Karime López es chef de cocina en Gucci Osteria da Massimo Bottura, en Florencia.

Cocinar es mi pasión. Me inspira poder elegir los ingredientes adecuados, darles el tiempo necesario y crear platillos únicos al mezclar elementos que, por sí solos, parecerían ordinarios.

Desde niña me atraparon los colores, olores y texturas de la cocina mexicana. Me enorgullece mi país, su cultura y, sobre todo, la riqueza del origen de su cocina y sabores, y cómo eso influye en mi estilo como al cocinar. Siempre fui curiosa y busqué crear, ver la cocina como un medio de expresión, como una forma de arte. Es algo que ha sido parte de mí desde que tengo uso de memoria y me hace disfrutar mucho mi profesión.

En noviembre recibí la noticia de que Gucci Osteria da Massimo Botura, donde soy chef de cocina, recibiría una estrella Michelin, una de las mayores distinciones del mundo para un restaurante. Me llena de satisfacción ser la primera mujer mexicana en recibir este reconocimiento. Me enorgullece poner el nombre de mi país en alto en cuestiones culinarias, como lo han hecho ya algunos de mis colegas.

Lograrlo era un reto personal, por el cual he tenido que hacer sacrificios, pasar mucho tiempo trabajando y estar lejos de mi familia. Pero en México tenemos un gran talento culinario y me encanta que estos reconocimientos ayudan a visibilizarlo y lo ponen en el mapa.

Detrás de una estrella Michelin hay muchos factores: el trabajo en equipo, el amor, la pasión y la incondicionalidad. El reto y la responsabilidad que conlleva recibir este reconocimiento es enorme, no sólo para mí sino también para mi equipo, pues en todo momento debemos desafiarnos a nosotros mismos: romper nuestras propias metas, seguir aprendiendo, innovando y olvidarnos por completo de nuestra zona de confort.

En el camino para llegar hasta este punto también he entendido que, aunque amo México, la cocina es universal. En estos años, distintos países me han abierto las puertas y de ellos tengo vivencias, costumbres e ingredientes. Llevo muchas cocinas en el corazón: México corre por mis venas, Italia hoy es mi casa, Japón fue clave para mi trayectoria. Cocinar en distintos países y culturas derribó las barreras que tenía, y eso se plasma en la creación de mis menús.

Por ejemplo, si veo en retrospectiva mi carrera y las decisiones que he tomado, debo agradecer a los grandes maestros con los que he coincidido: los chefs españoles Santi Santamaria y Andoni Aduriz, el mexicano Enrique Olvera y el japonés Seiji Yamamoto, solo por mencionar algunos. Sin duda todos ellos han forjado mi estilo, me han enseñado técnicas y he descubierto sabores de su mano; me han llevado a atreverme a innovar, pero también a tener cierta reserva y respeto por la esencia de cada ingrediente.

El italiano Massimo Bottura, uno de los creadores de Gucci Osteria y uno de los chefs más reconocidos del mundo, es mi guía. Uno de mis proyectos favoritos a su lado ha sido refinar, catar y escribir las recetas de su libro “El pan es oro”. Sobre todo porque pudimos generar conciencia en torno al desperdicio de comida y la importancia de ser socialmente responsables, sin importar la industria a la que pertenezcamos o el puesto en el que estemos sentados.

Por eso me enorgullece haber sido seleccionada para liderar su proyecto, que representa la máxima expresión de todas las artes en un mismo lugar. Es un lugar único, donde la moda y la cocina se fusionan para enamorar y generan una experiencia sensorial extraordinaria desde que cruzas la puerta.

Cuando Massimo me invitó a formar parte del proyecto, me cautivó. Hizo que algo en mí vibrara no solo porque me permitiría poder crear mi propia escena culinaria sino, sobre todo, por la visión e inspiración que hay en el lugar. Además de Bottura, detrás de este lugar hay grandes mentes como las de Alessandro Michele y Marco Bizzarri, el director creativo y el CEO de Gucci.

Lo que más me emociona es que este viaje apenas empieza. A mis 37 años aún tengo un largo camino por recorrer, un gran compromiso conmigo misma y quiero estar abierta a dejarme sorprender no solo por las nuevas experiencias, sino por la cotidianeidad.

He entendido que la vida es como la cocina: todo platillo tiene recetas, tiene medidas y, aunque a veces rompamos las reglas, el equilibrio y el balance lo son todo para lograr una experiencia única e inigualable.

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