Inversión chilena estrecha relaciones con Estados Unidos

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, June 6, 2008; 12:00 AM

En los últimos años la nueva -- y bienvenida -- autonomía de América Latina ha sido acompañada con demasiada frecuencia por la convicción de que Estados Unidos tiene ya poco que ofrecerle a la región. Tal como escribió el profesor de relaciones exteriores, Juan Gabriel Tokatlian, en una columna titulada "Adiós a Washington" en el diario La Nación de Argentina la semana pasada, "hay una inusual proliferación de iniciativas concebidas sin la participación de Estados Unidos".

Una importante excepción, sin embargo, es Chile. La fuerza económica sudamericana está buscando profundizar sus lazos con Estados Unidos, con el que tiene ya un tratado de libre comercio. La última muestra de este creciente acercamiento ocurrirá la próxima semana en Sacramento, California, cuando la Presidenta chilena Michelle Bachelet y el Gobernador Arnold Schwarzenegger lancen una nueva asociación entre Chile y el estado más poblado de Estados Unidos.

El pacto es parte de una estrategia a largo plazo de Chile para aprovechar lo que Mariano Fernández, embajador chileno en los Estados Unidos, llama la continua "hegemonía internacional" estadounidense en educación superior. Las universidades de California -- ya a la vanguardia en biotecnología y energía alternativa como la solar -- son particularmente atractivas para Chile en un momento en que busca la clave para dar su próximo paso hacia el desarrollo.

Por ello Chile está poniendo énfasis en desarrollar "capacidad humana" con una inversión de $6 mil millones de dólares, la más grande en América Latina, de acuerdo con Jeffrey Puryear, experto en educación de la organización Diálogo Interamericano en Washington.

En los años 60, un programa de entrenamiento académico similar, en ese entonces financiado en gran medida por el gobierno estadounidense y fundaciones privadas de Estados Unidos, demostró ser una sólida inversión a largo plazo para Chile. Estudiantes que egresaron de universidades en California ayudaron a modernizar la agricultura chilena y contribuyeron substancialmente al éxito económico chileno de hoy en día.

Chile tiene ahora el dinero disponible para financiar el programa académico gracias al aumento de precios de las materias primas. Sus exportaciones crecieron en un 60 por ciento en los últimos dos años, impulsadas por los altos precios del cobre. A diferencia de la mayoría de países latinoamericanos beneficiados por ganancias similares, Chile está invirtiendo en el largo plazo y buscando diversificarse hacia una economía basada cada vez más en el conocimiento.

Pero el país espera aún más de sus iniciativas académicas. Funcionarios prometen ir más allá de los centros urbanos y eliminar el requisito tradicional de que los estudiantes dominen el inglés, los tipos de filtros que acostumbraban a mantener dichos programas fuera del alcance de todos excepto las élites. La esperanza es que al expandir oportunidades educativas a aquellos menos privilegiados se repartirá mejor la actual prosperidad económica.

Pamela Díaz-Romero, directora de un programa de la Fundación Ford en Chile y Perú para estudiantes marginados pero con talento, cuestiona qué tan lejos está la retórica oficial de la realidad especialmente en una sociedad donde prejuicios sociales, por demasiado tiempo, han equiparado los privilegios con el talento. Aun así, Díaz-Romero agregó, que el simple volumen de nuevas becas generadas por la significativa inversión deberá ayudar a que sean incluidos estudiantes que normalmente quedarían por fuera.

En muchos aspectos Chile está en camino a resolver tres de sus retos más significativos que casi todos los países latinoamericanos comparten: superar la dependencia en la venta de materias primas, la falta de fuentes alternativas de energía y persistente inequidad. Siguiendo los pasos de Chile, los otros países en la región harían bien en poner a un lado sus preocupaciones de someter su voluntad a Estados Unidos y empezar en cambio a diseñar su propio acercamiento hacia el vecino del norte.

Y si el caso de Chile todavía no es suficientemente convincente, Asia y su vertiginoso crecimiento tal vez sí lo sean. Por años, países asiáticos han estado enviando sus mejores estudiantes a universidades estadounidenses con la esperanza de que se convertirán en innovadores al regresar a casa. El año pasado, de acuerdo con el Institute of International Education, Asia envió cinco veces más estudiantes a universidades estadounidenses que América Latina.

Estados Unidos también tiene mucho que ganar con estos intercambios. En una presentación en esta ciudad la semana pasada, Alejando Foxley, el ministro de relaciones exteriores de Chile, se refirió a las instituciones académicas estadounidenses como una significativa manifestación del poder blando que Estados Unidos podría usar para generar nueva confianza y aumentar áreas de intereses compartidos en las relaciones interamericanas. Lo que es más, dijo, esta vez Estados Unidos no tendrían que cubrir todos los gastos. Gracias a las favorables condiciones económicas, agregó, "casi todos los países en la región tienen el dinero para gastar en esta forma".

Con la política exterior estadounidense enfocada en otras partes, las recientes iniciativas de Washington en la región han estado lejos de ser ambiciosas debido a que carecen de recursos significativos. Con América Latina proporcionando más fondos y Estados Unidos proveyendo los conocimientos, un decisivo avance hacia una relación norte-sur mutuamente beneficiosa está a nuestro alcance.


© 2008 The Washington Post Company

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