En Puerto Rico, crecimiento estancado por la política

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, April 4, 2008; 12:00 AM

Cargos de corrupción en contra del gobernador de Puerto Rico pusieron a la isla brevemente en las noticias la semana pasada. Aníbal Acevedo Vila es acusado de solicitar miles de dólares en contribuciones inapropiadas para cubrir deudas de campaña y lujosos gastos personales. El gobernador ha rechazado las acusaciones y continua su campaña de reelección este año.

Si bien la acusación generó titulares, una crisis más profunda en Puerto Rico continúa prácticamente inadvertida en el resto de Estados Unidos. Su economía ha estado sufriendo por casi una década y algunos economistas estiman que ha estado en recesión por casi dos años. El desempleo llegó a un 10.5 por ciento en diciembre, por lo menos el doble del promedio estadounidense. Y el número de niños que viven en la pobreza alcanza casi un 50 por ciento -- tres veces más que el promedio estadounidense.

Muchos observadores argumentan que estas dificultades económicas provienen de la negligencia de Washington y su inactividad en el conflictivo tema sobre la relación de Puerto Rico con Estados Unidos. La isla se considera ahora un estado libre asociado pero casi la mitad de la población cree que si se convirtiera en estado en pleno la mayoría de sus problemas se resolvería .

Hace ocho años, el Presidente Clinton prometió aclarar la relación y hallar una solución permanente a la situación del territorio, cedido a Estados Unidos en 1898 como botín de la Guerra Hispano-Estadounidense. La junta especial sobre Puerto Rico que creó Clinton, y que el Presidente Bush preservó, ofreció recomendaciones en 2005 que permitirían a los puertorriqueños votar sobre el tema, y el Congreso empezó a trabajar el año pasado en un proyecto de ley que convocaría al referendo. Pero avances inmediatos son improbables -- incluso los tres legisladores de ascendencia puertorriqueña en el Congreso no pueden ponerse de acuerdo sobre los términos del plebiscito. La Presidenta de la Cámara Nancy Pelosi afirma que no someterá a votación un proyecto de ley mientras no haya consenso.

La verdad es que Puerto Rico no ha hecho mucho para ayudarse. Por mucho tiempo la isla ha estado estancada en riñas políticas entre el partido de Acevedo, el Partido Popular Democrático, y su oposición, el Partido Nuevo Progresista, que actualmente controla el poder legislativo en la isla.

Y si bien los cargos contra Acevedo solo aumentarán las disputas, urge un consenso político para enfrentar fallas críticas que mantienen estancada a la economía. Por demasiado tiempo, Puerto Rico ha apostado a soluciones únicas -- en un momento el café, en otro el azúcar, y más recientemente multinacionales farmacéuticas. Cada producto o industria debía haber generado infinidad de empleos y riqueza sin precedentes. No obstante, ninguno tuvo un duradero impacto positivo y una vez las compañías farmacéuticas empezaron a irse cuando se agotaron los incentivos de la reducción de impuestos, nada se hizo para diversificar y estimular la industria local.

El gobierno permanece siendo el principal empleador. Según datos oficiales, tres de cada diez personas empleadas en la isla trabajan para el gobierno federal, estatal o municipal.

Miguel Soto-Class, director ejecutivo del Centro para la Nueva Economía en Puerto Rico considera que dichas cifras pueden ser engañosas debido a que el sector privado está tan poco desarrollado. En 2006, Soto-Class y Barry P. Bosworth, del Brookings Institution, colaboraron en un estudio que destacó que abrir un negocio en Puerto Rico es casi imposible. Complejos y lentos requisitos para conseguir permisos, elevados costos energéticos y de servicios y una infraestructura pobre desalientan a potenciales empresarios locales e inversionistas extranjeros.

Según el más reciente estudio del centro, no sorprende que la economía informal de Puerto Rico podría estar representando hasta un 23 por ciento del producto interno bruto. Eso quiere decir que casi un cuarto de los empleadores y empleados en el sector privado trabajan por debajo de la mesa, hacen sus transacciones en efectivo, no pagan impuestos y no cumplen regulaciones laborales.

Limitadas oportunidades laborales, bajos salarios -- un 30 por ciento del promedio estadounidense -- y un sistema de asistencia pública generoso han producido inercia económica. En Puerto Rico, una mujer con dos hijos que trabaje tiempo completo y reciba el salario promedio ganaría $37 dólares más que si recibiera asistencia pública. Y eso no incluye el costo del cuidado de sus hijos.

La combinación de una parálisis política e inactividad económica ha llevado a que muchos abandonen la isla. Hoy en día la mitad de los puertorriqueños han aprovechado su ciudadanía estadounidense para reubicarse en el continente.

A pesar de que Soto-Class cree que Puerto Rico está "verdaderamente cerca de tocar fondo", es optimista de que la actual crisis generará cambios. Cree que reformas que reduzcan tarifas de impuestos, extiendan la base de los contribuyentes y reduzcan la dependencia en la asistencia pública, alentarán a nuevas empresas pequeñas y medianas a establecerse en la isla, diversificando la economía y ayudando así a revertir el curso actual Eso, claro, si la clase política está lista a cambiar.


© 2008 The Washington Post Company

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