Mario Maldonado es periodista financiero de prensa, radio y televisión en México.

El gobierno del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se encamina hacia lo que podría ser un sexenio perdido en términos económicos. El mal arranque del primer año de su administración en 2019, cuando el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo 0.1% sin que hubiera una crisis global, y el choque de la pandemia del coronavirus este año, resultarán en lo que no había sucedido en los últimos 30 años (la época que el presidente llama “neoliberal”): que la economía mexicana cayera dos años consecutivos.

El promedio de los analistas de bancos, corredurías, calificadoras y organismos internacionales apunta a que la economía mexicana se va a contraer por lo menos 7.5% en 2020 aunque hay instituciones como BBVA México que proyectan una caída de hasta 10.5%, al igual que el Fondo Monetario Internacional, que proyecta para el país el peor desempeño económico de América Latina.

El PIB —uno de los indicadores a los que AMLO ha decidido no prestarle mucha atención porque no mide “el bienestar” o “la felicidad”— va a desplomarse este año y la preguntas clave son: ¿Cuánto va tardar en recuperarse la economía? ¿Al final del sexenio los mexicanos tendrán mejores o peores condiciones de vida que las que tenían antes del COVID-19?

El debate sobre la recuperación económica pospandemia no es exclusivo de México; la mayoría de los países golpeados por el virus mantienen cierta incertidumbre sobre el futuro de sus economías. En México, sin embargo, la duda es más difícil de despejar. Primero, porque los cálculos de la Secretaría de Salud federal erraron en estimar la duración de la pandemia, por lo que la mayoría de los gobiernos estatales han decidido retrasar la reapertura de las actividades. Por otro lado, AMLO ha rechazado todas las propuestas de los empresarios, organizaciones civiles e incluso de algunos de los integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) para ayudar a miles de empresas y trabajadores que quedaron desamparados frente a la crisis.

En 2019 se crearon apenas 340,000 puestos de trabajo formales, mientras que este año, hasta mayo, se habían perdido un poco más de un millón de empleos formales y al menos 10,000 empresas registradas ante el Seguro Social cerraron sus puertas. El golpe a la economía formal ocasionará a su vez una merma a los ingresos que obtiene el gobierno a través de los impuestos, vitales para financiar el presupuesto público.

El problema para la economía informal es mayor, aunque no es cuantificable con números exactos. En la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo de INEGI de abril se contabilizó a 12.5 millones de personas fuera del mercado laboral, es decir sin ingresos o sin trabajo. Poco más de 10 millones de ellos se ocupaban de manera informal.

La incertidumbre sobre cuánto durará la crisis y cómo será la recuperación de la economía permeó hasta Banxico. En mayo, la institución encargada de dictar la política monetaria del país presentó tres escenarios probables, lo cual no suele hacer. La razón fue que no había suficiente información disponible para proyectar un escenario base.

El peor escenario de Banxico es una contracción de 8.8% en 2020 —lo que significaría la mayor caída desde 1932— y una recuperación de 4.1% en 2021. Bajo esta perspectiva, la gráfica de la recuperación económica tendría forma de “V” profunda: tras la caída, el rebote no lograría compensar el año siguiente todo lo perdido.

El segundo contempla una baja de 8.3% del PIB y un rebote de 4% en 2021. Con ello, la recuperación sería en forma de “U” profunda: la economía se quedaría estancada en una depresión por un periodo más largo y lograría recuperarse lentamente en 2021 y 2022.

El tercer escenario —el más optimista— tiene forma de “V”, con una caída de 4.6% este año y un rebote de 4% para el 2021. Este es el panorama que vislumbra AMLO, pero que no comparte su secretario de Hacienda, Arturo Herrera, quien ha reconocido que la recuperación será en forma de V asimétrica o de palomita (como la de la marca Nike), con lo que reconoce que la caída no será igual que la subida.

Otro escenario es el de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que encabeza el exsecretario de Hacienda mexicano José Ángel Gurría, quien anticipa que será en forma de “W”: con subidas y caídas abruptas, pues sectores como el turismo y las exportaciones serán afectados largamente; prevé también que los flujos de remesas —otro ingreso importante para 1.8 millones de familias en México— van a disminuir.

El peor escenario lo dio BBVA México, con una contracción de 12% en 2020 y una recuperación tan lenta que podría extenderse hasta 2025, incluso una vez terminado el sexenio de AMLO.

Arturo Herrera y el exasesor económico de AMLO, Gerardo Esquivel —actual subgobernador de Banxico—, han señalado que los bancos y los analistas internacionales están siendo demasiado pesimistas con sus pronósticos. En privado, los expertos de las corredurías aseguran que el riesgo que significa el presidente y algunos integrantes del gabinete para la inversión privada es demasiado alto como para ser optimistas. Además, el gobierno mexicano es uno de los que menos estímulos económicos ha inyectado para aliviar la crisis de empleo entre los países del G20.

Así que, por más optimismo que el presidente intente inyectar en sus conferencias diarias, la economía no será mejor en la primera mitad de su sexenio de lo que se la entregaron los gobiernos “neoliberales”.

El fantasma del sexenio económico perdido ronda más cerca al gobierno del presidente AMLO de lo que se percibe. La catástrofe aún se puede evitar si el gobierno implementa un nuevo plan de estímulos económicos para las empresas y reasigna el gasto público hacia sectores que detonen la actividad económica y el empleo, como la construcción. También es imprescindible que el presidente y los integrantes de su gabinete envíen señales de certeza para la inversión privada; de otra manera, el peor escenario podría materializarse.

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