Éxito en Colombia, hora de reconsiderar estrategia antidrogas

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, July 11, 2008; 12:00 AM

El video de tres minutos está colmado de imágenes que seguramente se convertirán en íconos: los últimos minutos en libertad de "Cesar", comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia; la mirada de resignación del rehén estadounidense Keith Stansell al dejarse poner las esposas plásticas; las ruidosas protestas del rehén colombiano Raimundo Malagón; el silencio de la excandidata presidencial Ingrid Betancourt al prepararse a abordar un helicóptero. Finalmente, el regocijo de los secuestrados al darse cuenta de que han sido liberados.

Estas imágenes acompañarán por siempre lo que algunos han denominado el rescate del siglo, llevado a cabo mediante un ardid que hasta los griegos envidiarían. Pero como los griegos en Troya, los colombianos están en una guerra que no necesariamente van ganando. Como para confirmar ese realidad, los primeros segundos del video muestran a los guerrilleros de las FARC en medio de una plantación de coca.

Con esto no quiero ignorar que Colombia está ganando la batalla contra las FARC. La Operación Jaque de la semana pasada fue una en una serie de victorias admirables de la estrategia de seguridad democrática del Presidente Álvaro Uribe.

Pero aunque las FARC han estado en el lado equivocado de la guerra contra las drogas, sus derrotas recientes no han acercado a Colombia al desmantelamiento del tráfico de cocaína. Según Rand Beers, ex subsecretario de estado para asuntos antinarcóticos bajo el Presidente Clinton y el actual Presidente Bush, "si se toman las medidas estándar con respecto al tráfico de drogas,... no se puede asegurar que ha habido un éxito apreciable y de hecho podrían estar yendo en la dirección contraria".

Informes recientes sugieren que los logros militares han hecho poco en reducir la producción de coca. La Oficina de Drogas y Crimen de Naciones Unidas informó el mes pasado que los cocaleros colombianos cultivaron 245.000 acres de coca el año pasado, un 27 por ciento más que en 2006.

Si bien "es difícil decir que hemos tenido éxito en la lucha contra las drogas, hemos tenido éxito en la lucha contra los narcotraficantes", dijo Eduardo Gamarra, experto en política anti drogas de la Universidad Internacional de la Florida. De hecho es tal vez en la lucha contra el tráfico donde la inversión de Washington de casi $5,000 millones de dólares en los últimos ocho años se ha mostrado más promisoria. Uribe ha desarmado a miles de fuerzas ilegales de derecha, consideradas en una época un cartel líder del narcotráfico, y ahora está mucho más cerca de liquidar a las FARC, que también están ampliamente involucradas en dicha actividad.

Estas victorias dejan un sentimiento de frustración, sin embargo. La pureza de la cocaína se ha mantenido estable en los últimos años, mientras los precios están cayendo en Europa -- una muestra del aumento de su disponibilidad. Simplemente hay tanto dinero fácil que parece haber siempre alguien listo a llenar el vació dejado por otros.

La era post FARC en Colombia tal vez lleve de hecho a una fragmentación en la que ex combatientes guerrilleros se convierten en narcotraficantes que usan el lucrativo negocio no como un medio para derrocar al gobierno, sino como un fin en sí mismo. Algunos ex combatientes de la extrema derecha ya han resurgido como narcotraficantes. Varios están incluso cooperando con las FARC, sus antiguos enemigos.

En términos de hectáreas bajo cultivo de coca, de kilos de cocaína exportados o de número de traficantes, la guerra contra las drogas es un fracaso. Pero en términos de estabilidad, se ha dado un significativo paso adelante al eliminar la dimensión política de la ecuación. Analistas de seguridad colombianos afirman que los nuevos grupos fraccionados ya no tienen interés en controlar territorio, ni aspiraciones políticas. Más importante aún, no están generando violencia política.

Hasta comienzos de este siglo las FARC tuvieron una módica suma de legitimidad. Los nuevos grupos no tienen ninguna. Esto significa que por primera vez en la historia reciente de Colombia el tráfico de drogas está cerca de su "debida dimensión", como la llamó Gamarra.

Con la organización terrorista, catalogada así por Estados Unidos, Europa y Colombia, fuera de acción, el tráfico ilícito de drogas se convierte básicamente en un reto policial. Claramente eso simplificará el problema, dijo Beers, "pero las soluciones no se harán más fáciles".

Este es el momento para que Colombia, y su aliado Estados Unidos, reconsideren la presente estrategia antidrogas. Continuar gastando millones de dólares en acosar a cocaleros pobres sin ningún resultado parece insensato cuando el dinero sería mejor gastado en continuar fortaleciendo al estado. Promover el desarrollo rural, ayudar a reubicar a millones de desplazados por décadas de violencia e inculcar entre los colombianos mayor respeto a la ley son causas más realistas y valiosas.


© 2008 The Washington Post Company

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