Materia gris vs. materias primas

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, January 11, 2008; 12:00 AM

Latinoamérica está entrando a su sexto año de su más prolongado periodo de crecimiento en décadas. La inversión externa y las reservas internacionales han alcanzado niveles históricos y los gobiernos están avanzando en la reducción de la pobreza y el desempleo. Los elevados precios de materias primas -petróleo, gas natural, soya, cobre y azúcar - han impulsado este boom.

A comienzos de los 70, América Latina disfrutaba de una prosperidad similar. Café, cobre, cacao y estaño, se estaban vendiendo a precios récord y llevaron que la región tuviera varios años de fuerte crecimiento económico que promedió en el 7 por ciento. Todo era color de rosa hasta cuando se desplomó el mercado de tales materias primas, que representaban más de la mitad de todas las exportaciones de países claves de la región.

Latinoamérica entró en lo que llegó a conocerse como "la década pérdida" de los 80. El producto interno bruto per cápita cayó en un 9 por ciento entre 1981 y 1990, la inversión se redujo dramáticamente y las tasas de pobreza crecieron al 35 por ciento para 1990 (habían caído a 27.5 por ciento en los 70).

Los expertos están advirtiendo nuevamente que las materias primas son impredecibles y las economías que dependen demasiado en ellas están destinadas a pasar por malos momentos. Para suavizar el golpe de bajas económicas, América Latina debiera diversificar y producir más exportaciones con valor agregado.

Muchos países latinoamericanos empezaron a hacer eso precisamente tras la crisis de los 80. Entre 1996 y 2005, América Latina en conjunto aumentó su inversión en investigación y desarrollo (ID) en más de un 40 por ciento.

Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Perú, Colombia, Costa Rica y Panamá están haciendo "esfuerzos muy significativos" para invertir en conocimiento, de acuerdo con Gonzalo Rivas, jefe de la División de Ciencia y Tecnología del Banco Interamericano de Desarrollo. La división fue creada recientemente para reflejar el creciente interés de la región en esa área.

Pero el aumento de más del 40 por ciento es engañoso. Excepto Brasil, todos los otros países de la región están invirtiendo mucho menos del recomendado 1 por ciento del PIB en ID. "Los países parecen dar un mensaje de que aprenden la lección pero hasta el momento las cifras no lo muestran", afirmó Ernesto Fernández Polcuch, especialista en ciencia y tecnología del Instituto de Estadísticas de la UNESCO.

Incluso si América Latina aumentara drásticamente el ritmo de inversión, dicho esfuerzo probablemente no sería suficiente para suavizar el golpe de un desplome en las materias primas, según Mario Albornoz, coordinador de la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología en Buenos Aires. Para Albornoz, la inversión en ID es "una condición necesaria pero no suficiente" para estar preparados.

Lo que se requiere, según me dijo en una entrevista, es un "cambio cultural" destinado a producir trabajadores que puedan competir en los campos de ciencia y tecnología.

Los países latinoamericanos ya están invirtiendo en educación y el números de egresados universitarios está creciendo rápidamente, duplicándose entre 1997 y 2005. Sin embargo, la gran mayoría de dichos egresados estudian ciencias sociales, leyes o negocios.

Con excepción de México, los graduados en ciencia o ingeniería en la mayoría de países de América Latina representan menos de una cuarta parte del total. "En contraste, casi el 40 por ciento de los graduados de universidades en Corea del Sur, y casi el 30 por ciento de los graduados en Irlanda y Finlandia están entrenados en ciencias o ingeniería", según Jeffrey Puryear, experto en educación de la institución Dialogo Interamericano con sede en Washington.

El otro requerido cambio cultural, dijo Albornoz, consiste en que el sector privado aumente su propia inversión. Actualmente menos de una tercera parte de inversión en DI en la región proviene de empresas privadas, exactamente lo contrario a la proporción de inversión privada en países industrializados. Albornoz cree que ese dinámico cambio vendrá solo cuando los empresarios comiencen a pensar en el largo plazo.

Existen ejemplos de innovación que son alentadores. Según Rivas, la industria del salmón en Chile está adaptándose bien a normas ambientales y de calidad más estrictas e invirtiendo en el desarrollo de antibióticos avanzados como también en el manejo genético. En el sur del Perú, entre tanto, científicos están enfocando su atención en la cultivación de productos orgánicos, como alcachofas y espárragos, agregando valor a las exportaciones peruanas.

Estos ejemplos, no obstante, son mínimos en comparación con las innovaciones en Brasil. Hace más de cuatro décadas, Brasil empezó una estrategia a largo plazo de desarrollo científico y tecnológico. Hoy en día, tras semejando revolución cultural, Brasil es pionero en investigación en biocombustibles, lidera a la región en publicaciones científicas y cuenta con una industria de aviación de calidad mundial.

Con el precio en las materias primas destinado a caer algún día, Brasil tendrá un mejor amortiguador que el resto de países en la región. La esperanza, por lo menos, es que a ese resto no le tome décadas empezar a depender más de su materia gris que de sus materias primas.


© 2008 The Washington Post Company

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