Mirna Medina Quiñónez es una ‘rastreadora’ de personas desaparecidas en México.

Hoy es Día de la Madre en México, Roberto, y yo sólo puedo acordarme del 14 de julio de 2014. Ese día me marcó la vida, cuando te desaparecieron y me sentí morir. Después de eso he vivido a medias. Muchos días solo vivía para buscarte. Cuando empecé esa lucha te hice la promesa de encontrarte y, en el camino, también fui encontrando a cientos de mujeres que tienen el mismo dolor. También buscan un tesoro; como yo te busqué a ti, que eres mi tesoro.

Las mujeres nos unimos para buscarlos a todos ustedes y nuestra lucha fue tan sonada que, un día, se me acercó un periodista, Javier Valdés —a quien mataron después—, y me preguntó:

—¿Cómo le haces? ¿Cómo buscas a Roberto?

—Busco por las orillas del río, por los canales, las vías del tren, los montes y donde hay casas abandonadas —le dije.

—¡Entonces rastreas! Entonces son rastreadoras.

Así fue como recibimos nuestro nombre: las rastreadoras.

Fue el 14 de julio de 2017, tres años después de que te desaparecieran, que Dios me dio la dicha de encontrar tus restos, después de enfrentarme a la sociedad, al gobierno y a los delincuentes. Porque la sociedad te revictimiza, el gobierno es indolente y la delincuencia es imparable.

Fueron tres largos años de incertidumbre, de no saber si tenías frío, hambre o dolor. Tres años de duelo y por fin te encontramos. Te hice una promesa que pude cumplir: te buscaré hasta encontrarte. Y te encontramos, Roberto. Mis compañeras, las rastreadoras, estuvieron conmigo ese día. Fuiste el cuerpo número 93 que encontramos. Encontramos 92 cuerpos, 92 tesoros que llegaron a su casa antes que tú.

A veces era desesperante buscarte. Tenía sentimientos encontrados porque en cada fosa quería encontrarte y, a la vez, que no estuvieras. Pero cuando no estabas, me daba mucha desesperanza. A ti ya te encontramos, pero aún nos faltan muchos tesoros por encontrar. Tesoros que están esperando a que lleguemos nosotras, las locas de las palas, y que rasguemos la tierra y broten los huesos, que son lo más preciado de este mundo para nosotras.

Roberto, con tu desaparición surgimos las rastreadoras y ahora somos una piedrita en el zapato de un país que no quería voltear a vernos. Dentro de toda mi tristeza, sé que vale la pena esta lucha, ha valido la pena buscarte con dignidad y luchar por obtener verdad y justicia.

Han sido muchos años de enfrentarnos a la sociedad y el gobierno. Además de usar las palas, de recorrer montes y vías del tren, hemos tenido que aprender a hacer muchas otras cosas.

Peleamos para que se creara una ley sobre la desaparición de personas, una comisión nacional de búsqueda y otras en algunos estados del país. Por fin, el gobierno y la sociedad reconocieron que sí hay desaparecidos, y que hay que coordinarse para buscarlos, encontrarlos, identificarlos y llevarlos a casa. Ya no dicen “por algo se los llevaron” o “seguro estaban metidos en algo malo”.

Hoy esa lucha ha sido reconocida también internacionalmente. Muchas personas se han acercado para saber cómo y qué hemos logrado. Muchas más nos apoyan y difunden nuestra búsqueda.

Un ejemplo muy grande, y muy hermoso, es el libro que se publicará pronto: Recetario para la memoria, el cual hicimos con la fotógrafa —y ahora amiga— Zahara Gómez Lucini. Es un libro donde nosotras, las madres, compartimos las comidas favoritas de ustedes, nuestros hijos.

Yo preparé tus pizzadillas, Roberto, que me quedaron fenomenales. Al prepararlas, sentí que estabas ahí viéndome; y al comerlas, que estabas junto a mí en la mesa. Preparar los platillos que les gustaba comer cuando estaban con nosotras es un placer, es compartir de nuevo una comida con ustedes.

Todo esto lo hacemos para que ustedes sigan en la memoria de este país, para que no se olviden de ustedes. Para que otras personas los conozcan, para que otras personas les cocinen. Porque para nosotras siempre estarán ahí y serán recordados. Mientras los tengamos en nuestra mente, en nuestro corazón, seguirán vivos.

Yo sé, hijo, que aunque no pueda ver que en tu caso —y en el de miles más— se haga justicia, tu memoria permanecerá intacta y mis nietas, tus hijas, en algún momento obtendrán verdad y justicia para ustedes.

Sé que no estamos solas. Además de Dios, nos tenemos a nosotras, a las rastreadoras que buscamos tesoros. Hoy, que deberían estar con nosotros festejando, los recordamos aún más. Sabemos que ahí están y vamos a encontrarlos, porque nos faltan todos.

Nota del editor: Desde 1964 hasta enero de 2020, el gobierno mexicano da cuenta de al menos 61,637 personas desaparecidas; 97% de ellas entre 2006 y 2019. De 2006 a esa fecha, se han encontrado 3,631 fosas clandestinas en el país.

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