Iniciativa Mérida, una distracción bienvenida

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, December 7, 2007; 12:00 AM

Como alguien que ha escrito sobre ese desierto que ha sido a menudo la política estadounidense hacia América Latina, yo debiera ser de las primeras en reconocer que es fácil ver espejismos.

Pero la Iniciativa Mérida de Washington por $1.400 millones de dólares para México y América Central -- que busca "acabar con el poder y la impunidad de organizaciones criminales y narcotraficantes que amenazan la salud y la seguridad pública" en la región -- es muy real. Actualmente en discusión en el congreso, la iniciativa, que provee equipo militar y entrenamiento para la interdicción de drogas y la seguridad fronteriza, podría convertirse en uno de los sucesos más significativos en la política del Presidente Bush hacia sus vecinos del sur.

La Iniciativa Mérida, que lleva el nombre de la ciudad donde líderes norteamericanos se reunieron a comienzos de año, obviamente no es perfecta. Los demócratas han criticado a la administración por no haber consultado al congreso mientras el plan se estaba armando. Mi queja es que la actual solicitud incluye solo $50 millones que deben repartirse entre siete países centroamericanos, una décima parte de lo que recibirá México. Inicialmente, según una fuente del congreso, el cálculo era que serían necesarios $400 millones para reforzar la seguridad en Centro América desde un principio. Como advirtió el Senador Richard Lugar durante una audiencia del congreso sobre la iniciativa el mes pasado, los avances en México podrían significar retrocesos en Centroamérica.

Aun así, la iniciativa es un significativo paso adelante en asuntos regionales. Por años, desacuerdos incluso en torno a la definición misma de seguridad estancaron la cooperación - la excesiva importancia que Estados Unidos le daba a la lucha contra el terrorismo chocaba con la insistencia de los latinoamericanos de que las amenazas a su seguridad provenían más del creciente desempleo, la pobreza extrema y el prolongado descontento popular.

Pero con la Iniciativa Mérida, funcionarios a ambos lados de la frontera están ahora dispuestos a compartir recursos técnicos, información y entrenamiento, y Estados Unidos puede estar más confiado en prevenir incluso potenciales amenazas terroristas, y los latinoamericanos en promover la estabilidad que consideran necesaria para aumentar la prosperidad. Como lo afirmaba la declaración conjunta emitida con el lanzamiento de la iniciativa, este esfuerzo multilateral estará guiado "por principios de confianza mutua, responsabilidad compartida y reciprocidad".

Tal vez eso también termine siendo un espejismo. Pero por ahora este lenguaje de cooperación es una aparición bienvenida en medio de la deslucida retórica política en Estados Unidos que esta recibiendo toda la atención de los medios - el debate sobre inmigración.

Claro que es un tanto ingenuo lamentar que los políticos sean políticos. Pero no deja de ser menos frustrante cuando los candidatos de ambos partidos simplifican el tema de la inmigración hasta el punto de descartar cualquier solución que no sea punitiva. Además, con los candidatos estancados en si se deben dar licencias de conducir a inmigrantes ilegales o qué tan alto debe ser el muro en la frontera con México, el mito de que la inmigración tiene una solución unilateral se perpetúa.

E incluso cuando candidatos como el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee y el Senador John McCain dan una mínima señal de humanidad sobre la inmigración, la lluvia de ataques para forzarlos a retractarse es impresionante. Esa es solo otra muestra de la "tancredización" del tema. El Representante Tom Tancredo, que durante el debate republicano de la semana pasada celebró como los otros candidatos quieren ser "más Tancredo, que Tancredo", es el mismo fanático que parece haberse propuesto deshacerse de aquellos inmigrantes ilegales que, según él, están cambiando la naturaleza de este país y ya han convertido una ciudad como Miami en una nación del "Tercer Mundo".

Es difícil predecir que tan duradero será el daño creado por esta histeria anti inmigrante. Por ahora parece claro que pasarán años antes de que este país vuelva a discutir la necesidad de una solución más integral al disfuncional sistema migratorio.

Entre tanto, nos queda al menos la Iniciativa Mérida para consolarnos. Ciertamente la iniciativa no trata de inmigración. Pero sí muestra que Estados Unidos puede lograr sus objetivos al encontrar puntos de convergencia en vez de crear discordias.

Hace unos años aposté erróneamente que nada como la Iniciativa Mérida surgiría en el actual ambiente anti inmigrante. "La administración y el Congreso, ante un público cada vez más temeroso y resentido con los inmigrantes particularmente mexicanos, enfrentan escasa presión para profundizar el compromiso estadounidense en México", escribí entonces.

Mi temor en esa época, multiplicado ahora por el recrudecimiento de la retórica anti inmigrante, era que dicho discurso solo prolongaría la inmigración ilegal haciéndole creer a la gente que la solución podría ser más simple de lo que es - que con suficientes barreras, los mexicanos y otros latinoamericanos terminarán marchándose. Al menos existe ahora un aspecto de la política exterior estadounidense - la Iniciativa Mérida - que ofrece un sorprendente y reconfortante contraste con todo eso.


© 2007 The Washington Post Company

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