Eduardo Suárez es periodista y director de Comunicación del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo de la Universidad de Oxford.

La pandemia ha subrayado en todo el mundo el valor del periodismo confiable y ha desnudado la irrelevancia de quienes trafican con bulos o consignas. Han brillado medios públicos y diarios de prestigio, que se han adaptado a la crisis aportando contexto, visualizando posibles soluciones o conectando a quienes necesitan ayuda con quienes pueden o quieren darla. Algunos han ganado socios o suscriptores digitales. Para muchos, sin embargo, ha sido una victoria pírrica. El desplome de la publicidad y la caída de las ventas impresas les han atrapado en una paradoja: su número de lectores se dispara mientras sus ingresos caen.

Esta paradoja es especialmente dramática para el periodismo en español. Medios como El Universal de México o Prensa libre de Guatemala aprobaron recortes salariales para paliar el desplome de los ingresos. La cadena española Prensa Ibérica, que edita decenas de diarios regionales y deportivos, anunció despidos temporales en varias cabeceras a principios de abril. Otros grupos están evaluando medidas similares para sobrevivir.

El coronavirus encierra al menos tres amenazas para el periodismo en español. La más inmediata es la amenaza económica, fruto del descenso de las ventas y los ingresos publicitarios. La más recurrente es la amenaza a la libertad de prensa, espoleada por líderes autoritarios y magnates poderosos que están ávidos de servirse de nuestra debilidad. La más preocupante a largo plazo es la amenaza que se cierne sobre el futuro. Maniatados por la pandemia, los medios digitales que han florecido en las últimas dos décadas lo tendrán más difícil para encontrar la audiencia y los recursos para sostener un periodismo valiente e innovador.

Ninguna amenaza es tan urgente como el desplome de los ingresos. Los meses que se avecinan serán duros para todos. Sufrirán más los medios más endeudados y los que más dependen del papel y de la publicidad. Sufrirán menos quienes aprovecharon los años recientes para construir su negocio en torno a las suscripciones digitales y quienes fueron construyendo una relación estrecha con su audiencia más fiel.

Las cifras de España ofrecen una idea aproximada del agujero financiero que se avecina. Según cifras de la consultora Media Hotline recogidas por Digimedios, la inversión publicitaria cayó 13% durante el primer trimestre con respecto al mismo periodo del año anterior. Esa caída es aún más pronunciada en la radio (19%) y en los diarios impresos (23%), y algo más ligera en la publicidad online (casi 5%).

Publicar textos flojos o sensacionalistas en busca de clics no es la mejor opción. Decenas de medios digitales en español dependen de los apoyos económicos que otorgan fundaciones y gigantes tecnológicos como Google y Facebook. Esas ayudas a menudo requieren presentar proyectos e informes de impacto. Quienes inflen las cifras de visitas con informaciones frívolas o engañosas corren el riesgo de perder la confianza de su audiencia y el acceso a esa financiación.

En este entorno hostil, es importante reorientar por completo las redacciones a informar sobre los efectos de la pandemia y dedicar recursos a formar a reporteros que hasta ahora no habían cubierto asuntos de salud. Como dice Harlan Mandel, consejero delegado del fondo MDIF, en esta guía llena de buenos consejos, es importante repensar el producto y los costes con un objetivo prioritario: servir mejor a la audiencia y retener al lector más fiel.

Algunos países como Nueva Zelanda, Suecia o Dinamarca han planteado ayudas públicas para mantener a flote a medios que son propiedad de empresas privadas. Esas ayudas pueden ser parte de la solución, pero nos recuerdan la segunda amenaza que encara el periodismo en español: los ataques a la libertad de prensa.

Líderes autoritarios de todo el mundo se están sirviendo de esta crisis para recrudecer la represión contra el periodismo independiente. El caso más extremo es quizá el del premier húngaro Viktor Orbán, que ha impuesto nuevas restricciones con la excusa de combatir la desinformación. No es el único. El régimen de Nicolás Maduro ha detenido a los reporteros Darvinson Rojas y Beatriz Rodríguez por informar en sus medios sobre casos de coronavirus en Venezuela.

Algunos líderes latinoamericanos están vulnerando el derecho de los ciudadanos a recibir una información fidedigna. Contra el criterio de las autoridades sanitarias, Andrés Manuel López Obrador y Jair Bolsonaro han culpado a los periodistas de exagerar el impacto de la pandemia. El presidente brasileño ha empujado a Twitter, YouTube y Facebook a una decisión inédita: suspender la emisión de sus discursos por difundir información dañina para la salud.

Es un fenómeno cuyo impacto confirma un informe reciente del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, donde trabajo, sobre una muestra de 225 bulos en inglés publicados sobre la pandemia entre enero y marzo. Según el informe, los bulos difundidos por políticos, famosos y figuras públicas suponen sólo 20% de la muestra pero representan 69% de su impacto en redes sociales. Estas cifras podrían ser incluso más altas en algunos países hispano-hablantes. Según otro de nuestros informes, una proporción muy alta de los españoles dicen haber recibido información falsa del Gobierno (34%), de los medios (36%) o de los políticos (43%). Son los porcentajes más altos del estudio, que incluye cifras de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Argentina y Corea del Sur.

El periodismo en español se enfrenta a una tercera amenaza: ¿Qué ocurrirá con medios digitales valerosos como El Faro en El Salvador, Ojo público en Perú, Maldita.es en España, Red/Acción en Argentina o Efecto Cocuyo en Venezuela?

Son medios que han florecido en las últimas décadas en entornos muy difíciles y que a menudo cubren la actualidad con más libertad y rigor que la prensa convencional. Sus redacciones son ejemplos de innovación editorial y financiera, y han reunido una comunidad vibrante de lectores en una región que necesita periodismo de calidad. Muchos reciben donaciones privadas y ayudas de fundaciones, pero son vulnerables a la crisis que se avecina y necesitan más que nunca el apoyo de su audiencia más fiel.

Un detalle que invita a la esperanza es la evolución reciente del medio español eldiario.es. Fundado por un grupo de periodistas en 2012, desde entonces ha tenido ganancias con un modelo que combina los ingresos por membresía con la publicidad. A principios de marzo, su fundador y director, Ignacio Escolar, describió la pandemia como una emergencia, anunció una rebaja de los sueldos más altos y pidió un esfuerzo a su audiencia. El diario subió su cuota anual e invitó a sus socios a aumentar sus donaciones. En apenas mes y medio, el número de socios se ha disparado de 36,000 a 51,000 y ha recibido decenas de donaciones voluntarias de lectores que se resisten a verlo desaparecer.

Cada medio debe encontrar su propio modelo. Las ayudas de fundaciones y la publicidad pueden ser parte de la solución. Pero ninguna cabecera sobrevivirá sin el apoyo de su audiencia. eldiario.es muestra la mejor forma de lograr ese apoyo: ser transparente sobre tus finanzas, publicar exclusivas incómodas pese a las presiones y prestar atención a las necesidades de tu lector.

“Un cuerpo de lectores que te respalda en lo bueno y en lo malo es un poder más grande que el poder que puede ejercer cualquier anunciante, y un poder suficientemente grande para doblegar a una alianza de anunciantes”, escribió Walter Lippmann hace casi un siglo en su clásico La opinión pública.

Es una reflexión más oportuna que nunca para nosotros los periodistas y también para nuestros lectores en este tiempo de pandemia. Los periodistas debemos centrarnos en las necesidades más inmediatas de nuestra audiencia: evaluar las decisiones de los gobernantes y la veracidad de sus cifras, desmentir bulos y explicar lo que sabemos y lo que no sabemos sobre la pandemia. Nuestros lectores deben recordar que son el mejor escudo contra las presiones y que, sin su respaldo, esta vez muchos medios corren el riesgo de perecer.

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