¿El simple hecho de respirar el aire puede infectarte con el nuevo coronavirus? O una pregunta más preocupante: ¿Perdura el virus en el aire? Estas preguntas están apareciendo más a menudo junto a respuestas que han dejado a muchas personas confundidas y sumidas en la incertidumbre. Comprender cómo se propaga el virus sigue estando en el centro de todas las decisiones difíciles que habrá que tomar en los próximos meses: retorno a clases, deportes, restaurantes, bares, conferencias, conciertos, tiendas, transporte, entre otras cosas.

El virus se propaga entre personas en contacto cercano. Cuando las personas tosen, estornudan o gritan, expulsan el virus en diferentes cantidades y tamaños. Las investigaciones muestran que el virus usualmente es transportado en pequeñas microgotas respiratorias de unas cinco micras o más grandes. Cuando son inhaladas, pueden volver a infectar. Estas microgotas respiratorias por lo general caen al suelo en un radio de 90 a 180 centímetros. Mantener la distancia ayuda a reducir la propagación y los cubrebocas pueden ser muy efectivos bloqueando que las microgotas sean inhaladas o exhaladas.

También es evidente que el virus puede ser recogido de las superficies, por lo que lavarse las manos es esencial.

Por razones obvias, la preocupación pública sobre otra posibilidad ha incrementado recientemente: que el virus pueda perdurar horas en el aire. Esto propone que las partículas virales aéreas, diminutas y menores a cinco micras, podrían ser exhaladas y permanecer suspendidas en el aire, girando como polvo o polen. Un grupo de 293 científicos e ingenieros liderados por Lidia Morawska y Donald K. Milton solicitaron hace poco en la publicación Clinical Infectious Diseases que se le diera más atención a esta posibilidad. Las implicaciones podrían ser inquietantes y disruptivas: los cubrebocas podrían ser inútiles contra este tipo de partículas diminutas; el distanciamiento social podría no servir de nada a dos metros; y las aulas de clases, tiendas y oficinas podrían necesitar de importantes nuevas medidas de control, como mejoras en los sistemas de ventilación.

Algunos virus sí logran perdurar en el aire: el sarampión puede seguir siendo contagioso por dos horas en un espacio cerrado. Afortunadamente, la evidencia científica hasta el momento muestra que el coronavirus NO se comporta como el sarampión. Michael Klompas y otros colegas señalan en el Journal of the American Medical Association que antes de los esfuerzos de mitigación, el ritmo reproductivo del coronavirus se estimaba cerca de 2.5, lo que significa que cada persona infectada terminaba infectando a un promedio de dos a tres personas de modo similar a la influenza y bastante diferente al sarampión, cuyo ritmo reproductivo está por el orden de 18.

Sin embargo, un conjunto de factores podrían unirse y crear eventos de “superpropagación” en la que la transmisión por aire juega un papel importante. Estos eventos por lo general son el resultado de una combinación de mala ventilación, espacios cerrados limitados, y mayor duración e intensidad de exposición. Ejemplos recientes incluyen un ensayo de un coro, los espacios estrechos de un buque de guerra, y numerosos clubes nocturnos. Estas ráfagas pueden ser menos frecuentes que otros eventos de propagación, pero provocan un gran impacto.

Conclusión: lo más probable es que no contraigas el coronavirus de una brisa en la calle. Sin embargo, debes certificar lo que está bajo tu control. Utiliza un cubrebocas, lávate las manos, abre las ventanas, evita los espacios cerrados y concurridos y, al menos por ahora, evita los clubes nocturnos.

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