Se busca mediador para la paz con las FARC

Network News

X Profile
View More Activity
Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, January 18, 2008; 12:00 AM

Por primera vez en más de seis años, dos secuestradas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia fueron liberadas la semana pasada. La participación del Presidente venezolano Hugo Chávez lo hizo posible y los colombianos estaban profundamente agradecidos, incluido el Presidente Álvaro Uribe.

Pero los colombianos despertaron de su sueño con una bofetada: antes de que pudieran pensar que este gesto de buena voluntad significaría un avance hacia la paz, Chávez dio otro de sus típicos despliegues de protagonismo. A pocas horas de la liberación, celebró públicamente el acto como una victoria de las FARC que debiera traducirse en reconocerle al grupo rebelde un status político.

¡Ah! ¿No se acababan de burlar las FARC de él también? ¿No acababan de mentirle al asegurarle que liberarían a un niño secuestrado que ya no tenían?

Los últimos alardes de Chávez, tienen que hacernos plantear esta inquietud: ¿No podemos producir algo mejor? ¿Por qué no pueden las Américas encontrar un mejor mediador para poner fin al más antiguo conflicto del hemisferio? Egipto e Israel tuvieron al Presidente Jimmy Carter. Irlanda del Norte tuvo al ex Senador George Mitchell. Kenia tiene ahora al ex Secretario General de la ONU Kofi Annan.

Expertos en mediación nos dicen lo que requiere un mediador exitoso: influencia internacional, paciencia, imparcialidad, el respeto de las partes en conflicto y la capacidad de extraer de ambas un acuerdo práctico y aceptable para todos. Un buen mediador no busca el protagonismo, no improvisa, no promete demasiado muy pronto, ni crea más frustración de la que ya existe.

Es verdad que el líder venezolano parecía tener la confianza inmediata de las FARC y eso lo hacía atractivo, especialmente entre aquellos desesperados por ver resultados. Pero no se puede esperar que un ser impulsivo pueda desarrollar la confianza que se cultiva con el tiempo.

Le tomó a Mitchell cinco años ganarse la confianza de las partes en Irlanda del Norte, según me lo dijo en una entrevista esta semana. "En forma curiosa," dijo, "me beneficié" del hecho de que el proceso fue lento. Durante todo ese tiempo, Mitchell tuvo repetidas oportunidades de demostrar su imparcialidad y su compromiso duradero. Básicamente se hizo indispensable.

Hay individuos como el Presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva o la Presidenta de Chile Michelle Bachelet que podrían demostrar ser igualmente valiosos en Colombia. Ambos gozan del prestigio internacional requerido y ambos representan la izquierda moderna y pragmática. También está el ex embajador estadounidense ante la ONU Bill Richardson, quien la semana pasada terminó su campaña a la presidencia de Estados Unidos. Un demócrata hispano y bilingüe podría tener mucho que ofrecer a ambas partes en Colombia.

Pero no es la falta de talento calificado la que mantiene alejada a la paz en el país andino. En este momento hay que preguntarse si existe el ambiente para que funcione una mediación.

Las FARC descartaron hace tiempo su agenda política e ideológica de izquierda y son ahora, más que otra cosa, una organización criminal que se lucra del narcotráfico y el secuestro. Es difícil negociar con un grupo que tiene dificultades en articular una visión a futuro apartada del crimen.

O sencillamente imposible, como dirían algunos observadores. Bernard Aronson, principal diplomático para América Latina durante la presidencia de George Bush padre, asegura que "a no ser que haya voluntad de negociar, Jesús podría ser el mediador y no importaría". Sencillamente cree que no existe nada para negociar con un grupo terrorista que está solo interesado en el chantaje.

Críticas similares se elevaron en Irlanda del Norte, recordó Mitchell. En ese momento la respuesta de los gobiernos británico e irlandés era que "había que avanzar en este proceso," dijo Mitchell. En el caso de Colombia, William Ury, experto en negociación de la Universidad de Harvard, ofrece un argumento similar con dos preguntas: "¿Cuál es la alternativa? ¿Una guerra en que colombianos inocentes sufran 3000 muertes al año?

El gobierno de Uribe ha logrado cierto nivel de éxito militar contra las FARC. Esta misma semana, la prensa colombiana informó sobre la erosión de uno de sus frentes más criminales, docenas de sus miembros se entregaron a las fuerzas armadas. Pero todavía Uribe no ha mostrado interés por una mediación. Uribe de hecho fue prácticamente forzado a aceptar a Chávez por colombianos frustrados con su incapacidad de traer a los secuestrados a casa.

Mientras la atención de la comunidad internacional permanece elevada gracias a la liberación, Uribe debiera quitarle las riendas a Chávez y apuntar alto en su solicitud de un mediador digno.


© 2008 The Washington Post Company

Network News

X My Profile
View More Activity