Disipar la animosidad contra latinos requerirá esfuerzo

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, January 25, 2008; 12:00 AM

Algunos lectores suponen ciertas cosas sobre mí, como mi opinión ante el polémico tema de inmigración. Y debido a ello, algunos han sugerido -- en términos poco amables -- que debo "regresar a México" -- a pesar de que no vengo de allá.

El hecho de que gente en este país asuma opiniones acerca de personas como yo debido a nuestro nombre o nuestra apariencia física es comprensible. La mayoría de nosotros tendemos a poner automáticamente a las personas en alguna categoría. Pero el comportamiento incivil o el odio impulsivo son cosas totalmente distintas.

En un país como Colombia, del cuál provengo, dicha intolerancia no solo es frecuente sino que ha tenido graves consecuencias, costándole la vida a muchos. Eso rara vez ocurre en este país. Para inmigrantes como yo -- para no mencionar aquellos provenientes de países como Sudán, El Salvador, Guatemala o la antigua Yugoslavia -- la aptitud de está nación para seguir siendo confiada, acogedora y compasiva a pesar de la gran diversidad en su gente y en sus puntos de vista, desafía la experiencia en nuestras naciones de origen.

He vivido en la Costa Este y en el corazón de este país por más de 18 años y durante ese tiempo he llegado a apreciar profundamente la gran capacidad y coraje de los estadounidenses de hablar abiertamente sobre sus problemas y diferencias, en vez de, sobra decirlo, intentar solucionarlos a plomo. Pero hoy en día dichas conversaciones parecen menos frecuentes y civilizadas que antes.

Tal vez la razón por la que el mensaje de reconciliación del candidato demócrata Barack Obama está tomando vuelo es debido a que para muchos estadounidenses las divisiones e intolerancia de los últimos años han significado la erosión de uno de los valores fundamentalmente estadounidenses. En un discurso en conmemoración del nacimiento de Martin Luther King esta semana, Obama habló acerca de la urgencia de cerrar el "déficit de empatía" en este país.

Este esfuerzo, dijo, se hace más difícil por la política que busca distanciar a los estadounidenses unos de otros: "Nos dicen que aquellos que se diferencian de nosotros en algunas cosas son diferentes en todo; que nuestros problemas son causados por aquellos que no piensan como nosotros o que no se parecen a nosotros o que no provienen de donde venimos....El inmigrante se está quedando con nuestros empleos. El creyente condena al no creyente como inmoral y el no creyente califica al creyente de intolerante".

Esto no es solo un punto retórico -- para algunos segmentos de nuestra población las cosas se han estado poniendo feas. De acuerdo con el FBI, entre 2003 y 2006 hubo un aumento del 3 por ciento en crímenes causados por el odio en todo el país. Funcionarios del FBI me indicaron que el aumento podría reflejar simplemente el número de agencias policiales que presentaron datos, pero es difícil no notar que en ese mismo periodo el número de hispanos que fueron víctimas de crímenes ocasionados por el odio se elevó en un 34 por ciento.

De acuerdo con Janet Murguía, "el odio ... ha encontrado un nuevo hogar". La líder del Consejo Nacional de La Raza dijo esta semana que "esta nueva variedad de odio es abierta, desagradable y lleva a la satanización de todos los latinos en el emergente debate sobre inmigración". Murguía, la primera persona hispana en hablar durante el Desayuno por la Unidad en memoria de Martin Luther King en Birmingham, Alabama, está en particular preocupada por la animosidad que sale a flote a diario en Internet y en programas en la radio y la televisión por cable.

Para ilustrar su opinión, Murguía destacó el caso del comentarista Glenn Beck, de CNN, que en el verano pasado presentó en su programa radial y en su página de Internet un aviso simulado que proponía una solución para las crisis de energía e inmigración: una "refinería gigantesca" que produce "Mexinol", un combustible creado con los cuerpos de inmigrantes ilegales provenientes de México.

El "chiste" de Beck fue de muy mal gusto y obviamente no tenía nada de gracioso. Y aunque podría ser excusado como un intento de hacer humor, el sentimiento subyacente es muy similar al expresado por otros comentaristas en medios electrónicos que usan la crisis de inmigración para justificar un comportamiento poco civilizado.

Sería un error, sin embargo, atribuir toda la incivilidad y el odio a unos pocos virulentos y luego sostener que si solo pudieran callarse las cosas de repente mejorarían. Como me dijo en una entrevista esta semana Stephan Thernstrom, profesor de historia de la Universidad de Harvard, "si todos ellos cayeran muertos mañana, no cambiaría nada".

El regreso a un Estados Unidos más afable no ocurrirá de la noche a la mañana. "La verdadera unidad no será alcanzada tan fácilmente. Empieza con un cambio de actitud -- una ampliación de nuestras mentes y nuestros corazones", dijo Obama acertadamente. Las figuras públicas intolerantes de hoy son meramente los mensajeros de un mensaje que es acogido probablemente solo por unos pocos. Pero es sutilmente justificado al no ser condenado por muchos.


© 2008 The Washington Post Company

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