Se agota el tiempo para la energía en México

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, May 16, 2008; 12:00 AM

La advertencia de la Secretaria de Energía de México, Georgina Kessel, al congreso mexicano la semana pasada, parecía suficientemente siniestra: si los legisladores no aprueban la reforma al sector petrolífero, el país sufrirá una "severa crisis energética" dentro de una década.

Por muy mal que eso suene, la situación podría ser peor. La producción de petróleo en México está cayendo rápidamente. El yacimiento productor de crudo Cantarell, uno de los principales del mundo, es responsable por casi dos terceras partes de la producción mexicana. En 2004 representó 2.1 millones de barriles diarios, hoy produce menos de la mitad. A menos que se encuentren nuevos yacimientos, México -- hasta el año pasado la segunda fuente de petróleo de Estados Unidos -- se convertirá en importador neto del líquido para el año 2018.

Para algunos países ser un importador neto no significa mayor cosa. Pero para México, el petróleo representa la principal fuente de ingresos para el gobierno federal -- cerca del 40 por ciento. Esta amenazante "crisis energética" se sentiría mucho más allá de las estaciones de gasolina. Sus efectos serían amplios y el impacto se sentiría también a nivel financiero, político y social.

Aun así, casi todos los expertos que he entrevistado o han hablado sobre el tema en los últimos meses, insisten en que la situación no llegará tan lejos. Aseguran que México entrará en razón y adoptará el tipo de medidas que le darán a la empresa estatal de petróleos del país, Petróleos Mexicanos -- Pemex -- suficiente flexibilidad, capacidad y habilidad de invertir más de sus ingresos en modernizar sus operaciones. En esa forma, aseguran, podría llegar a ser más como la empresa estatal brasileña Petrobras, considerada una de las compañías latinoamericanas mejor administradas.

Al mismo tiempo, la actitud mexicana ante el petróleo y las serias fallas sistemáticas en Pemex, no inspiran mucho optimismo. Las propuestas energéticas presentadas el mes pasado por el Presidente Felipe Calderón ofrecen algunas reformas modestas, pero probablemente no serían suficientes para contener la crisis. Jeffrey Davidow, ex embajador de Estados Unidos en México, lo puso diplomáticamente, "los pasos que están tomando no son suficientes".

Calderón quiere permitir la inversión externa en algunas áreas de transporte, almacenaje y refinamiento. Dichos pasos, por sí solos, tendrían significado histórico. Desde cuando el Presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria del petróleo en 1938 y creó a Pemex, el petróleo se ha hecho tan sacrosanto que nadie fuera de México puede ayudar a extraerlo, refinarlo o incluso transportarlo. Dichas restricciones han llevado a consecuencias inesperadas: México es hoy en día un país importador de gasolina, con cuatro de cada días litros provenientes de una refinería en el exterior.

Incluso si la puerta se abre tímidamente a la inversión externa, tal vez haya muy poco con qué atraerla sin cambios fundamentales al modelo de negocios de Pemex. Pemex está debilitada por una mala gerencia y su status de monopolio. Las reformas de Calderón proveerían cierta vigilancia gubernamental y evaluaciones de gestión. Pero aun así parece obvio que un cambio más fundamental es requerido para una empresa que "no sabe cómo comportarse en el sector privado", según Jorge Piñón, presidente de Amoco en América Latina durante los años 90.

En concreto, Pemex debe aprender a colaborar con otras empresas. George Baker, consultor de energía en Houston, me dijo que si México piensa considerar la exploración en aguas profundas en el Golfo de México va a tener que reajustar su actitud. Según Baker, fue necesaria la participación de por lo menos 30 compañías de petróleos, compartiendo riesgos y experiencias, para poder desarrollar un área similar del golfo en los Estados Unidos. "La validez del modelo de una sola compañía está llegando a su fin", afirmó.

Pemex también necesita reformar su sindicato de trabajadores, que el historiador Jonathan C. Brown calificó en una entrevista como "uno de los más poderosos y corruptos de América Latina". Cuando Cárdenas nacionalizó la industria del petróleo, lo hizo en general para proteger a los trabajadores del sector de los abusos de empresas extranjeras. Pero, según me dijo el ex embajador mexicano en Estados Unidos, Jesús Silva Herzog, desde entonces "el sindicato ha abusado de Pemex". Reformar el sindicato no está siquiera bajo consideración en la agenda de reforma de Calderón.

La opinión generalizada de los expertos es que la propuesta de Calderón pasará en el congreso debido a que es modesta y cautelosa. La esperanza es que reformas más profundas se hagan posibles más adelante. Pero con elecciones legislativas programadas para julio de 2009 en México, no es claro si habrá suficiente voluntad política para hacer mucho más en el corto plazo.

El petróleo, sin duda, es crítico para el futuro de México. Teniendo en cuenta la planeación y el desarrollo a largo plazo que requiere la industria, México también parece estar quedándose corto de otro recurso esencial: el tiempo.


© 2008 The Washington Post Company

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