Según la leyenda argentina, Diego Maradona nació el 30 de octubre de 1960 dando patadas.

De ser así, seguramente fue con su pie izquierdo, el que parecía tocado por Dios; el que anotó la mayoría de sus 258 goles de su carrera y ayudó a darle a Argentina la Copa del Mundo de 1986 con una actuación tan brillante y controversial como su vida.

Esa vida llegó a su fin el 25 de noviembre, cuando falleció a los 60 años en su casa de la provincia de Buenos Aires, según información suministrada por su jefe de prensa Sebastián Sanchi a la agencia de noticias EFE. Con la muerte de Maradona, el mundo ha perdido a uno de sus atletas más talentosos y una de sus almas más atormentadas. Y en una escena ya imaginada por el historiador de fútbol Jimmy Burns en una biografía de 1996, la vida en Argentina también se detuvo. Los fanáticos lloraron la pérdida de un campeón algunas veces invencible, algunas veces incorregible, y al final, inescrutable.

“La única certeza sobre Maradona”, escribió Burns en La mano de Dios: la vida de Diego Maradona, la estrella caída del fútbol, “es que cuando muera, sin importar cómo, su funeral en Buenos Aires será tan grande como el de Evita, e incluso en ese momento la gente no creerá que está muerto”.

Hijo de los barrios de la provincia de Buenos Aires, Maradona se dedicó desde los tres años a perfeccionar sus habilidades futbolísticas, compitiendo en cuatro Copas del Mundo (1982-1994) y dirigiendo a la selección argentina en una (2010). Sin embargo, desperdició gran parte de su talento atiborrándose de cocaína, alcohol y comida, logrando pasar de los 68 kilogramos bien esculpidos en su mejor momento a casi 136 kilogramos en la cima de su autoindulgencia.

Único en el campo de fútbol, Maradona fue libertino y soez fuera de él. Campeón autoproclamado de los pobres, llevó un estilo de vida lleno de excesos tóxicos. Fue expulsado de la Copa del Mundo de 1994 tras dar positivo por efedrina, una sustancia que mejora el rendimiento. Su adicción de dos décadas a la cocaína lo condujo a una institución mental por un tiempo y lo llevó dos veces al borde de la muerte.

La fe y la ideología política de Maradona no fueron menos controvertidas. Fue un católico romano que dijo haberse decepcionado por su encuentro con el papa Juan Pablo II: “Entré al Vaticano y vi los techos de oro y luego escuché al papa decir que la Iglesia se preocupaba por los niños pobres. ¡Pero vendé el techo, fiera, hacé algo!”

Consideró dos hijas como legítimas y calificó a los otros que engendró durante sus estadías en Italia y Cuba como “producto de mi dinero y errores”.

En el 2000, Fidel Castro le concedió refugio para que combatiera su dependencia a las drogas. Maradona sintió que le debía la vida al pueblo cubano y a Castro, cuyo rostro tenía tatuado en su pantorrilla izquierda, y se proclamó discípulo del líder guerrillero nacido en Argentina Ernesto “Che” Guevara, cuya imagen también tenía tatuada en su bíceps derecho.

En cuanto al debate eterno de su carrera deportiva —si él, “El Diego”, o Pelé era el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos— Maradona fue totalmente descortés. En respuesta a las críticas que Pelé le hizo como entrenador de Argentina en 2010, Maradona se quejó diciendo sobre la leyenda brasileña, que había liderado el fútbol una generación atrás, “que vuelva al museo”.

Cuando se trata de evaluar la carrera de Maradona, llevar el marcador nunca fue una tarea sencilla y directa, ya que sus hazañas deportivas fueron a menudo socavadas por su comportamiento inexcusable.

Esa dicotomía nunca fue más evidente que en los cuartos de final de la Copa del Mundo de 1986 contra Inglaterra. Fue un partido cargado de simbolismo y hostilidad latente por la guerra de las Malvinas de 1982, que había terminado en una humillante derrota para la Junta Militar argentina que la inició.

En un lapso de cuatro minutos durante la Copa del Mundo, Maradona marcó dos goles: el más controversial de la historia del fútbol y el aclamado como el mejor de todos los tiempos, atravesando 64 metros y cinco defensas para clavar el balón en la red.

Primero llegó el gol manchado, el cual sucedió en el minuto 51 del partido, cuando el pequeño Maradona intentó superar al portero inglés Peter Shilton, mucho más alto, en un esfuerzo por cabecear un balón que venía cayendo, hacia la red. El balón entró de carambola, pero la grabación en video reveló que Maradona en realidad lo había golpeado con el puño izquierdo. El árbitro no vio la mano ilegal y permitió el gol, el cual Maradona atribuyó de manera célebre a “la mano de Dios”.

El entrenador de Inglaterra, Bobby Robson, se quejó en su momento: “Esa no fue la mano de Dios. Fue la mano de un bribón. Dios no tuvo nada que ver con eso… ese día Maradona quedó reducido para siempre ante mis ojos”.

Diego Armando Maradona nació en el barrio Villa Fiorito de la provincia de Buenos Aires. Fue el quinto de ocho hijos y el primer hijo varón de sus padres. Los diez vivieron sin agua potable ni electricidad en una casa de tres habitaciones construida con chapa ondulada, madera y ladrillos.

A los tres años, Diego recibió una pelota de cuero como regalo. Dormía con ella por las noches, abrazándola contra su pecho, y la llevaba consigo cada vez que salía de la casa, jugando con ella por todos los caminos de tierra por donde pasaba.

“Todo lo que hacía, cada paso que daba, tenía que ver con eso, con la pelota”, recordó Maradona años después.

Esa obsesión no lo diferenció de otros niños de la Argentina enloquecida por el fútbol. Pero su habilidad sobrenatural para lograr que la pelota hiciera lo que él quisiera sí lo hizo, y a los 10 años comenzó a realizar trucos de fútbol en el medio tiempo de los partidos profesionales locales. Con el balón en sus pies, el pequeño Diego era un mago. Los escépticos pensaban que era un adulto enano haciéndose pasar por un niño.

En poco tiempo se convirtió en una estrella, apodado “El pibe de oro”, tras llevar al equipo infantil Los Cebollitas a 140 victorias consecutivas.

A los 15 dejó la escuela para convertirse en profesional, distinguiéndose en Argentinos Juniors por manejarse alrededor de los defensas como un pequeño motor diesel, imposible de descarrilar y demasiado rápido para ser detenido. Dos años después se convertiría en el jugador más joven en ser convocado a la selección nacional argentina. Sin embargo, fue excluido de la escuadra de la Copa del Mundo de 1978 tras ser considerado demasiado inexperto para el escenario internacional.

Después de llevar a su siguiente equipo, Boca Juniors, a ganar el Campeonato de Primera División de 1981, Maradona fue vendido al FC Barcelona por una tarifa de transferencia de más de nueve millones de dólares y firmó un contrato por seis años y 12 millones de dólares. El pibe de oro era el tesoro nacional de Argentina, pero era un activo demasiado cotizado como para ser conservado por la nación endeudada. Sin embargo, su país pospuso la transferencia hasta que Maradona hizo su tan esperado debut en la Copa del Mundo de 1982.

Fue una decepción. Golpeado por los defensores en cada ronda, Maradona no logró dar una buena impresión y fue expulsado del choque contra Brasil tras una brutal entrada.

Maradona llevó al FC Barcelona a obtener la Copa de la Liga de España en su primera temporada, pero su actitud grosera, peleando en el campo durante un partido con el rey Juan Carlos presente en el público, fue mal visto por los sofisticados del fútbol del país. Sus bufonadas se incrementaron con el consumo de cocaína, que presuntamente comenzó poco después de su llegada a Barcelona.

Después de dos años, el contrato de Maradona fue vendido al Napoli por 10.8 millones de dólares, y 85,000 fanáticos italianos del fútbol lo recibieron como un anhelado héroe conquistador en sendas ceremonias de bienvenida en el estadio San Paolo en Nápoles. Por su salario de tres millones de dólares y entre ocho a 10 millones de dólares adicionales en patrocinios, Maradona sacó al Napoli de la alcantarilla de la liga italiana (puesto 12) al tercer lugar en dos temporadas, y le otorgó al equipo su primer campeonato de la liga italiana en 1987.

Su actuación en la Copa del Mundo de 1986, en donde anotó cinco goles en siete partidos rumbo al segundo campeonato de Argentina, consolidó su condición de leyenda.

La primavera siguiente, su novia desde la infancia, Claudia Villafañe, dio a luz a su hija Dalma y luego a otra, Giannina.

Su posterior boda en Argentina —ostentosa incluso para los estándares napolitanos— no fue bien recibida en Italia, en medio de la temporada de fútbol. Según The New York Times, la gala costó más de un millón de dólares, con una ceremonia católica romana seguida de una civil, coronada por una fiesta llena de champán y caviar que duró hasta las 8:00 a.m.

Para las festividades, Maradona trasladó en avión hasta Buenos Aires a más de 200 compañeros de equipo, excompañeros y sus familiares. Aunque no se permitieron periodistas —Maradona golpeó a un fotógrafo intruso durante la juerga— su empresa gestora distribuyó un folleto a color de ocho páginas detallando la ceremonia, los vestidos de la fiesta de bodas y la bacanal que le siguió.

Mientras tanto, la historia de amor entre Italia y Maradona se marchitó, a pesar de que en seis años había llevado al Napoli a ganar dos campeonatos de la Serie A, la Copa de Italia y la Copa de la UEFA. Gordo y fuera de forma, “El Diego” se negó a practicar, le llegó una demanda por paternidad y rechazó hacerse una prueba de sangre ordenada por un tribunal.

“Que digan lo que quieran de mí”, le dijo Maradona a la revista People en vísperas de la Copa del Mundo de 1990. “Que me multen. Que retengan mi salario. Pero no voy a cambiar. Recuerden, son los jugadores los que llevan a 90,000 personas al estadio. Soy Maradona, quien marca goles, quien se equivoca. Puedo cargar con todo eso. Tengo hombros lo suficientemente grandes como para pelear con todos”.

Maradona logró alienar aun más a los fanáticos italianos al liderar a la selección argentina en la derrota que le propinaron a Italia —país anfitrión del Mundial en 1990— en las semifinales de la Copa del Mundo. Argentina perdió ante Alemania Occidental en la final.

En 1991, las autoridades italianas del fútbol suspendieron a Maradona durante 15 meses luego de que no pasara una prueba de detección de drogas por cocaína. De ahí en adelante, su espiral descendente se intensificó.

Tras ser nuevamente nombrado como capitán de la selección argentina para la Copa del Mundo de 1994 en Estados Unidos, Maradona, de 33 años, fue enviado a casa de manera humillante tras el segundo partido, después de dar positivo por efedrina.

En septiembre de 1996 ingresó a una clínica por adicción a la cocaína, tras reconocerle a una revista de Buenos Aires: “Fui, soy y seré drogadicto”.

Maradona se retiró del fútbol en 1997.

Durante unas vacaciones junto al mar en Uruguay, en enero de 2000, Maradona fue ingresado a una sala de urgencias debido a problemas del corazón. Luego se informó que se había encontrado cocaína en su sangre. Poco después huyó a un centro de tratamiento de drogas en Cuba, donde permaneció como invitado consentido de Castro durante tres años.

Poco después del regreso de Maradona a Argentina en 2004, fue nuevamente llevado de emergencia al hospital . Para entonces divorciado y objeto de otra demanda por paternidad (esta vez introducida por una cubana de 19 años), Maradona había tenido una sobredosis de cocaína, había sufrido un infarto, se había atragantado con su propio vómito y había desarrollado una neumonía tras jugar golf durante seis horas bajo la lluvia, pasar toda la noche de juerga y atascarse con un desayuno lleno de queso y cerveza.

Los fanáticos se mantuvieron en vigilia afuera del hospital, y el mundo deportivo se preparó para una pérdida trágica, mientras un respirador trabajaba para mantener vivo a “El Diego”.

Cuando le fue dado el alta 12 días después, Maradona intentó regresar a Cuba, pero sus familiares lo recluyeron en un hospital psiquiátrico. Para sus compañeros pacientes, ese hombre porcino que decía ser el gran Diego estaba tan delirante como ellos.

“El fútbol fue su vida”, dijo en aquel momento Alfredo Cahe, amigo cercano de Maradona. “Y creo que está perdido sin él”.

Un Maradona notablemente más delgado apareció en 2005 —resultado de una cirugía de bypass gástrico en Colombia— para lanzar un programa de televisión semanal llamado La Noche del 10. El programa fue promovido por una campaña publicitaria que se jactaba de que “¡Dios ha llegado a la televisión!”.

Si bien al parecer se había librado de sus adicciones y se había redimido en muchos aspectos, Maradona, que tenía muy poca experiencia como entrenador, fue una elección desconcertante como seleccionador nacional de Argentina en 2008. Su tiempo allí fue breve e inestable. Luego de que la selección se clasificara a duras penas para la Copa del Mundo de 2010, Maradona desató una perorata profana en vivo por televisión contra los periodistas que habían cuestionado sus méritos como entrenador, y fue sancionado con una suspensión de dos meses por parte de la FIFA, el organismo rector internacional del deporte.

No obstante, Argentina era considerada candidata a ganar su tercera Copa del Mundo en Sudáfrica, liderada por el brillante Lionel Messi, quien parecía tener todo el talento futbolístico de Maradona en un marco diminuto.

Sin embargo, el canoso Maradona se convirtió en la historia de Argentina en la Copa del Mundo de 2010, perseguido por informes sobre impuestos atrasados que debía en Italia (30 millones de euros), sus lujosas demandas de alojamiento mientras estaba en Pretoria (un bidé con calefacción en su suite personal; PlayStations para sus jugadores, así como tres tipos de postres en cada cena y acceso a helados las 24 horas del día), y su ataque verbal a Pelé.

En vísperas de los cuartos de final de Argentina contra Alemania, Maradona le dijo a un grupo de estudiantes: “¡Esta vez no necesitaremos la Mano de Dios (para ganar la Copa del Mundo) porque es la voluntad de Dios!”.

Pero Alemania tuvo una voluntad más fuerte —así como un ataque más disciplinado e implacable— y humilló a Argentina 4 a 0. Maradona dijo que la derrota había sido “lo más duro que me tocó vivir desde que me retiré del fútbol. Es una trompada de Muhammad Ali”.

No queda claro si el comportamiento grosero de Maradona como director técnico de Argentina fue una estrategia para desviar la presión de sus jugadores —Messi en particular— o simplemente su arrogancia desenfrenada tras su regreso al foco de atención internacional.

A las pocas semanas de la eliminación de Argentina, Maradona fue despedido como seleccionador nacional.

Durante la siguiente década, Maradona dirigió equipos en la Liga Árabe del Golfo, la liga más importante de fútbol profesional de los Emiratos Árabes Unidos, así como en Bielorrusia, México y La Plata, la capital de la provincia argentina de Buenos Aires.

También luchó contra una serie de problemas de salud, incluyendo una cirugía en 2019 para atender un sagrado interno en su estómago causado por una hernia.

A principios de este mes, tres días después de celebrar su cumpleaños 60, Maradona fue ingresado a una clínica en La Plata con un cuadro de anemia y deshidratación. Al día siguiente se sometió a una cirugía cerebral de emergencia por un posible sangrado en el cerebro vinculado con un hematoma subdural, o un coágulo de sangre en el cerebro.

Experto en probar los límites de la muerte, Maradona inspiró un panegírico apropiado desde su habitación del hospital en 2004, mientras se aferraba a la vida con la ayuda de un respirador. El periodista e historiador argentino Osvaldo Bayer escribió: “Maradona es lo que sueña ser un niño cuando entra a la cancha. Así de simple. Luego se convirtió en algo que nunca debió haber sido. Cayó en desgracia cuando debió haber sido un héroe”.

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