Alianza con Chávez se torna en contra de Morales en Bolivia

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, May 2, 2008; 12:00 AM

Cuando el boliviano Evo Morales fue elegido el primer presidente indígena del Hemisferio Occidental por un país con mayoría indígena, el líder venezolano Hugo Chávez no tardó en proclamarse su aliado.

Ahora que cuatro de los departamentos más ricos de Bolivia se preparan para votar en referendos que declaran su autonomía del gobierno central, Morales tal vez se esté preguntando si su cómoda relación con Chávez se ha convertido en una soga al cuello.

Los bolivianos se han quejado por mucho tiempo de la intromisión externa en sus asuntos. Pero Chávez ha llevado la intervención a un nuevo nivel. Desde el primer día de la presidencia de Morales, Chávez ha estrechado en sus brazos a Morales-- literal y figurativamente -- sin medir las consecuencias que ello pueda tener sobre Bolivia.

El rol de Chávez rápidamente pasó a ser mucho más que la famosa foto de ambos tomados de la mano durante la posesión de Morales. Chávez ha puesto dinero directamente en las manos de Morales, hasta unos 80 millones de dólares en un año. Y Morales, por su parte, ha recorrido felizmente el país repartiendo cheques entre alcaldes y otros líderes locales.

Este festival de donaciones no parece tener por objetivo un desarrollo a largo plazo. Parece responder más bien a una campaña descarada de compra de apoyo político -- con algunos efectos cómicos: un alcalde, según la prensa boliviana, aceptó un cheque de $45.000 dólares y huyó del país.

El dinero fácil claramente está corrompiendo más que a un solo alcalde. Jaime Aparicio, ex embajador de Bolivia en Washington, me dijo en una entrevista que teme que la interferencia de Chávez esté distorsionando una situación ya caótica y difícil. Normalmente "cuando necesitas fondos tu negocias", dijo Aparicio. Pero con la generosidad de Chávez, Morales ha tenido poca necesidad de acercarse a sus opositores, compra apoyo en cambio y así socava un proceso democrático fundamental.

Si bien Morales pudo haber pensado que ganaba así respaldo para su revolución social, estaba en realidad alienando lo que sería el motor de dichos cambios: los departamentos del este boliviano responsables del 64 por ciento del producto interno bruto.

Dichos departamentos se han quejado por mucho tiempo del manejo que le da el gobierno central a su riqueza. Pero después de que un borrador de la nueva constitución que le da más poderes a Morales fue aprobado a fines del año pasado sin que estuviera la oposición presente, líderes departamentales decidieron que dejarían claro que no necesitan a Morales tampoco.

Este domingo, el departamento de Santa Cruz realizará el primer referendo, a pesar de que la actual constitución del país no reconoce dicho voto. Juan Carlos Rocha, director del diario conservador de Bolivia La Razón, señaló que "no hay duda de que (el referendo) es ilegal". Pero, agregó, que la ilegalidad es difícilmente un obstáculo ahora que el gobierno ha demostrado que "la ley dejo de ser una referencia de qué vale y qué no vale".

Se espera que los referendos pasen pero hay desacuerdo sobre lo que logrará finalmente. El Prefecto de Santa Cruz Rubén Costas ha dicho que habrá una "segunda república" a partir del lunes. Pero otros predicen que los referendos principalmente servirán para fortalecer la posición de las provincias en un tire y afloje político que seguramente no llevará a una verdadera secesión.

La crisis lleva a la pregunta de si Morales ha desperdiciado irreparablemente una oportunidad histórica que el 54 por ciento de los votantes bolivianos le dieron en diciembre de 2005. En ese momento obtuvo la victoria gracias a una ola de sentimiento anti americanista que había llevado a la caída del Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003. Ahora su legado dependerá en la forma en que responda a la actual guerra de poder con las provincias, una confrontación con matices étnicos y económicos que podrían llevar a la violencia.

Bolivia estuvo ya al borde de la crisis cuando el gobierno de Sánchez fracasó. Dos décadas de agresivas reformas pro mercado y estricta disciplina fiscal, implementadas según recomendaciones de Washington, no ayudaron a superar la persistente pobreza y desigualdad. Programas de erradicación forzosa, conducidos como parte de las iniciativas anti drogas financiadas por Estados Unidos, enfurecieron a los cocaleros del país, que ven el cultivo de coca como un derecho milenario.

El antiamericanismo era tal que el embajador estadounidense terminó dándole un espaldarazo involuntario a Morales, entonces el líder cocalero, al advertirle a los bolivianos que no debían votar por él en las elecciones presidenciales de 2002. Incluso el mismo Morales se sorprendió al terminar en segundo lugar en esa contienda.

Como alguien que en una ocasión resultó beneficiado del sentimiento anti intervencionista, Morales debiera ser el primero en reconocer los riesgos de una asociación tan cercana con Chávez, quien se ha alineado con los hermanos Castro en Cuba y promovido causas izquierdistas en este hemisferio y más allá. La experiencia boliviana demuestra que tarde o temprano esa interferencia resulta contraproducente y le da más ímpetu a la oposición.


© 2008 The Washington Post Company

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