en pocas palabras: "No vamos a meternos en la vida interna de otros pueblos ni de otros gobiernos porque no queremos que se metan en la (nuestra)."

Para los más de 100.000 partidarios que acudieron al Zócalo a escucharlo, era claro que López Obrador estaba hablando de Estados Unidos. El candidato del Partido de la Revolución Democrática de centro izquierda y actual favorito en las encuestas estaba dejando claro que no toleraría la intervención estadounidense en asuntos mexicanos.

Se trata de una promesa comprensible, no solo porque los candidatos presidenciales tienden a alentar las llamas nacionalistas de una u otra forma, sino también porque los mexicanos sienten que el enfoque de política exterior del saliente Presidente Vicente Fox ha sido un fracaso. Fox intentó elevar el perfil de México internacionalmente y usar su estrecha relación personal con el Presidente Bush para construir lazos sin precedentes entre las dos naciones. Se atrevió incluso a imaginar un futuro compartido donde los dos países intercambiarían libremente no solo bienes y servicios sino también trabajadores.

Claro que Septiembre 11 cambió todo eso y mucho más. Lo que en alguna ocasión pareció ser una oportunidad para una mayor integración pasó a ser visto por Estados Unidos como una amenaza a la seguridad nacional. Donde se iban a eliminar barreras fronterizas, a Washington le parece ahora que no se están erigiendo con suficiente rapidez. Muy atrás parece haber quedado el día en que Bush declaró que "Estados Unidos no tiene una relación más importante en el mundo que la que tiene con México".

Tal es el estado de las relaciones bilaterales que heredará el sucesor de Fox este año. Y es en este contexto que López Obrador pareció trazar nuevos límites, o más exactamente, volvió a trazar los límites tradicionalmente mantenidos en la política exterior mexicana. Si el experimento de Fox logró algo, fue reforzar la creencia de los mexicanos de que con los Estados Unidos o se mantiene una distancia saludable o se está forzado a someterse a los caprichos de Washington.

El más reciente ejemplo de la "sumisión" de Fox ocurrió el mes pasado cuando el Departamento del Tesoro, citando la Ley de Trato con el Enemigo, le advirtió a la compañía dueña de los hoteles Sheraton que estaba violando la ley estadounidense al hospedar a 16 cubanos en el Hotel Maria Isabel Sheraton en Ciudad de México. El grupo fue rápidamente expulsado del hotel.

Los mexicanos quedaron indignados ante la violación de la soberanía mexicana y exigieron que el Sheraton fuera castigado duramente. Pero el gobierno de Fox insistió que al hotel solo se le podrían imponer multas. Aún así, el gobierno de Ciudad de México, cont rolado por el PRD de López Obrador, asegura haber encontrado suficientes violaciones para cerrar el hotel de cuatro estrellas, lo cual hizo brevemente esta semana.

El incidente del Sheraton puede dar la medida de lo que sería una presidencia de López Obrador. Sus rivales en la elección del 2 de julio quisieran presentarlo como un hombre inclinado a los extremos. Felipe Calderón, candidato presidencial por el Partido de Acción Nacional de Fox, ha dicho ya que lo ocurrido en la ciudad representa una advertencia sobre cómo gobernaría López Obrador, quien pondría la ideología y los prejuicios por encima de los intereses nacionales de México.

Algo de cierto podría haber en la advertencia de Calderón, pero muy poco se sabe aún de López Obrador cuyo único cargo político ha sido como alcalde de Ciudad de México. Su asesor político y uno de sus principales coordinadores de campaña, Manuel Camacho Solis, insistió en que López Obrador es un hombre mesurado y que si bien está dispuesto a defender la soberanía mexicana, nunca lo hará en "forma escandalosa o agresiva."

Aunque López Obrador representaría un cambio en comparación con Fox, parece poco probable que pudiera permitirse el lujo de ser la piedra en el zapato para Estados Unidos que es el Presidente venezolano Hugo Chávez. Uno de cada seis mexicanos tiene hoy un pariente en Estados Unidos, por lo que no sorprende, tal como lo dijo Andrés Rozental, presidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, que "el mexicano prefiere pensar en lo pragmático de la relación con Estados Unidos que en la ideología."

Más deberá saberse sobre el tipo de relaciones que López Obrador imagina con Washington este 21 de marzo. Ese día el candidato planea dar un detallado discurso sobre su política exterior, dijo Camacho. Cualquier otra conclusión sobre cómo cambiarían las relaciones bilaterales sería prematura.

Por ahora, tal vez sea útil saber simplemente que la intención es que el discurso coincida con el segundo centenario del nacimiento del venerado Presidente mexicano Benito Juárez. Fue Juárez quien en alguna ocasión, hablando sobre relaciones bilaterales, afirmó: "entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz."


© 2006 The Washington Post Company

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