Mario Maldonado es periodista financiero de prensa, radio y televisión en México.

México está al borde de una recesión económica y en medio de una tormenta perfecta que, según las predicciones especializadas, hará que, en 2020, el país cumpla dos años consecutivos de decrecimiento. La crisis sanitaria del coronavirus Covid-19, la caída en las bolsas de valores y del precio del petróleo a nivel global, el alza en el precio del dólar, y la mala relación del gobierno con los empresarios, amenaza a una de las principales economías de América Latina y al proyecto de nación del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

El cambio de gobierno en México llegó en 2018 con la promesa de una Cuarta Transformación del país, como lo fueron hace siglos la Independencia, la Reforma y la Revolución. AMLO dijo haber usado su primer año de gobierno en colocar “los cimientos” de su proyecto, que le ha generado conflictos con los empresarios, las organizaciones civiles, los medios de comunicación y los organismos reguladores, entre otros.

La economía de México se estancó en 2019 y cerró con una baja de 0.1% en el Producto Interno Bruto (PIB). El gobierno visualizó 2020 como el año de la recuperación, en el que los programas sociales y los cuatro proyectos insignia de infraestructura del sexenio (la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y el Corredor Transístmico) habrían llegado al punto en que costaría más cancelarlos que mantenerlos.

Sin embargo, los planes del presidente se estrellaron con el coronavirus Covid-19, que ya puso a los mercados financieros en niveles no vistos desde las crisis financieras globales de 2009 y 1987. El lunes 16, el índice accionario Nasdaq, en Estados Unidos, tuvo su peor caída de la historia: perdió 12.3% en una jornada. Esto es mayor que el desplome del 29 septiembre del 2008 (-9.14%), cuando iniciaba la gran crisis global, y más profundo incluso que el 19 de octubre, durante la crisis de 1987, cuando se desplomó 11.35%.

El lunes fue un día feriado en México pero el martes 17, tan pronto abrieron la Bolsa Mexicana de Valores y la Bolsa Institucional de Valores, los principales índices cayeron más de 7%, por lo que tuvieron que ser suspendidos. Luego de unos minutos se reactivaron y subieron ligeramente, pero mantienen pérdidas de más de 3%. El dólar también superó niveles históricos: se cotiza por arriba de los 23 pesos, debido a que los inversionistas se sienten más seguros comprando bonos del Tesoro de Estados Unidos que los de México, a pesar del enorme diferencial de tasas que pagan ambos.

El desplome del peso y las bolsas en México coinciden con una guerra de precios del petróleo entre Arabia Saudita y Rusia con el resultado de una escandalosa caída de los precios internacionales promedio, que en lo que va de marzo pasaron de 55 a menos de 30 dólares por barril.

Esto, combinado con la crisis del Covid-19, configura una tormenta perfecta para la economía mundial, pero especialmente para los países productores de petróleo como México, cuyo precio del barril de crudo se cotiza cerca de los 18.8 dólares, muy lejos de los 49 dólares que calculó el gobierno en el presupuesto para este año. El resultado será una recesión económica para México y, muy probablemente, para el mundo.

Bancos de inversión como Credit Suisse calculan que el impacto este año para México será una contracción de 4% en la economía. Otros, como el británico Barclays, calculan que el impacto este año para México será de 2%. El economista en jefe para América Latina de esa firma, Marco Oviedo, señala en su estudio titulado “Los problemas nunca vienen solos” que la caída del PIB se deberá a tres factores: el manejo del coronavirus, su impacto en el turismo y los negocios, y el freno al sector manufacturero. Esto se combina con la baja confianza del sector privado para invertir en México, un espacio acotado para dar estímulos fiscales y la “radicalización” de las políticas públicas del nuevo gobierno.

Las señales que manda el gobierno tampoco quedan muy claras. En la convención bancaria, que se llevó a cabo el fin de semana del 13 de marzo, el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, y el subsecretario Gabriel Yorio dijeron que, ante la amenaza del Covid-19, analizan la puesta en marcha de un plan de estímulos fiscales como la reducción o el aplazamiento de impuestos para pequeñas y medianas empresas. Pero en su conferencia mañanera del lunes 16, el presidente AMLO los paró en seco y dijo que no lo tiene contemplado.

El otro actor relevante para buscar que la inminente recesión económica perjudique lo menos posible al país es el Banco de México (Banxico), cuya reunión de política monetaria es el próximo 26 de marzo. Los analistas del banco de inversión JP Morgan estiman que la tasa de interés a los bonos de México bajará 50 puntos base para quedar en 6.5%, una brecha bastante grande aún respecto a la de Estados Unidos, que la acaba de recortar a 0.25%. El problema para Banxico es que un ajuste en las tasas podría devaluar todavía más al peso, y también hacer crecer la inflación, que ya está fuera del objetivo de 3% (actualmente se encuentra en 3.7%).

“(La crisis internacional del coronavirus) es el cóctel no deseado que le faltaba a México”, me dijo el viernes 13 de marzo el subgobernador de Banxico Javier Guzmán, quien aseguró que el banco central está listo para actuar.

Una semana antes el secretario Herrera dijo que la economía mexicana “está blindada”. Al preguntarle al subgobernador sobre esa declaración, hizo una mueca de desaprobación y dijo que no podía dar opiniones sobre el manejo de las finanzas públicas.

Al final, esta tormenta trastoca todos los planes del nuevo gobierno y pone entredicho la Cuarta Transformación del presidente Andrés Manuel López Obrador. La pregunta ahora es si podrá sortearla y escuchar a quienes saben del tema, o si será un golpe fulminante para su proyecto de nación.

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