María Florencia Alcaraz es periodista especializada en temas de géneros y derechos humanos. Vive en Argentina y es una de las directoras de LATFEM.

—¿Qué voy a poner en tu mano? —pregunta el pastor desde una tarima en el Templo Ondas de Amor y Paz, en el barrio de Almagro en Buenos Aires, Argentina.

—Alcohol en gel con nardo puro —contestan desde el público.

—Hermano, vas a estar listo para vencer la crisis, vencer al coronavirus y vencer a la misma muerte.

El pastor Héctor Giménez, la cara más visible de los predicadores evangélicos de la televisión argentina, fue pionero entre sus pares de América Latina y el Caribe en subestimar el impacto del COVID-19 e instrumentar la crisis para hacer sus propios negocios. El fundador de la Cumbre Mundial de los Milagros ofrecía alcohol en gel con “poderes curativos” a 1,000 pesos argentinos (equivalente a casi 15 dólares). El engaño quedó registrado en un video que se hizo viral una semana después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara al coronavirus como pandemia en marzo, y donde se escucha el diálogo mencionado arriba. Giménez terminó imputado por venta a un precio “excesivamente mayor al del valor de mercado”.

En Chile, el 4 de abril, el pastor José Salgado, contagiado de coronavirus, incumplió las medidas de confinamiento y ofreció un culto en una pequeña iglesia evangélica en villa Volcán de Bajos de Mena, comuna de Puente Alto. Treinta personas que fueron a la ceremonia debieron ser aisladas y la Fiscalía Metropolitana Sur abrió una investigación contra el pastor. En la Región del Biobío, al sur chileno, la Unidad Evangélica y la Coordinadora de Iglesias Evangélicas Pentecostales presentaron una denuncia contra el Estado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por “violación de la libertad de culto” por las restricciones sanitarias. Las escenas de templos convertidos en escenarios de secuencias policiales con carabineros y clausuras son recurrentes en los medios chilenos. Imágenes calcadas pudieron verse en Perú, donde los cultos virtuales no alteraron la recolección del diezmo, según una nota de Ojo Público.

“Hay una instrucción que Dios le dio a un pastor mientras estaba en un ayuno de siete días —dice un hombre no identificado en un video publicado el 30 de abril por el Ministerio Apostólico y Profético Internacional El Buen Pastor, en Lima, Perú, iglesia liderada por el pastor Yhon Guichón Aguayo—. Al séptimo día, el pastor sintió todos los síntomas, los efectos de este virus y el espíritu santo le dio unas instrucciones muy hermosas(...) Le dijo que se tomara té de manzanilla con hojas de limón”.

Las fuerzas ultraconservadoras evangélicas neopentecostales de la región han reaccionado de manera defensiva ante las medidas de los gobiernos para contener la propagación de casos y evitar más muertes. Y aunque sus respuestas no representan la totalidad del mundo religioso, confluyen en la subestimación del impacto letal del COVID-19.

Estos discursos y acciones marcan un cambio de rumbo de la agenda de estos grupos que van pendulando en sus tópicos y en los enemigos que construyen. Si antes de la pandemia sus esfuerzos estaban puestos primordialmente en el lobby contra derechos como el matrimonio igualitario, la identidad de género, la educación sexual y el aborto, ahora también apuntan a cuestionar las medidas epidemiológicas y cargan sus dardos contra entidades como la OMS y Organización de las Naciones Unidas, rechazando los mandatos de aislamiento, instrumentando la crisis, y difundiendo teorías negacionistas, además de reciclar algunos discursos de odio, intentando responsabilizar a minorías como grupos feministas y organizaciones LGBT+ por el virus.

Y no son solo líderes religiosos, sino también políticos y líderes seculares quienes están aprovechando la pandemia para marcar una agenda que señala al coronavirus como la consecuencia de no acatar las medidas defendidas por los ultraconservadores.

En Argentina, la diputada provincial por Santa Fe, Amalia Granata, referente antiderechos local, publicó un tuit en el que expresaba: “Quisieron legalizar la muerte y la muerte vino a visitarlos”. El senador del partido MasFE y pastor evangélico de Mendoza, Hector Bonarrico, reclamó subsidios para las iglesias evangélicas en este contexto: “hay más muertes por abortos que por el COVID(-19), entonces tendríamos que estar encerrados para que no haya abortos". Entre otras intervenciones, Agustín Laje, vocero del neoconservadurismo regional, y Mamela Fiallo, ecuatoriana portavoz para Sudamérica del Partido Libertario Cubano compartieron un video “desnudando a la OMS”, donde apuntan a la entidad y trazan una retórica anti China.

No son situaciones desconectadas entre sí. El futuro plantea una narrativa en disputa y no pueden relativizarse estos episodios. Deben analizarse a la luz de la reciente detención de Sara Winter, vocera de las fuerzas ultraconservadoras brasileñas que fue apresada el 15 de junio y a quien se le imputan delitos contra la democracia. Fue detenida junto a otros cinco miembros del grupo “300 do Brasil”, una “milicia armada”, con rasgos similares a los movimientos de la extrema derecha europea, que armó un campamento en la Explanada de los Ministerios, en Brasilia. Han participado de protestas a favor del presidente Jair Bolsonaro y contra las medidas de aislamiento. Estos grupos reclaman el cierre del Congreso y la Suprema Corte y el retorno del régimen militar.

Antes de su arresto, Winter tuvo su computadora, celular y tablet confiscados en el marco de una investigación por difundir noticias falsas. En los últimos años ha estado de gira por la región haciendo lobby antigénero. El mayo de 2018 expuso en el debate por el aborto legal en el Congreso argentino y luego recorrió varias provincias. También la recibieron en Colombia, Ecuador, Uruguay y Paraguay.

La situación de Brasil, como epicentro de la pandemia, es particular por el negacionismo de Bolsonaro que empuja al país a una masacre sin precedentes. Allí, según un reportaje de Agencia Pública, las megaiglesias evangélicas como la Universal del Reino de Dios, de Edir Macedo; la Asamblea de la Victoria de Dios en Cristo, de Silas Malafaia; y la Iglesia Mundial del Poder de Dios, de Valdemiro Santiago, se resistieron al confinamiento. “Debe tener el antídoto que se llama coronafe”, llegó a decir Macedo. En mayo, el alcalde de Río de Janeiro y pastor, Marcelo Crivella, permitió que se abrieran los templos como “servicios esenciales” pero un juez suspendió la medida.

Cuando se habla de los movimientos ultraconservadores es común escuchar que se trata de un lobby antigénero. En rigor, son antidemocracia. La crisis económica y social, derivada de la emergencia sanitaria, allana el terreno para discursos de miedo y la solidificación de ideas ultraconservadoras. La fe puede convertirse en una tabla segura para muchas personas en un océano de incertidumbre ante una normalidad distorsionada y sociedades dispuestas a la escucha frente a lo desconocido. Estas reacciones negativas no pueden minimizarse porque habitamos una región donde los derechos conquistados están en permanente riesgo.

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