Economías latinoamericanas firmes a pesar de conmoción financiera mundial

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, April 11, 2008; 12:00 AM

Cuando la crisis financiera internacional de fines de los 90 golpeó duro a América Latina, líderes regionales prometieron encontrar su propio camino hacia la recuperación y reducir su dependencia de instituciones financieras con sede en Washington. Nadie pudo imaginarse entonces que Estados Unidos sería el epicentro de la próxima turbulencia internacional, una crisis crediticia global durante la cual América Latina lograría mantener, sin embargo, una expansión económica.

"Estamos atravesando un período de ardua corrección en la esfera inmobiliaria, que también repercute en nuestros mercados de capital", según informó esta semana, en la asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos Henry M. Paulson Jr. Más sorprendente aún fueron las palabras que siguieron: "la buena nueva es que las economías y los mercados financieros latinoamericanos han mostrado mayor capacidad de resistencia frente a las recientes perturbaciones financieras mundiales de la que muchos podrían haber previsto".

En efecto, este año se espera que las economías de América Latina sigan creciendo por sexto año consecutivo y atrayendo miles de millones de dólares en inversión externa. Apenas la semana pasada, la firma de calificación crediticia Fitch Ratings elevó a Perú al grado de inversión, un logro alcanzado ya por Chile y México y probablemente también próximo para Brasil.

Buena parte de la expansión económica se debe a factores fuera del control de la región. La demanda histórica mundial de materias primas como petróleo, cobre, estaño y soya llevó el crecimiento promedio de América Latina a 5.6 por ciento durante los últimos cinco años, casi dos puntos porcentuales más de lo que hubiera sido sin el boom, según cálculos del BID.

Dicho eso, no hay duda de que la región merece el crédito por sus esfuerzos de los últimos cinco años. Niveles record de reservas en moneda extranjera, reducciones significativas de la deuda pública, disciplina fiscal, tasas de cambio flexibles, metas de inflación bajas y otras sólidas políticas de manejo económico claramente han fortalecido la capacidad de la región para resistir choques externos.

Ahora bien, si esas medidas no parecen particularmente distintas a las prescripciones conocidas como el Consenso de Washington, es porque no lo son. "No hay ningún truco", dijo Armiño Fraga , presidente del banco central de Brasil entre 1999 y 2002, refiriéndose a su país. "Cuando se da un vistazo general a lo que se está haciendo aquí", agregó, "es muy convencional".

En otras palabras, la urgencia de América Latina de romper con las instituciones financieras que promulgaron dichas políticas no significó que la región dejara de acoger la mayoría de esos principios a favor del libre mercado. Si mucho, la gran diferencia tal vez sea que la presión de implementar reformas ahora también proviene desde adentro.

Los latinoamericanos "han terminado por adscribirse a algunos de esos principios básicos", afirmó Marcelo Giugale, director de política económica para América Latina en el Banco Mundial. Este nuevo "consenso de la gente", como lo llama, "tiene poco que ver con la derecha vs. la izquierda, o visiones mercantiles vs. socialistas", sino con un compromiso generalizado con políticas económicas a un nivel a menudo incluso ausente en Estados Unidos y Europa.

Más allá de este nuevo consenso, los gobiernos de la región están optando por diferentes enfoques para tomar ventaja de las actuales ganancias. Algunos, como Argentina, están aumentando impuestos y gastando sin medida. Otros están aumentando gastos sociales pero con más enfoque en beneficiar a los más pobres.

El riesgo es que "a veces el legítimo deseo de los gobiernos de responder a demandas puede generar situaciones que terminan perjudicando al que quieren ayudar", advirtió Santiago Levy, vicepresidente del BID. Como el arquitecto mexicano de programas que dan dinero en efectivo a familias pobres con la condición de que mantengan a sus hijos en la escuela, Levy no estaba hablando en contra de la intervención gubernamental sino a favor de un enfoque más mesurado, enfocado y balanceado frente al gasto público.

Las siete economías más grandes de América Latina, que representan el 91 por ciento del productor interno bruto, han gastado el 77 por ciento de la bonanza económica desde 2002. Más aún, de acuerdo con el BID, solo una pequeña parte de ese gasto ha ido a gastos de inversión que podrían estimular futura actividad económica.

La excepción es Chile. Ahorrando la mayor parte de sus ganancias, la nación andina es probablemente la única en la región en posición de sostener un superávit cuando ocurra la inevitable caída de precios. Chile solo ha gastado un 34 por ciento de su bonanza durante la actual expansión.

En un futuro cercano probablemente estaremos leyendo acerca de los efectos de una caída en los precios de las materias primas. Y en ese momento habremos de preguntarnos cuál enfoque en América Latina socavó el crecimiento y cuál lo promovió en beneficio de aquellos que más lo necesitaban.


© 2008 The Washington Post Company

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