Disminución en remesas, llamado de alerta para América Latina

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, March 14, 2008; 12:00 AM

Jesús Antonio Soriano había querido hacer algo por Chalatenango, un departamento al norte de El Salvador devastado por el conflicto civil en los 80. Así que hace cuatro años, junto con tres socios nacidos como él en ese departamento, desarrollaron un plan para mejorar el valor de la tierra y generar empleo por medio de un centro residencial y recreativo. El Chalate Country Club ya da empleo a 60 personas permanentemente y les paga por lo menos el doble de lo que generan empleos en el área.

Inicialmente, la inversión fue lenta. Pero hace dos años Soriano empezó a ofrecer lotes de 500 varas cuadradas, a $16.500 dólares cada uno, a salvadoreños que viven en el exterior. Casi al mismo tiempo, la Cuenta del Reto del Milenio (MCC), el programa de "ayuda inteligente" del Presidente Bush, lanzó su iniciativa de $461 millones a cinco años para educación e infraestructura básica en el norte de El Salvador.

Las ventas se dispararon. Soriano atribuye al prestigio de la MCC y sus planes de mejorar carreteras en Chalatenango el hecho de que su club se convirtiera en una inversión más atractiva. Pero vive especialmente agradecido con los salvadoreños en Estados Unidos. "Nuestro proyecto no hubiese tenido éxito si no es por todos los hermanos acá", me dijo Soriano durante una entrevista el mes pasado.

Independientemente de la gratitud, en los últimos meses a Soriano le inquieta sobre todo que su proyecto dependa de la riqueza de los salvadoreños fuera de su país. Y especialmente le preocupa que una caída económica pueda recortar los fondos que tienen los salvadoreños en Estados Unidos, algunos de los cuales ya han empezado a atrasarse en el pago de su cuota mensual al club.

Si bien los economistas predicen que una recesión en Estados Unidos tendrá un impacto importante entre sus socios comerciales más cercanos, como El Salvador, los latinoamericanos no necesitan estar enterados de índices macroeconómicos para sentirse en apuros. Con la caída en la industria manufacturera y de construcción, y la disminución de empleos, trabajadores inmigrantes están teniendo dificultades en cubrir gastos y con mayor razón en enviar dinero a sus países de origen.

Apenas la semana pasada el banco central de México anunció que las remesas, la segunda fuente más importante de dólares en México después del petróleo, cayeron en enero a $1.650 millones, una reducción del 5.9 por ciento desde enero de 2007 -- la más grande desde que el Banco de México empezó a llevar la cuenta en 1995. Para El Salvador, las remesas crecieron solo un 1.7 por ciento en enero comparadas con enero de 2007, una caída significativa en la tasa de crecimiento que había subido al 14 por ciento en 2007 y al 25 por ciento en 2006. En general, por primera vez desde 2000 las remesas a América Latina vieron un crecimiento de solo un dígito el año pasado, cerca del 7 por ciento, según informó el Banco Interamericano de Desarrollo esta semana.

En el pasado, las remesas han aumentado tradicionalmente en los momentos de necesidad provocada por depresión económica o desastres naturales. Las remesas aumentaron en forma significativa inmediatamente después de la crisis financiera mexicana de 1995 y tras los huracanes en Centroamérica. En esta oportunidad, si países como El Salvador también entran en su propia crisis económica, la posibilidad de que las remesas aumenten y ayuden a suavizar el golpe es remota.

Las remesas a países latinoamericanos -- que se multiplicaron por 25 entre 1980 y 2005 -- llegaron a representar un ingreso que se daba por sentado. Humberto López, economista en jefe para América Central en el Banco Mundial, explicó ese modo de pensar: "Hasta hace un par de años el consenso era que las remesas estaban aquí para seguir". Ahora, sin embargo, ha habido "un cambio de tendencia muy fuerte".

Si bien el cambio muy seguramente sea temporal, la disminución en el crecimiento de las remesas debiera servir como una llamada de alerta a líderes regionales. Y eso es especialmente cierto para aquellos países como en el caso de República Dominicana, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua y El Salvador, donde las remesas han llegado a representar por lo menos el 10 por ciento del producto interno bruto.

Vicent Ruddy, director para El Salvador de la MCC, aseguró que la Corporación está de hecho tratando de apoyar iniciativas que reduzcan la dependencia del dinero enviado a trabajadores en el exterior. Una de las metas de MCC, dijo en una entrevista reciente, es ayudar a los pequeños agricultores a cambiar de productos de bajo valor como los granos básicos y el maíz, que significan muy pocas ganancias, por productos de alto valor como aguacates, fresas y otras frutas. Ruddy afirma que dichos proyectos le permitirán a trabajadores locales "ganar más dinero o lo mismo que ganan quienes emigran".

Reducir la brecha de ingresos es sin duda una meta digna, particularmente en la medida que ha sido un incentivo clave en la emigración. Pero si dichos proyectos reducen la necesidad de depender de remesas -- y en ese sentido conducen a una mayor auto dependencia -- representarán beneficios dobles. Hasta entonces ,sin embargo, la dependencia en remesas pronostica días difíciles para América Latina a medida que las economías de la región sufren al tiempo las dificultades económicas de Estados Unidos.


© 2008 The Washington Post Company

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