Enrique Morones es el fundador de Border Angels/Ángeles de la Frontera. (Alberto Avendaño/El Tiempo Latino)

Fundó Ángeles de la Frontera en 1986 y se ha convertido en una de las voces de los sin voz, un activista proinmigrante, un apasionado defensor de los derechos civiles. Un hombre al que nada humano le es indiferente.

Enrique Morones fue una vez —entre 1995 y 2001— vicepresidente de mercadeo latino y diversidad para el equipo de béisbol Padres de San Diego. “Algunos de los peloteros, como Carlos Hernández, solían venir conmigo al desierto a depositar botellas de agua y cobijas y me ayudaban con mi labor en los Ángeles de la Frontera”, cuenta Morones. “Los jugadores veían la crisis y aún la ven porque antes que estrellas del deporte son seres humanos”.

Morones visitó The Washington Post en mayo y habló con El Tiempo Latino sobre “lo mucho que queda por hacer y por luchar contra políticos racistas y deshumanizadores”.

En el Post buscó la edición del 2 de mayo de 2016 en la que se cuenta en portada la iniciativa que lidera Ángeles de la Frontera en el Día del Niño. Bajo el eslogan “Abriendo Puertas a la Esperanza”, una puerta de emergencia en una parte del muro metálico que separa México de Estados Unidos, —Tijuana de San Diego—, se abre como parte del único programa federal que permite a la Patrulla Fronteriza dejar pasar durante tres minutos a padres, madres, hijos e hijas del lado mexicano al estadounidense para abrazarse.

“Solo tres minutos”, repite Morones que lo vive desde hace siete año como un gesto agridulce pero que es parte de su misión.

El fundador de Ángeles de la Frontera, Enrique Morones, muestra la edición de The Washington Post del 2 de mayo de 2016 donde se habla del programa que organiza su grupo en la frontera entre San Diego y Tijuana. (Alberto Avendaño/El Tiempo Latino)

La primera barrera entre San Diego y Tijuana se construyó como parte de la Operación Guardián (Gatekeeper) en 1994 durante la presidencia de Bill Clinton.

En 2009 se levantó una segunda barrera en paralelo de 13 millas coronada con metal cortante y que entra en el mar. Además hay sensores y cámaras que detectan movimientos.

La Patrulla Fronteriza dice que desde la Operación Guardián se han reducido las entradas ilegales por esa zona en un 75%. Ángeles de la Frontera estima que desde el inicio de la Operación unos 10.000 inmigrantes han muerto intentado cruzar la frontera.

“Tienen tres minutos”, les recordaba Enrique Morones a las familias que se abrazaban entre llantos el 30 de abril al pie de la barrera fronteriza entre San Diego y Tijuana.

Fue el comunicador televisivo Don Francisco quien bautizó a la organización de Morones como “Ángeles” por su trabajo humanitario que salva vidas entre los que se aventuran a cruzar el desierto en busca de una vida mejor en Estados Unidos.

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“Nuestro trabajo es motivado por las palabras de la Biblia ‘Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber…’ Hemos hecho nuestra misión garantizar que toda persona sea recibida con un sentido de humanidad y compasión y que el ciclo de muerte a lo largo de la frontera no continúe en los años venideros”, expresa Morones.

Ángeles de la Frontera ayudó a activar la “Primavera del Inmigrante” en 2006 con su “Marcha Migrante” nacional que ya es un evento nacional.

Hay una portada de El Tiempo Latino del 29 de diciembre de 2006 en la que se califica a ése como “El año del inmigrante”: había grandes esperanzas ante una posible reforma migratoria. Al final, todo quedó en nada. “Pero la lucha continúa”, dice Morones y repite las palabras de su amiga y leyenda viva del movimiento de los derechos civiles, Dolores Huerta: “Sí se puede”. Sus influencias, dice, son sus padres y su abuelo, Luis N. Morones, una figura política Mexicana de los años 20 y 30 y fundador del sindicato obrero más importante del país. Se afirma católico y, como estadounidense, seguidor de los ideales de la familia Kennedy. Pero, por encima de todo, asegura que su mayor admiración y respeto la tienen los inmigrantes y sus historias de vida.

La lucha de este hombre recorre los desiertos fronterizos, las oficinas gubernamentales, y los platós de TV o estudios de radio donde pone su punto de vista ante comunicadores muchas veces hostiles. Pero es necesario para conseguir victorias en los despachos o en la opinión pública que redunda en el mejoramiento de la vida de los migrantes. Incluso cuando esa victoria solo se materialice en un abrazo de tres minutos.