¿Un mundo distinto?

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, November 2, 2007; 12:00 AM

Hasta hace pocos años Bolivia dependía tanto de Washington como fuente de ingresos que con frecuencia sus ministros hacían visitas para solicitar préstamos que le permitiera al país pagar la nómina de su gobierno. Normalmente no tenían dificultades en obtenerlos ya que había confianza de que seguiría al pie de la letra las recetas económicas de las instituciones financieras internacionales ubicadas en esta capital.

Luego, en 2006, Bolivia rompió con el Fondo Monetario Internacional e hizo evidente su deseo de independizarse. Y esta semana, la nación andina se convierte además en el primer país en retirarse del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones(CIADI), institución del Banco Mundial que arbitra desacuerdos contractuales entre inversionistas extranjeros y países anfitriones.

Nuevas ganancias y un ambiente político transformado han alentado la confianza de Bolivia. La nación andina cree tener nuevas herramientas a su disposición para establecerse como una nación confiable. Bolivia está obteniendo más dinero de sus recursos naturales que nunca antes. Como otros países ricos en dichos recursos, se ganó la lotería de los altos precios de materias primas cuando la economía china despegó aumentando la demanda. Los precios del petróleo han alcanzado los niveles más altos en un cuarto de siglo, mientras que los precios del gas natural, el zinc y el estaño (productos claves de exportación para Bolivia) también han alcanzado niveles sin precedentes.

Las ganancias bolivianas en gas y petróleo constituyen la gran noticia después de que la renegociación de contratos con empresas extranjeras de petróleo convirtiera un ingreso estatal en regalías de $284 millones en 2005 en $1.357 millones el año pasado. Este año los hidrocarburos deberán rendir $1.600 millones, según funcionarios bolivianos.

El cambio político que hizo posible la renegociación, la elección del Presidente Evo Morales, también ha incitado el rompimiento de lazos tradicionales con el FMI y CIADI. Morales asumió el cargo convencido de que tenía un mandato popular de revertir años de experimentos con reformas pro mercado diseñadas para responder a la crisis de la deuda y la hiperinflación de los años 80.

El cambio de la relación de Bolivia con el FMI no preocupa mayormente. El país sigue los pasos de Brasil y Argentina, que pagaron sus deudas a la institución a fines de 2005 y no han mirado atrás desde entonces. De hecho, algunos ex funcionarios del Fondo ven la independencia de América Latina con orgullo. El auge fiscal de los países de la región hoy en día es el resultado de haber "adoptado la filosofía del Fondo", afirmó Claudio Loser, quien fue director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI hasta el 2002.

Sea como sea, Bolivia está entrando en nuevo territorio al retirarse del CIADI. El CIADI ha sido una fuente de gran frustración para Bolivia que asegura que la agencia favorece injustamente a las corporaciones a costa de los gobiernos. Pero en los ojos de inversionistas extranjeros, esa acción es equivalente a eliminar garantías de que sus contratos serán respetados.

Aun así, funcionarios bolivianos están sorprendentemente optimistas de que existen otras formas de construir confianza en Washington. El embajador boliviano Gustavo Guzmán dijo en una entrevista que con excepción del Senador Chuck Grassley (R-Iowa) y su oposición específica a la renovación de preferencias arancelarias para Bolivia, "no hemos encontrado una puerta cerrada en forma concluyente y definitiva".

De hecho, agregó Guzmán, están encontrando nuevos aliados que sirven como "llaves para abrir puertas en esta ciudad". Guzmán se refería en particular a centros de pensamiento y organizaciones no gubernamentales que han dado pleno respaldo a la búsqueda boliviana de formas alternativas para reducir la pobreza.

Esta "Washington alternativa" ha rendido frutos reales e inesperados. Un mes antes de que Bolivia hiciera oficial su intención de dejar el CIADI, dos organizaciones con sede en Washington suavizaron la retirada con un estudio que encontró que un 93 por ciento de los casos de CIADI eran contra países en desarrollo y que en un 70 por ciento de los casos la agencia dictaminó a favor del inversionista. Bolivia también ha recibido asistencia gratuita de firmas liberales de relaciones públicas en Washington para facilitar una atmósfera más cordial - y menos antagónica - durante las visitas de funcionarios bolivianos a esta capital.

Estas organizaciones talvez ayuden a proveer cierto grado de legitimidad al nuevo experimento boliviano, pero si llega el día en que el gobierno en La Paz tenga que obtener fondos para nuevo desarrollo, para expandir su producción de gas o, peor, para contener una caída económica ¿a quién acudirá si ha sacrificado la confianza de los inversionistas?

"Si la inversión no llega, hay otras fuentes", dijo Mark Weisbrot, codirector del Center for Economic and Policy Research, un centro liberal de pensamiento con sede en Washington. "La inversión privada puede ser reemplazada por inversión estatal; existen otros países: Venezuela, China... Es un nuevo mundo."

Si Bolivia y sus nuevos aliados resultan estar en lo correcto, ciertamente será un mundo distinto.


© 2007 The Washington Post Company

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