Desarrollo vs. Medio Ambiente y Un Río Que Los Separa
Friday, November 24, 2006; 12:00 AM
Cuando una mujer de 88 años ofrece convertirse en bomba suicida para acabar con una fábrica, parece evidente que se ha permitido que una situación polémica se salga de control.
La mujer y otros residentes de Gualaguaychú, Argentina, están enfurecidos por una papelera finlandesa que se está construyendo al otro lado del Río Uruguay en la población de Fray Bentos. Los argentinos ven la nueva planta como factor de deterioro del paisaje y como un proyecto que causará daños ambientales irreparables al río que sirve de frontera entre los dos países. Por más de un año y medio han protestado en las calles, bloqueando carreteras y puentes y deteniendo el tráfico hacia destinos uruguayos. Algunos dueños de negocios locales en Gualeguaychú han llegado incluso a poner anuncios en los que se amenaza con no atender a uruguayos.
La ineptitud e irresponsabilidad política han alimentado esta "psicosis social" de Gualeguaychú descrita por Daniel Taillant, director ejecutivo del Centro argentino de Derechos Humanos y Ambiente. Funcionarios argentinos no han hecho nada para desalentar las perjudiciales protestas, usándolas en cambio para obtener ganancia política y elevando el conflicto al nivel de una crisis internacional.
Con la decisión del Banco Mundial de este martes de ayudar a financiar el proyecto con un préstamo por 170 millones de dólares y hasta $350 millones más de dólares en garantías crediticias, las barricadas empezaron nuevamente. El Presidente argentino Néstor Kirchner le había pedido al presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, que suspendiera las deliberaciones sobre el préstamo con el propósito de mantener la "neutralidad" del banco ante la polémica.
La Ministra del Medio Ambiente de Argentina Romina Picolotti seriamente advirtió a funcionarios del Banco Mundial la semana pasada que el préstamo equivaldría a dar asistencia a Uruguay en "la comisión de un ilícito internacional" en caso de que la Corte Internacional de Justicia en La Haya determine que Uruguay violó un tratado bilateral sobre el uso del río. Durante el fin de semana, un diplomático argentino de alto nivel advirtió siniestramente que la decisión del banco crearía "un punto de fricción (entre Argentina y Uruguay) que podría durar 50 u 80 años".
Taillant y otros observadores argentinos coinciden en que el actual conflicto pudo haberse evitado si los políticos argentinos hubieran hecho algo más que hacerse los desentendidos mientras Uruguay llevó a cabo un agresivo programa de siembra de árboles de su lado del río por dos décadas. Era obvio que Uruguay iba a establecer una papelera en algún momento, dijo Gustavo Lazzari, director de la conservadora Fundación Atlas 1853 con sede en Buenos Aires. Pero los políticos argentinos "no prevén hasta que no les explote en la cara".
La polémica sobre la papelera se origina en una de las más viejas fuentes de conflicto - el agua. De acuerdo con el Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas emitido este mes, dos de cada cinco personas en el mundo viven a lo largo de ríos o lagos que cruzan fronteras y por lo menos la mitad de los recursos hídricos de Argentina y Uruguay - y unos 37 países más - provienen de más allá de sus territorios.
El informe de la ONU subraya que "el agua tiene el potencial de ampliar conflictos pero también de actuar como puente de cooperación." A medida que el agua se hace más escasa mientras los países buscan mayor desarrollo, el manejo político y burocrático de aguas compartidas determinará si hay o no confrontación. En cuanto al sensible tema de manejo de aguas "el interés nacional puede buscarse en términos más -- o menos - acertados", asegura el informe.
La papelera atrajo la inversión extranjera más grande en la historia de Uruguay y se espera que aumente el producto interno bruto del país en dos puntos porcentuales, además de incrementar las exportaciones en un 8 por ciento y generar entre 3000 y 8000 nuevos empleos, según el gobierno uruguayo. Miles de personas también han participado en manifestaciones en Fray Bentos en apoyo a la papelera.
Las preocupaciones ambientales de los residentes de Gualeguaychú son justificadas - las papeleras se consideran una industria altamente contaminante. Sin embargo, el hecho es que la nueva planta producirá celulosa libre de cloro elemental y, como lo informó el Banco Mundial al anunciar su decisión esta semana, producirá "suficiente clorato de sodio como para permitir que las plantas locales de Argentina y Uruguay pasen a la producción de celulosa" con el mismo método.
Carlos Gianelli Derois, el embajador uruguayo en Washington, dijo en una entrevista que espera que un precedente positivo se pueda sentar con este conflicto si se logra generar un equilibrio entre "la defensa del medio ambiente y el derecho al desarrollo de los países". Para resolver la confrontación, Uruguay está proponiendo que ambos países hagan el monitoreo del impacto ambiental de la papelera. Lo mejor que puede esperarse ahora es que las protestas argentinas sobre el impacto ambiental de la papelera lleven de hecho a un monitoreo ambiental más amplio de las aguas transnacionales en esa región . Eso es probablemente mucho más de lo que Uruguay y Argentina hacen actualmente para monitorear la calidad del agua dentro de sus propios territorios.



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