Latinoamérica define su propio rumbo en un mundo 'post americano'

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, May 9, 2008; 12:00 AM

El ocaso de la influencia estadounidense en el mundo ha sido tema para numerosos análisis en los medios últimamente. "Ya no somos tan fuertes", escribió esta semana el columnista Thomas L. Friedman del New York Times. "No somos quienes creemos ser. Estamos viviendo con tiempo y dinero prestados".

El editor internacional de la revista Newsweek, Fareed Zakaria, identifica el problema como, "el surgimiento del resto" del mundo. Poderes mundiales emergentes que están haciéndose más ricos e influyentes que nunca están retando la superioridad de Estados Unidos en la industria, la economía y la cultura. Como lo señala Zakaria, hoy "la compañía más grande que cotiza en la bolsa está en Beijing. La refinería más grande está siendo construida en India. El avión de pasajeros más grande se construye en Europa. El fondo de inversiones más grande del planeta está en Abu Dhabi; la industria cinematográfica más grande es Bollywood, no Hollywood",

Estos "cambios sísmicos" están redefiniendo la relación del mundo con Washington. Si bien muchos en este país están sintiéndose inquietos con esa situación, Zakaria sugiere que sus preocupaciones son infundadas porque el surgimiento de nuevas potencias ya no se determina por su oposición a los Estados Unidos. En cambio, estos nuevos actores han ido más allá y, aunque retan grandemente la dominación estadounidense, su actitud no es anti americanista sino, lo que Zakaria llama, "post americanista".

Claro está que existen excepciones especialmente en América Latina. El anti americanismo define en gran medida a Venezuela, uno de los nuevos actores mundiales de América Latina, donde la razón de ser del Presidente Hugo Chávez es precisamente su antagonismo hacia Washington.

Pero aun así el post americanismo es útil para entender desarrollos regionales y el futuro de las relaciones hemisféricas. Después de todo, los actores aun más importantes en "el surgimiento del resto" en América Latina son aquellos que han en efecto superado dicha confrontación.

Los dos países latinoamericanos más grandes, Brasil y México, están surgiendo como importantes protagonistas mundiales. Ambos están pidiendo ser miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y han empezado a asistir, junto con China, India y Sudáfrica, a las cumbres del Grupo de Ocho democracias industrializadas. También, según un conteo, ocho de las 25 compañías que están expandiéndose más rápidamente en el mundo se encuentran en Brasil y México. En 2007 el hombre más rico del mundo fue el empresario mexicano Carlos Slim.

Pero yendo aún más al grano es el hecho que el surgimiento de Brasil y México no es visto como un reto directo a Washington, ni es motivado por la larga historia anti americanista de la región. La reticencia de Brasil de convertirse en un miembro pleno de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, un club de países ricos, demuestra que no tiene mayor afán de convertirse en una gran potencia global.

México, entre tanto, está tratando de definir su propio rumbo sin consideración por el histórico antagonismo hacia Estados Unidos. Tal como el embajador mexicano en Estados Unidos Arturo Sarukhan lo dijo en una entrevista esta semana "la dicotomía anti o pro Estados Unidos es una falsa dicotomía, una dicotomía del pasado; es irrelevante dado el perfil de este mundo globalizado".

En este escenario del surgimiento del resto ¿cuál es entonces el rol de Estados Unidos? Sin duda, el poder de Washington para dirigir la agenda de las naciones en el hemisferio se erosionará ampliamente. América Latina dependerá más de soluciones hechas en casa. Washington tendrá que aprender a estar satisfecho con una menor influencia en la región.

Menos obvio es el impacto que Estados Unidos continuará teniendo indirectamente en el resto del hemisferio. Friedman considera particularmente urgente que Estados Unidos se enfoque en retos internos. Los Estados Unidos todavía tienen "todo el potencial de grandeza, pero solo si volvemos a trabajar en nuestro país," escribió.

Cuando esto suceda, si es que ocurre, pocas regiones estarán en posición de beneficiarse tanto como América Latina. Julia Sweig, directora de estudios latinoamericanos del Council on Foreign Relations argumenta que "el frente doméstico va a ser verdaderamente crítico, y encaja perfectamente en políticas que afectan más a América Latina tales como la inmigración y el comercio".

Si Washington logra disminuir la creciente ansiedad frente a la globalización, adoptar una política de inmigración más racional o desarrollar un enfoque más balanceado ante el libre comercio, América Latina estará observándolo de cerca -- y tal vez, incluso, siguiéndolo.

Si eso ocurre, los latinoamericanos terminarán no solo beneficiándose en forma indirecta, sino que a largo plazo también podrían terminar viendo una mejor política exterior estadounidense. Si "Estados Unidos sale fortalecido y más seguro de sí mismo... regresaría con políticas internacionales mucho más ilustradas".


© 2008 The Washington Post Company

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