La última iniciativa latinoamericana de Bush, el camino que pudo ser

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Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, September 26, 2008; 12:00 AM

El Presidente Bush esta semana lanzó lo que será seguramente su última iniciativa para América Latina. Acompañado por los presidentes o altos funcionarios de 11 países en Nueva York, donde asistían a la Asamblea General de Naciones Unidas, Bush presentó la iniciativa, Caminos hacia la Prosperidad en las Américas, aclamándola como "un foro donde los líderes pueden trabajar para asegurarse de que los beneficios del comercio sean extensamente compartidos".

La iniciativa recuerda su llamado a comienzos de 2001 a una "era de la prosperidad" para la región. En ese entonces, Bush aseguró que con un compromiso con la democracia y el libre comercio nuevas formas de cooperación surgirían entre las 34 democracias del hemisferio a pesar de una "historia de rivalidades y resentimiento". La administración se dedicó entonces a producir tales acuerdos, firmándolos con nueve países en la región.

Los críticos de estos acuerdos se han quejado siempre de que no incluyen suficientes disposiciones para proteger los derechos de los trabajadores, los derechos humanos y el medio ambiente. Los demócratas continúan informando a presuntos electores que corregirán esas fallas.

Tal vez para robarles algo de terreno a los demócratas, Bush y otros funcionarios están usando términos como "comercio justo", y justicia económica y social para referirse a la iniciativa Caminos. Busca "resaltar los aspectos positivos y al mismo tiempo mejorar las consecuencias negativas del comercio", afirmó Thomas Shannon, secretario asistente de estado para el Hemisferio Occidental, en una entrevista desde Nueva York. Es como si Estados Unidos estuviera reconociendo lo que tantos países de la región han venido insistiendo de tiempo atrás: el libre comercio solo no es suficiente. Si no va acompañado de prioridades de desarrollo social, el comercio beneficia a unos pocos al tiempo que empeora las profundas inequidades ya existentes.

Pero es difícil no mirar este revisionismo de último minuto con bastante escepticismo. Tal como se presentó el miércoles, la iniciativa carece de fórmulas concretas que vayan más allá de convocar a una discusión posterior entre ministros. Si bien reconoce las consecuencias indeseadas del libre comercio, no ofrece mecanismos que pudieran sanar las heridas. Eso, junto a la actual crisis financiera y al limitado tiempo de Bush en su cargo, llevan a pensar que el evento de esta semana fue más un intento por recibir aplausos que cualquier otra cosa.

Pero eso no quiere decir que Caminos totalmente carece de importancia. Representa el triunfo de fuerzas más moderadas dentro de la administración sobre otras, más ideológicas, que por demasiado tiempo parecieron tener en la región cuentas por cobrar en vez de potenciales aliados por conquistar.

Entre los países que firmaron la iniciativa Caminos está Chile, un país que hace cinco años fue blanco del desdén de Washington. Tras abstenerse ante la ONU de apoyar a Estados Unidos en su invasión a Irak, Chile vio la firma de su tan esperado acuerdo de libre comercio con Estados Unidos reducida a una ceremonia de té y galletas en Miami. Esta semana, Bush celebró el acuerdo con Chile no solo por haber aumentado el comercio en más de un 180 por ciento, sino "más importante aún" por beneficiar a pequeños empresarios, trabajadores y campesinos.

La transformada relación con Chile tiene paralelos en otras naciones que habían caído en desgracia con Bush. México, en su momento también rechazado por la misma razón que Chile, es ahora el principal beneficiario de un nuevo paquete de ayuda en seguridad que reconoce la responsabilidad compartida por Estados Unidos en combatir la narco violencia mexicana.

Claramente el retorno a una mayor receptividad y mesura no ha facilitado necesariamente el trato con los extremos en América Latina. Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia continúan explotando la hostilidad hacia Estados Unidos para obtener ganancia política, actuando como si "la diplomacia se tratara solo de usar factores externos para beneficios internos", lamentó Shannon.

Más recientemente, tanto Bolivia como Venezuela expulsaron a los embajadores estadounidenses. Y el Presidente Daniel Ortega de Nicaragua declinó la invitación a reunirse con Bush en Nueva York, a pesar de que su país es parte del acuerdo de libre comercio de Centroamérica con Estados Unidos.

Para Bolivia en particular, Shannon ha ido más allá de lo merecido cuando, por ejemplo, incluso aceptó reunirse con Morales a las 5 de la mañana durante su última visita en julio. Consciente de que cualquier esfuerzo estadounidense en Bolivia se estaba convirtiendo en un detonante político, Shannon había estado cuidadosamente buscando apoyo para iniciativas de desarrollo alternativo por parte de otros países. "Nuestra intención era entregar relaciones que estuvieran funcionando en el hemisferio", dijo.

Si la administración Bush no se hubiera enredado en riñas ideológicas desde tan temprano, los esfuerzos posteriores de los moderados pudieron haber sido mejor recibidos. Como están las cosas, la era de la prosperidad en las Américas está todavía fuera del alcance de las mayorías en América Latina y la iniciativa Caminos, como mínimo, es un reconocimiento de ello.


© 2008 The Washington Post Company

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