El valor de ser optimista

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, December 21, 2007; 12:00 AM

Muchos inmigrantes ilegales permanecen animados con su futuro Sentada en la sala de espera de una clínica a las afueras de Washington este mes, Angélica Vivar estaba ansiosa por compartir su optimismo. No importa que esté sufriendo de gastritis, que haya perdido recientemente uno de sus trabajos porque su empleador quebró, que a veces no tiene con qué comer o que está a punto de cumplir 20 años de vivir ilegalmente en este país. "Quizás estoy en un error", me dijo, pero "pienso que todo va a estar bien".

Su optimismo es especialmente notable ya que vive en el Condado de Prince William, Virginia, no precisamente uno de los lugares más amigables hacia inmigrantes ilegales en los Estados Unidos. Pero tal vez la actitud de Vivar no es nada más que algo muy común entre los inmigrantes.

En un informe emitido la semana pasada, el Pew Hispanic Center informó que a pesar de la gama de efectos negativos de la actual histeria anti inmigrante, incluidos discriminación en trabajos y vivienda y ansiedad ante nuevas medidas policiales, los hispanos adultos - de los cuales casi la mitad son inmigrantes - están en general contentos con sus propias vidas y animados acerca del futuro de sus hijos. Cerca de siete de cada diez describen su calidad de vida como excelente o buena y casi ocho de cada diez afirman que están muy confiados (45 por ciento) o bastante confiados (33 por ciento) en que los niños hispanos de hoy tendrán mejores empleos y más dinero que ellos.

Otra encuesta, también emitida la semana pasada, por el grupo sin ánimo de lucro New America Media encontró que los inmigrantes son en general mucho más optimistas acerca del sueño americano que los afro americanos. New Hispanic Media informó que los hispano , en una proporción que casi duplica la de los afro americanos, creen que todos en Estados Unidos tienen la misma posibilidad de superarse.

Claro está que las circunstancias juegan un papel preponderante. Los inmigrantes latinoamericanos vienen de una región con la peor distribución de ingresos del mundo y donde el ascenso social es inimaginable para muchos. Una vez en este país, la mayoría de inmigrantes latinoamericanos empiezan a ganar mucho más de lo que pudieron haber ganado en sus países de origen.

"La economía estadounidense le da un enorme impulso al ascenso de los inmigrantes de primera generación", escribe Ron Haskins, experto en inmigración vinculado al Economic Mobility Project, un proyecto bipartidista del Pew Charitable Truts que examina el estado del sueño americano. Algunos economistas estiman que inmigrantes mexicanos que han terminado secundaria, por ejemplo, ganan hasta siete veces más que si se hubieran quedado en México.

Además, la línea ascendente se prolonga hasta la siguiente generación. Desde 1940 los salarios de los hijos de inmigrantes han superado los de sus padres y, sorprendentemente, han superado incluso los de trabajadores que llevan más de dos generaciones en Estados Unidos.

De todos modos, cabe preguntarse si el optimismo de Vivar y otros recién llegados es totalmente justificado teniendo en cuenta ciertos datos importantes. Si bien es verdad que los hijos de inmigrantes han tenido mejores salarios con relación al promedio de la población, el porcentaje de ese aumento ha caído por más de medio siglo.

En 1940, era del 17.8 por ciento, en 1970, del 14.6 por ciento y en 2000 había descendido al 6.3 por ciento. En una entrevista, Haskins también advirtió que el comportamiento de muchos hijos de inmigrantes recientes hace que sea menos factible que mejoren su condición. Si bien sus padres trabajan duro y a menudo están casados - lo que Haskins considera valores básicos del "estadounidense ideal" - sus hijos nacidos en Estados Unidos tienden a trabajar menos y más a menudo tienen hijos sin casarse, dos factores que contribuyen directamente a una reducción en ingresos.

De todos modos los inmigrantes siguen creyendo que sus hijos tendrán un mejor futuro. Como mínimo, su optimismo contrasta con la creciente ansiedad entre los estadounidenses que, según John Morton, director del Economic Mobility Project, sienten que "sus mejores días han quedado atrás". Y es difícil culparlos, teniendo en cuenta que, como dijo Morton, existe una "necesidad creciente de que las familias ganen dos salarios" para lograr el sueño americano.

Esta ansiedad se ha manifestado en el debate sobre inmigración, que lamentablemente ha sido explotado por quienes buscan distraernos de las otras causas más probables de nuestra angustia - la guerra, el terrorismo, la economía. Pero a pesar de la creciente hostilidad hacia ellos, los inmigrantes siguen adelante y continúan con su actitud positiva. Y eso es bueno. Ya que como dice Carol Graham, especialistas en estudios económicos del Brookings Institution, "la gente más contenta gana más dinero y es más sana". Efectivamente, el optimismo es bueno para los optimistas y probablemente también para quienes los rodean.

Cualquiera que sea su posición ante el tema migratorio, mi deseo en estas fiestas es que aprendamos la lección de los inmigrantes y adhiramos a una perspectiva más optimista. Será la mejor manera de contribuir a mantener la fortaleza de este país.


© 2007 The Washington Post Company

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