Luz Mely Reyes es periodista y analista política. En 2015 cofundó el medio independiente Efecto Cocuyo, del que es directora.

La violación sistemática de la Constitución de Venezuela y el desconocimiento a la voluntad popular desde 2015 por parte del presidente, Nicolás Maduro, ha llevado al país a un laberinto de formas impensables.

Lo vimos en la acción tumultuaria de la Asamblea Nacional de Venezuela (AN) el domingo 5 de enero, una muestra del poder de Maduro y de la indefensión institucional de la oposición.

La toma de la dirección de la AN por parte de una fracción disidente de la oposición —relacionada con redes de corrupción— en alianza con los partidos del gobierno, abrió una nueva bifurcación.

Las cabezas de esta fracción disidente al líder opositor y todavía presidente de la AN, Juan Guaidó, han sido vinculadas con una trama en la que los hilos parecen ser movidos por un poderoso zar que está al frente de varios negocios con el gobierno.

Un diputado de la AN, Luis Stefanelli, por ejemplo, aseguró que le ofrecieron más de medio millón de dólares para que votara contra Guaidó. La oposición denunció recientemente los sobornos, además de presiones contra varios parlamentarios. Fue entonces que, el 5 de enero, las fuerzas armadas tomaron los alrededores de la sede del Legislativo e impusieron su orden para autorizar quién entraba o no al Palacio. Fue necesario realizar una sesión extramuros para elegir a la directiva de la AN, cuya presidencia recayó otra vez en Guaidó.

Pero, ¿por qué el chavismo en el gobierno decidió usar esa carta cuando la AN —el único poder que cuenta con el reconocimiento general— inicia su último año? ¿Por qué este nuevo ejercicio de violencia?

En enero de 2019, Guaidó asumió la presidencia de la AN y el interinato de la presidencia de la República. Más de 50 países lo apoyaron. En este lapso, el gobierno de Maduro ha sido sancionado por sus constantes violaciones de derechos humanos. Lejos de debilitarse por la condena casi general, ha concentrado todo el poder, amparado en la fuerza de las bayonetas.

Claro, el gobierno de Maduro también ha aprovechado las típicas divisiones de la oposición, producto de las diferencias internas. Pero esta vez ha estirado un poco más la cuerda para mover el piso debilitado de Guaidó.

Hoy, Venezuela tiene dos presidentes, dos Tribunales Supremos Judiciales (el real en Caracas y uno en el exilio que no cumple con los parámetros para ser un poder) dos fiscales (una en el exilio también) y una autoerigida plenipotenciaria Asamblea Nacional Constituyente. Dependiendo de cómo se asienten los acontecimientos, es posible que haya dos directivas de la AN. Y, aunque aún estamos sobre arenas movedizas, es probable que en pocos días se vea en toda su magnitud el robo del domingo 5.

Por el momento, Maduro ha dicho que con esta nueva directiva se puede elegir un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE). También se reunió en una mesa de diálogo que instaló desde septiembre con otro sector de oposición. El gobierno además excarceló a 14 presos políticos.

Matemáticamente, la elección de un CNE en la AN es imposible. Para lograrlo se requeriría las dos terceras partes del cuerpo legislativo. Ni las persecuciones, sobornos y presiones han logrado rebanarle a la oposición el número suficiente para darle un matiz de legitimidad a una selección de rectores. La oposición obtuvo, en 2015, un total de 112 diputados de un pleno de 167. Hoy sobreviven unos 88 parlamentarios principales.

Es posible que el chavismo haya creído que tenía votos suficientes dentro de la AN para defenestrar a Guaidó. Sin embargo, en la sesión extramuros se contaron 100 votos nominales (unos 12 correspondieron a suplentes de los tránsfugas).

Extraordinariamente, la maniobra produjo que algunos críticos de Guaidó decidieran apoyarlo. Un vocero de la fracción parlamentaria 16 de julio declaró que los miembros de esta desistieron de abstenerse debido al ataque a la AN.

Fuera de Venezuela, los gobiernos de México y Argentina —cercanos a Maduro— manifestaron su rechazo a la táctica. “Impedir por la fuerza el funcionamiento de la Asamblea Legislativa es condenarse al aislamiento internacional. Rechazamos esta acción e instamos al Ejecutivo venezolano a aceptar que el camino es exactamente el opuesto. La Asamblea debe elegir su presidente con total legitimidad” dijo en un tuit el ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de Argentina, Felipe Solá.

Maduro necesita ponerle la mano a los bienes del Estado venezolano que han sido entregados en el exterior a la AN y por eso no puede esperar a una nueva elección. También, necesita seguir profundizando la desconfianza para que, al ser convocados nuevos comicios, la dirigencia opositora enfrente la trampa de si participa sin importar las condiciones, o se abstiene. El chavismo se mueve muy bien en el caos.

Pese a que todo luce catastrófico, la dirigencia opositora tiene la oportunidad de intentar voltear este juego de sombras. Juan Guaidó, al ser reelecto, hizo un mea culpa y se separó de su partido para no ser percibido como defensor de los intereses de esta organización. Con suerte, los miembros del liderazgo opositor se darán cuenta de lo fácil que es despojarlos del último reducto de democracia que queda en Venezuela cuando están divididos, y puedan hacer un último esfuerzo para buscar una ruta consensuada que les permita orientarse en el laberinto.

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