Calderón Necesita a los Mexicanos de su Lado en Lucha Antidrogas

Network News

X Profile
View More Activity
Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, July 4, 2008; 12:00 AM

A pesar de los asesinatos de quienes combaten el tráfico de drogas ilegales, la influencia corruptora de los dineros de la droga, la sensación de que en algunas partes del país los narcotraficantes tienen la última palabra, México no es Colombia, aunque los dos son comparados con frecuencia.

Dicho eso, México tiene hoy una población dominada por sentimientos de resignación, derrotismo y escepticismo -- tal como la tuvo Colombia en los años 80 y 90. Varias encuestas de opinión elaboradas a comienzos del mes pasado encontraron que más del 50 por ciento de los mexicanos cree que los narcotraficantes le llevan la delantera al gobierno y una tercera parte dice estar dispuesta a tolerar el tráfico de drogas siempre y cuando disminuya la violencia. Estas cifras sugieren, como concluyó la firma encuestadora Parametría, que "los mexicanos están empezando a perder la esperanza de que el Estado triunfe en la guerra contra el crimen organizado".

Eso no es buena señal para la ofensiva anti drogas iniciada hace 18 meses por el Presidente mexicano Felipe Calderón. A medida que aumentan las muertes de civiles y miembros de la fuerza pública, los mexicanos y su gobierno todavía no forman un frente común. Algunos toleran el problema, otros lo ven como algo estrictamente policial e incluso algunos ensalzan a los criminales con "narco corridos" o baladas al narcotráfico.

De acuerdo con Jay Cope, ex coronel del ejército de Estados Unidos y experto en seguridad latinoamericana de la Universidad Nacional de Defensa, México "nunca va a resolver esto a menos que la gente crea que el gobierno puede en efecto protegerlos y a menos que la gente reconozca que deben ser parte del esfuerzo". A pesar de su reticencia a comparar los dos países, Cope agregó que "en casi toda Colombia hoy en día ... la gente se considera parte de la solución y eso no lo vemos en Centroamérica o México".

La buena noticia es que el cambio es posible. La policía y las fuerzas armadas de Colombia son hoy instituciones que a veces incluso superan a la iglesia en respetabilidad. Hace una década, de acuerdo con Gallup Colombia, solo un 34 por ciento de los colombianos creía que las fuerzas armadas podría derrotar a la guerrilla -- financiada en gran parte por el narcotráfico. Para marzo de este año, esa cifra había crecido en más del doble a un 75 por ciento, y seguramente subirá aún más con la asombrosa noticia de esta semana sobre el rescate militar de 15 secuestrados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Con el creciente respeto a las fuerzas de seguridad del país, la conciencia ciudadana en Colombia empezó a cambiar. Cuando el Presidente Álvaro Uribe llegó al poder en 2002, los colombianos ricos estaban más dispuestos a pagar un impuesto de guerra, que continúan pagando sin objeción. También, el colombiano promedio estaba más dispuesto a colaborar con las autoridades. Más recientemente, demostraciones masivas han confirmado el rechazo generalizado a los criminales, aseguró Rafael Nieto, ex viceministro de justicia.

Si se trata de conquistar el corazón y la mente de la población, el reconocimiento por parte de Uribe de las limitaciones del estado fue también crucial, dijo Cope, autor de un libro a publicarse próximamente sobre la estrategia de seguridad democrática de Uribe. "Uribe aceptó la realidad de que había áreas en Colombia donde el gobierno central no estaba en control, o incluso presente", dijo. "los mexicanos han estado menos dispuestos a discutir la ausencia de control en muchas partes de su país".

Es verdad que México no tiene grandes áreas de territorio fuera de control, como las tuvo Colombia cuando las FARC dominó un territorio del tamaño de Suiza no hace muchos años. Aun así, Adam Isacson del Center for International Policy en Washington, se pregunta si existe gran diferencia entre las FARC y un cartel de drogas en el estado de Sinaloa cuando se trata de ser receptivo a las necesidades de la población en donde operan. "El estado mexicano debiera estar enfrentando esto como un problema de debilidad de estado y no solo diciendo que debemos deshacernos de unas pocas docenas de delincuentes y todo estará bien", dijo.

De alguna forma el gobierno mexicano tendrá que responder a la debilidad derivada de décadas de desconfianza pública en las fuerzas de seguridad y otras instituciones públicas. La Iniciativa Mérida -- un paquete de ayuda estadounidense por $1400 millones de dólares, cuya primera entrega firmó el Presidente Bush este lunes -- podría ser de cierta utilidad, particularmente por la condición que establece consultas más frecuentes y abiertas entre el gobierno mexicano y grupos de la sociedad civil.

Dicho diálogo será un primer paso esencial en una campaña larga -- pero posible -- para convencer a los mexicanos de que ellos necesitan ser parte de la solución.


© 2008 The Washington Post Company

Network News

X My Profile
View More Activity