Nathalie Iriarte es periodista de investigación. Actualmente es editora de la revista Forbes Bolivia.

La Amazonía brasileña no es la única que están consumiendo los incendios: en Bolivia, más de 5 millones de hectáreas de bosques y pastizales —el equivalente a la mitad del territorio de Guatemala— ya son cenizas. Durante semanas, los incendios avanzaron sin que la comunidad internacional se escandalizara de lo que sucedía en uno de los países del continente donde más ha crecido la pobreza.

Para la comunidad internacional, el presidente brasileño de ultraderecha, Jair Bolsonaro, encaja perfecto en la imagen del diablo depredador de la selva amazónica. Mientras que el mandatario boliviano, Evo Morales, tiene una imagen de presidente indígena bonachón con un discurso de salvador de la madre tierra.

O al menos la tenía antes de los incendios forestales. A unos días de las elecciones presidenciales —donde busca su cuarto mandato consecutivo—, las marchas contra su mala actuación ante los incendios continúan y las encuestas no le dan una ventaja amplia en la primera vuelta electoral. Esta será la primer elección a la que el presidente vaya sin tener la victoria segura.

Muy cerca de Morales está el expresidente Carlos Mesa, quien según las encuestas del diario Página Siete ganaría con 44 % en la segunda vuelta electoral, y Morales tendría 39 %. Sin embargo, estas son percepciones que datan de agosto, cuando los incendios no habían llegado a su máximo nivel de destrucción.

Otra encuesta del mismo diario señala que 76 % de los bolivianos cree que el Gobierno actuó de manera tardía en pedir ayuda internacional para combatir el fuego y más de la mitad responsabilizan a Morales por la catástrofe.

Desde 2006 el mensaje de Morales ha sido ecofriendly y esperanzador: “La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Tierra”. Todavía en 2015, en la Conferencia de las Partes (COP21) de París, dijo: “La defensa de los derechos de la humanidad y de la Madre Tierra serán la luz que guíe la construcción de un nuevo mundo”.

Pero, ¿cuán amigables son las políticas públicas en Bolivia con la Pachamama? No mucho. Hoy, en el aeropuerto de Santa Cruz, una serie de carteles del Gobierno celebran la habilitación de tierras para mayor producción agrícola. Según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), desde el 2000, las áreas cultivadas en Bolivia pasaron de 1.9 millones de hectáreas a 3.49. Esto nos sitúa entre los 10 países con mayor tasa de crecimiento de cultivos y de destrucción de bosques del mundo.

Morales justifica que la ampliación es en favor de la seguridad alimentaria, pero los porcentajes de productividad del país siguen siendo de los más bajos de la región.

Los incendios comenzaron también por un tema de política pública. Carlos Pinto, de Fundación Amigos de la Naturaleza, dice en entrevista: “El fuego afectó a 26 áreas protegidas. Las causas se vinculan a las malas prácticas de uso del fuego para la habilitación de tierras para la agricultura y la ganadería". También a la dotación de tierras a nuevos comunarios y leyes que permiten las quemas en mayores extensiones.

Luego, la sequía y la falta de reacción temprana ante la emergencia hizo lo suyo. A pesar de todo, el gobierno siguió emitiendo permisos de quema hasta el 10 de agosto, cuando los incendios ya eran incontrolables.

La población civil se movilizó para apagarlos y reunir donaciones. Cientos de personas se desplazaron para ayudar como bomberos voluntarios. Yo fui una de ellas. Durante casi un mes estuve en las zonas afectadas y el panorama fue devastador: familias de venados, avestruces, armadillos y papagayos salían huyendo del humo, mientras los bomberos y guardaparques entraban a combatir las llamas sin los equipos necesarios. Su única protección contra el humo eran cubrebocas médicos.

Los más afortunados contaban con una mochila con agua, otros usaban ramas de árboles para apagar los fuegos. Cientos de hachas y palas movían tierra. Pero en muchos casos, como en el Pantanal, eran 30 personas que enfrentaban una pared de fuego de 40 kilómetros de largo. Echar tierra o un chorro de agua a esas llamas era como tratar de endulzar el mar con cucharadas de azúcar. Cuatro voluntarios fallecieron en total.

Mientras tanto, el Gobierno se negaba a declarar desastre nacional, alegando que tenían la situación bajo control. Casi un mes después del inicio de los incendios, Morales apareció con un traje de bombero azul. Fue filmado por su equipo de prensa apagando unos troncos humeantes. La escena desató burlas y críticas. Su imagen de defensor de la madre tierra cayó.

Para ambientalistas y expertos, el daño será muy difícil de reparar. “Bolivia siempre tuvo el orgullo de decir que tiene las zonas mejor conservadas de los ecosistemas de la región. Eso ahora queda en duda. Las pérdidas en fauna son catastróficas: creemos que al menos 50 millones de animales han fallecido, salido heridos o desplazados de su hábitat”, dice en entrevista la bióloga Gabriela Tavera.

Queda claro que, quien gane la elección, deberá repensar el modelo productivo de un modo sostenible e implementar políticas reales que vayan más allá de un discurso verde.

Para ganar esta vez, Morales necesitará más que discursos que hablen sobre la madre tierra. Si pierde, la moraleja deberá ser que si a un gobierno no le importa el costo ecológico al menos le deberá importar el costo político.

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