¿La guerra olvidada de Washington?
Con la atencion estadounidense en otra parte, America Latina y el Caribe llevan ahora la carga de la lucha contra las drogas
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Quienes cubrieron la política estadounidense hacia América Latina en los 90 sin duda recuerdan que, por algunos meses cada año, la "guerra contra las drogas" envenenaba las relaciones norte-sur. Al acercarse la decisión de "descertificación" de cada 1 de marzo, Washington expresaba su creciente frustración con la inactividad de sus vecinos del sur en controlar la producción o el tránsito de drogas. La "certificación" era el garrote con el que Washington sancionaba o amenazaba con sancionar a naciones, con la esperanza de forzarlas a cooperar con las prioridades anti-drogas de los Estados Unidos.
La exasperación de los funcionarios estadounidenses era evidente y a menudo se tornaba personal -- con desafortunadas consecuencias. Recuerdo el incidente en el que un funcionario del Departamento de Estado cuestionó la integridad de Carlos Medellín, el entonces ministro de justicia colombiano, solo por llevar ese apellido. Los informados quedaron horrorizados: Medellín era hijo de uno de los 11 magistrados que murieron en la toma del Palacio de Justicia en 1985.
Latinoamérica terminaba irritada ante la presión y a menudo hacía escasamente lo suficiente para evitar las sanciones de Washington. Fue práctica frecuente de países al sur del Río Bravo, arrestar narcotraficantes o incautar grandes cargamentos de drogas precisamente poco antes del anuncio anual de certificación.
Hoy, con la certificación significativamente debilitada y la política exterior estadounidense enfocada en otras partes, la guerra contra las drogas es notablemente distinta. Ahora son los países latinoamericanos los que lanzan nuevas iniciativas y claman por la cooperación estadounidense mientras Washington luce más desinteresado y apático.
El gran cambio es que los latinoamericanos se están convirtiendo en consumidores de droga. Como lo dijo el Presidente dominicano Leonel Fernández durante la apertura la semana pasada de una cumbre anti-drogas del Caribe, las drogas están infiltrando "nuestras sociedades y siendo el propulsor del incremento de la criminalidad, la violencia y la inestabilidad".
Su preocupación es correspondida por otros líderes caribeños que la semana pasada firmaron la "Declaración de Santo Domingo" comprometiéndose a una mayor cooperación en la vigilancia marítima y aérea como también a incrementar los fondos para la prevención y la educación. Un esfuerzo de cooperación regional similar se está desarrollando en América Central.
La transformación ha sido particularmente evidente en México. Siempre reacio a que se crea que está cediendo a presiones de sus poderosos vecinos del norte, México fue por muchos años un socio poco dispuesto a cooperar en los esfuerzos anti-drogas de Estados Unidos. Pero el nuevo Presidente Felipe Calderón ha actuado decisivamente en contra del narcotráfico en respuesta a la aterradora ola de violencia que afecta a su país.
Esta creciente atención regional y dedicación de recursos a la lucha contra las drogas contrastan significativamente con sucesos recientes en Estados Unidos donde el Pentágono, en un informe al Congreso, reconoció el año pasado que "la detección de drogas es una prioridad menor a la de apoyar a nuestras fuerzas armadas en misiones de combate". La lucha antidrogas como tema político es también menos prominente -- o simplemente está "muriendo", dijo Peter Reuter, experto en política anti-drogas de la Universidad de Maryland -- en parte debido a que el uso de drogas en Estados Unidos está disminuyendo levemente.
Ninguna de estas explicaciones refleja un éxito en la lucha contra las drogas. Estados Unidos todavía consume la mitad de la cocaína en el mundo y contribuye casi la mitad de las ganancias derivadas del narcotráfico.
Aun así, según líderes latinoamericanos como Fernández, Estados Unidos ha mostrado una "desatención" al tráfico de drogas en la región. Fernández citó estadísticas que revelan que Estados Unidos ha reducido sus fuerzas caribeñas anti-droga en un 62 por ciento desde los ataques terroristas del11 de septiembre del 2001 y el número de naves, aviones y helicópteros asignados a la zona también se ha reducido.
Esto significa que los países que llevan ahora una creciente proporción de la carga de las drogas ilícitas son algunos de los países más pobres de la región. Haití, que ha visto entrar a su territorio más drogas ilícitas este año que en los 15 años anteriores y está sufriendo un creciente problema de abuso de drogas "no tiene ni la policía para controlarla", afirmó Eduardo Gamarra, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Internacional de la Florida.
Es probable que el actual estancamiento estadounidense continúe por un tiempo. Por lo que, para algunos observadores, esta situación sería menos lamentable si los funcionarios estadounidense cambiaran al menos su discurso. "Es muy cínico de Bush", dijo Myles Frechette, embajador estadounidense en Colombia a mediados de los 90, "decir que estamos cumpliendo con nuestro compromiso y esperamos que ustedes también cumplan". Frechette sugirió que como mínimo Washington debiera cambiar sus "expectativas irrealistas" de que estos países pueden hacer lo mismo mientras que Estados Unidos baja la guardia.



