Blandiendo el poder del bolsillo

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, October 26, 2007; 12:00 AM

Líderes políticas como la presidenta chilena Michelle Bachelet y Cristina Fernández de Kirchner, la casi segura próxima presidenta en Argentina, acaparan titulares a medida que derriban barreras de género. Pero lejos de la atención pública, mujeres de mucha menor prominencia están ganando también terreno en esferas tradicionalmente dominadas por los hombres.

Estas mujeres lo están logrando al emigrar a países industrializados en números cada vez mayores, ahora representando casi la mitad de todos los nuevos inmigrantes. Ellas emigran por muchas de las mismas razones que los hombres - para eludir adversidades, encontrar mejores oportunidades, apoyar a sus familias - pero también para hacer trabajos que no hacen ellos, como los que provee el creciente sector de servicios personales incluido el trabajo doméstico, el cuidado infantil y otros de esa índole. Con ingresos superiores a los que nunca hubieran obtenido en sus países, las mujeres emigrantes pueden contribuir financieramente más a los hogares que dejan atrás incluso si eso significa tener que hacerlo a través de transferencias de dinero o remesas.

Estudios muestran que el flujo de remesas tiende a favorecen a las mujeres por el simple hecho de que son más las mujeres que reciben ese flujo constante de dinero. Inicialmente eso se explicaba por el hecho de que eran más los hombres los que trabajaban en el exterior y sus esposas o compañeras las que se quedaban en el país de origen cuidando la familia.

Ahora con más mujeres en el exterior, esta tendencia continúa expandiéndose debido a que las mujeres tienden a creer que sus madres, hermanas u otras mujeres usarán el dinero en forma mas responsable que los hombres. Un estudio del año pasado sobre mujeres dominicanas que emigraron a España principalmente para trabajar en servicio doméstico encontró que muchas de las mujeres enviaron dinero a sus maridos o compañeros pero dejaron de hacerlo si no estaban satisfechas con la forma en que los fondos estaban siendo gastados. En un gran número de casos, según el informe, los hombres desperdiciaron el dinero en alcohol, juego, aventuras sexuales y otras malas inversiones.

Expertos aseguran que la expansión de ingresos entre mujeres que trabajan en países industrializados, junto con el aumento de fondos disponibles para las mujeres en los países de origen, significa para ellas un poder económico y de decisión sin precedentes. El Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer, que estudia las remesas en términos de género, ha encontrado que la migración - como sucedió en el estudio dominicano - ha generado "nuevas oportunidades para muchas mujeres".

Este cambio, sin embargo, no ha logrado eliminar prejuicios de género tradicionales, al menos no por ahora. Una conclusión clave del estudio dominicano fue que mientras las mujeres se hicieron más influyentes en el manejo del hogar, su partida y sus remesas lograron poco en materia de igualdad. La mayoría de los hombres que se quedaron, de hecho, no adoptaron nuevos roles de responsabilidad en el cuidado de los niños o el hogar, y en algunos casos incluso dejaron de proveer recursos para la familia una vez empezaron a llegar las remesas.

Las opciones de mujeres de clase trabajadora que emigran, comparadas con las de mujeres en trabajos de cuello blanco (o candidatas presidenciales) que se quedan en sus países, son obviamente muy diferentes, pero sus luchas son paralelas. Ambas enfrentan estructuras tradicionales que favorecen a los hombres. Argentina, por ejemplo, tal vez figure entre los mejores países del mundo según la clasificación de igualdad de género del World Economic Forum en cuanto a salud y participación política, pero las mujeres en ese país continúan ganando poco más de una tercera parte de lo que ganan los hombres en trabajos comparables.

Medidas dirigidas directamente a crear igualdad de oportunidades o de acceso naturalmente favorecen a aquellas que están en las mejores posiciones para sacarles provecho: vale decir, las que tienen recursos y educación. Argentina, por ejemplo, fue el primer país latinoamericano en pasar una ley que requería un cierto número de candidatas en la política. Para aquellas que han emigrado, sin embargo, una clase de asistencia diferente tal vez tenga un efecto más duradero en cambiar estructuras tradicionales que acostumbran a minar sus posibilidades. Como fuerzas de desarrollo, estas mujeres con sus nuevos recursos sin precedentes, son el corazón de nuevas oportunidades.

En el caso dominicano, todas las mujeres que regresaron intentaron empezar su propio negocio. Pero su falta de medios, particularmente educativos, de entrenamiento y financiación, las llevó a escoger actividades poco rentables. Muchas de estas mujeres fracasaron o apenas lograron ganar lo suficiente para subsistir. Acompañadas por un tipo adecuado de asistencia pública o privada, sin embargo, tal vez puedan moldear un futuro más acorde con sus aspiraciones al igual que con las metas más amplias de reducir la pobreza y la desigualdad.


© 2007 The Washington Post Company

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