Cómo superar la desconfianza latinoamericana hacia Washington

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, February 1, 2008; 12:00 AM

En una cena durante el pasado fin de semana, un asesor del congreso le preguntó a una de las figuras más respetadas de la oposición venezolana sobre lo que podía hacer Estados Unidos para ayudar a la nación suramericana. Su consejo fue simple - no hagan nada.

Para aquellos que seguimos de cerca las relaciones entre Estados Unidos y América Latina la desconfianza que inspira ese tipo de respuesta se ha hecho demasiado familiar. Incluso aquellos en América Latina que comparten las metas e intereses estadounidenses, no quieren necesariamente la ayuda de Washington, particularmente aquella extremadamente visible y directa.

En el caso de Venezuela, hacer algo ya resultó contraproducente. En 2002, Washington -- respondiendo a las súplicas de asistencia por parte de previos líderes de la oposición en Venezuela -- se alineó con fuerzas antidemocráticas en contra de un líder democráticamente electo y con amplio respaldo de venezolanos históricamente marginados. El golpe rápidamente fracasó y se hizo evidente que independientemente de cuán legítimas fueron las preocupaciones de Washington con la agenda socialista de Chávez, apoyar su salida no generó confianza en la región.

Si bien la súplica de "no hacer nada" tiene eco en otras partes del hemisferio, el próximo presidente estadounidense tal vez de hecho tenga dificultades en elaborar una agenda activa para la región. Ello se debe a que la inmigración y el comercio, dos temas de gran interés para las naciones al sur del Río Bravo, son extremadamente sensibles en Estados Unidos.

Una encuesta de Zogby Interactive emitida el pasado fin de semana encontró, por ejemplo, que cuando se les preguntó a encuestados que opción preferirían con respecto a políticas estadounidenses hacia América Latina, un 36 por ciento prefirió detener la inmigración desde la región. Un porcentaje aún mayor (47) dijo que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte fue malo para Estados Unidos. ¿Cómo justificar entonces el desperdicio de capital político en una estrategia amplia para la región?

Más aún, y como dijo Peter Hakim, presidente de la institución de Washington Diálogo Interamericano, "no hay urgencia hoy en día", con respecto a la política hacia América Latina. Las amenazas del comunismo, el desastre económico o el terrorismo, que inspiraron la Alianza para el Progreso de John F. Kennedy, el Plan Brady de George Bush padre y la iniciativa de seguridad del actual Presidente Bush, simplemente no están presentes en 2008.

Por otra parte, una gran visión a futuro, particularmente como aquella imaginada por Bush en seguridad, puede sufrir cuando aquellos a quienes se les impone dicha agenda no están de acuerdo con las metas o no están convencidos con los motivos que la inspiraron. Surgen entonces la animosidad y el desgano.

Cuando fue secretario asistente de estado para asuntos del Hemisferio Occidental, Roger Noriega fue a menudo criticado por su estilo desmañado e ideológicamente estrecho. Pero en un nuevo análisis sobre el impacto de las elecciones de este año en las Américas, Noriega también se aparta de la idea de una gran visión, particularmente si se presenta como algo inspirado desde lo alto. Noriega sugiere que el próximo presidente estadounidense debería comprometerse a consultar a sus vecinos del sur antes de "entregar una visión para la región grabada en piedra".

Claro está que no hacer nada tampoco es posible. Lo que ocurrirá probablemente será poco y gradual. De hecho, será más como lo que viene sucediendo bajo el sucesor de Noriega, Thomas Shannon, y que, a propósito, los analistas venezolanos en la cena dijeron que ha sido constructivo: diplomacia y acercamiento tradicionales que evitan el conflicto y promueven la cooperación.

El reto de Shannon ha sido convencer a Latinoamérica que el viejo estilo ha sido desechado - una tarea difícil especialmente cuando algunos funcionarios de la administración parecen no haber recibido el mensaje. La semana pasada Shannon intentó minimizar los efectos de un comentario hecho hace dos semanas por el zar antidrogas de Estados Unidos John Walters que acusó a Chávez de ser "un facilitador principal" del tráfico de cocaína por Venezuela.

En conversación con reporteros pocos días después, Shannon no negó las acusaciones de que los narcotraficantes están usando cada vez más el territorio venezolano pero lo atribuyó a "una variedad de razones", entre otras, los exitosos esfuerzos de interdicción aérea en los países vecinos de Colombia y Brasil. Por lo mismo, reiteró su interés en aumentar la cooperación con autoridades venezolanas.

Shannon estaba siendo simplemente pragmático. El oprobio público, la satanización ideológica y las descripciones maniqueas de las actuales opciones en América Latina - el tipo de simplificación de complejidades que a menudo marcan una gran visión a futuro - estuvieron ausentes de sus declaraciones. Y eso es sin duda mucho mejor que no hacer nada.


© 2008 The Washington Post Company

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