México es tierra de cárteles conocidos por todo el mundo, que han atemorizado por décadas no sólo a este país sino a la región completa. Pero hay una organización de la que pocos hablan y a la que los gobiernos han decidido no enfrentar: el Cártel del Mar. No combatirla podría traer pronto un gran costo económico para México.

El negocio de esta organización no es cultivar mariguana, transportar cocaína ni esconder laboratorios para producir metanfetaminas. Es algo mucho más rentable: contratar pescadores pobres para que pesquen totoaba —una especie en peligro de extinción— para extraerle la vejiga natatoria, secarla y mandarla a China. Al hacerlo, afectan no sólo a esta especie protegida, sino que han acelerado la extinción de la vaquita marina.

Para la población china, el buche —así se conoce informalmente a la vejiga natatoria— tiene propiedades medicinales y afrodisiacas. Nada de eso se ha comprobado científicamente.

También es un símbolo de estatus: servir sopa de buche de totoaba en una fiesta es señal de poder y riqueza. Poder, porque el producto viene de la pesca y comercialización ilegal, y hay que tener influencias para conseguirlo. Y riqueza, porque un kilo de buche de totoaba cuesta más que un kilo de cocaína: se vende hasta en 100 mil dólares en las grandes urbes chinas o en Chinatown, en Nueva York, de acuerdo con las investigaciones de la organización Earth League International, que combate el tráfico de especies.

El Cártel del Mar opera en el noroeste del país, en el Mar de Cortés, al que alguna vez Jacques Cousteau llamó “el acuario del mundo”. Ha incendiado embarcaciones y atacado instalaciones de la Marina mexicana; lanzado bombas molotov a los barcos de la ONG Sea Shepard, que ayuda a vigilar la zona; y mantiene sometidas a miles de familias de pescadores. Por denunciar todo esto en el documental Sea of Shadows, de NatGeo, fui amenazado en varias ocasiones por personajes a quienes los órganos de inteligencia oficiales han ubicado como altos mandos de este cártel.

El gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto fracasó en su intento por recuperar el control de la zona debido en gran parte a la corrupción de las autoridades, un símbolo de su gestión. La actual administración, del presidente Andrés Manuel López Obrador, no ha movido un dedo para lograrlo. Esto puede significar un golpe económico brutal para México.

En las redes en las que se pesca ilegalmente la totoaba queda atrapada la vaquita marina, un pequeño, tímido y bellísimo cetáceo que sólo vive en esa zona del mar mexicano y que está cerca de la extinción: sólo quedan entre nueve y 15 ejemplares, según la doctora Cynthia Smith, directora ejecutiva de la National Marine Mammal Foundation. Si el gobierno mexicano no actúa, en 2020 podríamos atestiguar la extinción de la especie.

La temporada en la que la totoaba llega a México es de noviembre a mayo. Es decir, ya inició y son los meses de mayor peligro para la vaquita. No sabemos si la especie sobreviva a mayo.

La poderosa Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora ha amenazado a México con promover un embargo pesquero si no hace nada por proteger a la vaquita marina. Esto implicaría que los pescadores mexicanos no podrían exportar sus productos, lo cual generaría una crisis en las costas mexicanas.

Algunas de las políticas públicas del gobierno de López Obrador han sido criticadas por afectar al medio ambiente: su plan de reactivación económica incluye abrir refinerías de petróleo, construir un nuevo aeropuerto en plena zona urbana y construir un tren en medio de selva y áreas verdes. Pero si no es por su compromiso con el planeta, al menos por pragmatismo político su administración debería preocuparse por el destino de la vaquita marina.

También de los miles de pescadores que viven en la zona donde se refugia esta especie, a quienes el Estado debe proporcionar una alternativa para garantizar la supervivencia de sus familias. Ante el abandono gubernamental, no pocos de ellos se han visto obligados a ingresar al Cártel del Mar con tal de llevar algo de comer a sus mesas.

Cuando en septiembre de 2019 se estrenó Sea of Shadows —dirigida por Richard Ladkani, con Leonardo DiCaprio como productor ejecutivo— en cines de México, el gobierno prometió enviar 600 elementos federales a la zona para poner orden. Es diciembre y aún no han llegado. Los que sí lo han hecho son los pescadores ilegales: en noviembre, activistas me dijeron que vieron hasta 80 lanchas lanzando sus redes de pesca en el corazón del refugio de la vaquita marina. El Cártel del Mar sigue operando sin que nadie actúe.

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