¿Un "Nuevo Trato" para los tratados comerciales?
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Friday, September 14, 2007; 12:00 AM
A comienzos del mes pasado, el Presidente peruano Alan García salió de una reunión con una delegación estadounidense encabezada por el Presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara Charles Rangel y declaró el comienzo de un nuevo "New Deal" (Nuevo Trato) para el comercio exterior. Tal como Franklin D. Roosevelt cambió el equilibrio del capitalismo para favorecer los derechos de los trabajadores más que los intereses del dinero, dijo García, la nueva mayoría demócrata en el Congreso de Estados Unidos está abriendo el camino para "una nueva política de comercio mundial con un rostro más humano".
García no solo se refería al tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Perú, que espera ratificación del Congreso. Se refería también al plan global de Rangel de ponerle fin a lo que el demócrata de Nueva York llama décadas de una política comercial a favor de las empresas y políticamente polarizada. Eso quedó demostrado el 10 de mayo cuando Rangel, en lo que celebró como un "histórico paso adelante", logró imponer enmiendas a varios acuerdos comerciales estipulando que otros gobiernos, como el de García, deben incorporar más protecciones sociales, laborales y ambientales si quieren entrar en acuerdos comerciales con Estados Unidos.
El conteo regresivo hacia la primera prueba real de este nuevo enfoque comercial comenzó esta semana con la audiencia en el Comité de Finanzas del Senado sobre el acuerdo con Perú. Dicho pacto está a punto de convertirse en el primer acuerdo de libre comercio a ser votado por un congreso controlado por demócratas desde que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte fue aprobado, hace casi 14 años.
NAFTA fue aprobado con un amplio respaldo bipartidista -- 102 demócratas y 132 republicanos votaron a favor en la Cámara, el recinto donde tradicionalmente se libran las batallas comerciales más reñidas. Desde entonces el bipartidismo ha ido primordialmente en picada. El Tratado de Libre Comercio con Centroamérica o CAFTA, el último acuerdo comercial para países latinoamericanos ratificado por el Congreso, lo aprobó la Cámara en 2005 con un mínimo margen de dos votos y solo 15 votos demócratas.
Esos márgenes tan estrechos podrían convertirse en cosa del pasado. Cabilderos de comercio en Washington calculan que las enmiendas de Rangel podrían ayudar a atraer entre 60 y 120 votos demócratas a favor del tratado con Perú. Los republicanos entre tanto, a pesar de algunas objeciones a las enmiendas, se espera que apoyen el pacto con Perú para asegurarle una victoria al Presidente Bush.
Charlene Barshefsky, Representante Comercial de Estados Unidos de 1997 a 2001, me dijo que "existe el deseo por parte de un número de demócratas de crear las condiciones para un mayor bipartidismo". Que ello se convierta en un nuevo camino hacia el futuro está por verse, agregó Barshefsky, anotando que "muchos factores pueden jugar en la aceptabilidad política de este tipo de acuerdo".
Dicho en otras palabras, todo depende. El "New Deal" que ve García podría terminar siendo exitoso solo con un acuerdo. Acuerdos comerciales más polémicos con Panamá, Colombia y Corea del Sur siguen pendientes en el congreso. Si bien Perú puede ser más fácil de vender con la bendición de Rangel, muchos Demócratas, sintiendo el aliento de los sindicatos en la nuca, tal vez desistan en apoyar acuerdos como el de Colombia, donde miles de trabajadores sindicales han sido asesinados en el largo conflicto interno del país andino.
Cualquiera que dude qué tan sensibles son realmente los demócratas a los deseos de los sindicatos de reducir la expansión comercial, solo necesita ver lo que ocurrió esta semana en el Senado. Con 74 votos a favor y 24 en contra, los senadores aprobaron una medida que buscaba bloquear un proyecto piloto que se inició el viernes para permitirle a camiones mexicanos acceder a autopistas estadounidenses -- como se acordó bajo el NAFTA.
"¿Cuál es la urgencia?" preguntó el promotor de la medida, el Senador Byron Dorgan (D-N.D.). Pregunta singular si se recuerda que han pasado 13 años desde que Estados Unidos se comprometió a abrir su frontera sur a los camiones mexicanos. Si bien Dorgan expresa sus preocupaciones en términos de seguridad sugiriendo que los camioneros mexicanos son una amenaza en las autopistas estadounidenses, el Senador John Kerry (D-Mass.) más claramente relacionó la enmienda con las inquietudes de los sindicatos al declarar que los camiones mexicanos "podrían perjudicar a las pequeñas e independientes empresas de transporte de carga" en los Estados Unidos. Ello a pesar de que, en este país, dicha industria de transporte lucha con satisfacer la demanda debido a una escasez de camioneros que estiman aumentará a 45.000 conductores para 2009 y a 111,000 para 2014.
Pero no hay por qué permitir que los hechos interfieran con el flujo de las contribuciones políticas de los sindicatos. Durante el foro presidencial de la federación sindical AFL CIO el mes pasado, todos los candidatos demócratas coincidieron en que el NAFTA tiene que cambiar para bien o abandonarse del todo. Ninguno fue atrapado siquiera sugiriendo que un comercio más libre es bueno en principio, un hecho que parecería ser la base para cualquier política comercial bipartidista.
Cuando Rangel anunció el "paso adelante" del 10 de mayo, reconoció la necesidad de "mejorar la imagen del comercio" como un motor económico que puede generar empleo y beneficios para más personas y no solo para accionistas. Claro está que la imagen del libre comercio no se beneficia cuando la primera inclinación de sus correligionarios es atacarlo.
El correo electrónico de Marcela Sanchez es desde@washpost.com.



