Foto reciente de la fábrica de las tortas de aceite Inés Rosales que han mantenido por más de un siglo su elaboración tradicional. (Miguel D. M./Cort. Inés Rosales)

¿Qué relación existe entre un torero, un periodista de The Washington Post, una sex-symbol del Hollywood de los años 40 y una mujer de Andalucía que hace más de 100 años empezó a vender tortas de aceite de oliva? Respuesta: los tres primeros comieron las tortas de aceite de esta última, una mujer llamada Inés Rosales.

Al torero español Manolo Roig Meca —“El Niño de la isla”— dedicó el periodista del Post, Manuel Roig Franzia, su libro “El ascenso de Marco Rubio” (una biografía política del senador republicano por Florida y actual candidato a la presidencia en las elecciones primarias de su partido). La razón es tan sencilla como afectiva: el periodista es nieto del torero. Manolo Roig cuenta hoy 94 años —comparte con su nieto el gusto por las tortas de aceite— y en sus tiempos, desde su Huelva natal, se proyectó como un torero valiente y apreciado por el público. Su carrera taurina estuvo vinculada a un famoso del toreo ibérico, “El Litri”, de quien llegó a ser “hombre de confianza”.

Hay una foto de la agencia de noticias Efe, fechada en Huelva el 22 de octubre de 1952 en la que aparece Miguel Baez Espuni, “El Litri”, acompañado de la actriz Rita Hayworth. Ambos van vestidos para la ocasión: una fiesta campera en la casa de los “Litri”. He podido confirmar —por boca de Roig Franzia quien se lo preguntó a su abuelo— que “El niño de la isla” asistió a esa fiesta en la que la Hayworth disfrutó con los novillos. Y es que por las venas de la actriz de “Gilda” corría sangre española y del mismo pueblo donde nacieron las tortas.

Margarita Carmen Cansino Hayworth nació en Nueva York, hija de inmigrantes: su padre era el bailarín español Eduardo Cansino Reina, natural del pueblo Castilleja de la Cuesta —en la provincia de Sevilla— y su madre era Volga Hayworth, una bailarina de los Ziegfeld Follies, de origen irlandés e inglés. Rita empezó su carrera como bailarina junto a su padre, con su nombre real, a la edad de 13 años. Llegó a Hollywood en 1933 como miembro del Spanish Ballet y pudo empezar a filmar gracias a la ayuda del compositor español José Iturbi quien gozaba de gran prestigio en los círculos de Hollywood.

Y de Castilleja de la Cuesta, el pueblo del padre de Rita Hayworth, salieron en 1910 las tortas de aceite de oliva que elaboraba Inés Rosales.

El torero español El Litri con Margarita Cansino (Rita Hayworth) en 1952, en Sevilla, España. El padre de la Hayworth nació en el pueblo donde se comenzaron a elaborar las toratas de Inés Rosales. (EFE/Archivo)

Las mismas tortas —aunque hoy con más variedades— que siguen comiendo hoy el periodista Manuel Roig en Washington, DC, y su abuelo, Manolo Roig, en Andalucía, España.

Dice la leyenda que, en una de sus visitas a Andalucía —quién sabe si en un descanso de sus fiestas toreras con “El Litri” en los años 50— Hayworth se habría acercado a Castilleja de la Cuesta para conocer sus orígenes, y allí habría probado una de las tortas de la marca Inés Rosales.

“Hay bocados que hacen el pasado presente”, explica Juan Moreno Tocino, presidente de Inés Rosales, quien ni niega ni confirma la leyenda de Rita Hayworth y su encuentro con sus raíces y sus sabores. Lo único que Juan Moreno tiene claro es que su producto está unido a una época y responde al carácter y el espíritu de la tierra en la que nace.

“Hoy, muchos alimentos están fabricados en grandes fábricas que parecen de otro planeta, son todos iguales... En nuestro caso es lo contrario, estamos muy cerca de la tierra en donde se cultivan los ingredientes, los seres humanos que lo producen y lo consumen. Esto es profundamente filosófico. Cada una es distinta. Éste es nuestro consumidor”, explica.

Desde septiembre de 2014 Inés Rosales USA está operando de forma independiente en el mercado estadounidense, después de más de diez años yendo de la mano de empresas distribuidoras que han contribuido a que el producto haya sido introducido en las cadenas specialty y de alimentos naturales más importantes del país.

“Inés Rosales es una producto que se adapta a los paladares más exigentes de países muy diversos, desde la China hasta Estados Unidos donde cada vez se nos abre un mercado más amplio y receptivo”, explica Valle Guerrero, gerente de marca para Estados Unidos.

En los últimos años, las Tortas de Aceite han recibido diferentes certificaciones y premios, como los Great Taste Awards 2013, donde la Torta de Anís Original obtuvo dos estrellas y la Torta de Naranja una; Le C’oq D’or 2015, el reconocimiento más importante otorgado por ‘Le Guide des Gourmands’, un manual francés esencial para los mejores chefs internacionales; o la certificación TSG - Traditional Speciality Guaranteed, que ofrece un reconocimiento a nivel europeo e indica que la torta de aceite original de anís es un producto elaborado de acuerdo a una manera tradicional de producción.

Juan Moreno Tocino está al frente de la centenaria Inés Rosales desde los años 80 del siglo XX. (Miguel D. M. /Cort. Inés Rosales)

“En Inés Rosales creemos en una tradición renovada”, nos comenta Juan Moreno y añade que de lo que se trata es de “explicar lo original, lo verdadero, es lo que mejor puedes vender, porque así llegas a las gentes”.

Aunque los orígenes de la compañía, en 1910, son modestos, la excelencia de las “Legítimas y Acreditadas Tortas de Aceite” y la confianza de los consumidores, han posicionado a Inés Rosales como líderes por diferenciación en su mercado, asegura Moreno.

“En cada época la empresa ha ido creciendo para atender de modo satisfactorio las exigencias del mercado y de sus consumidores, incorporando la tecnología precisa para que, manteniendo la diferenciación del producto por su calidad, sabor, textura y forma tradicional de elaboración, se garantice el futuro de la Compañía”, añade el presidente de Inés Rosales.

Hoy las tortas, en sus seis sabores, dulces (original de Anís, de Naranja, y de Canela); saladas (Romero y Tomillo; y Sésamo y Sal), y sin azúcar, se exportan a más de 30 países.

Es un producto emblemático de Sevilla, cuya elaboración responde exactamente a la misma receta familiar que la señora Inés Rosales Cabello rescató en 1910.

“Todo lo que es noble, generoso y creativo de la raza humana procede de las manos”, nos recuerda el presidente de la empresa.

Consiste en una torta circular y plana, 100% natural, elaborada con harina de trigo, aceite de oliva virgen de calidad superior, azúcar y especias aromáticas. Cada Torta está hecha a mano y envuelta individualmente en papel parafinado especial. El mantenimiento de la elaboración y acabado artesanal en su sentido más auténtico, junto a sus ingredientes naturales y la ausencia de aditivos y conservantes, le confieren un carácter saludable, apta para veganos y para intolerantes de la lactosa.

Hoy, ya pasados los 100 años, la empresa afronta el futuro inmersa en proyectos de innovación, pero manteniendo los valores tradicionales de su elaboración artesanal. Esos valores que sitúan en la misma historia a un torero y a su nieto —un periodista de The Washington Post— con una actriz de Hollywood, sex-symbol e hispanounidense con raices en Castilleja de la Cuesta —Sevilla, España—, la cuna de Inés Rosales.