Julio Astillero es periodista. Es columnista del diario ‘La Jornada’ y conduce en redes sociales los programas ‘Videocharlas Astilladas’ y ‘Astillero Informa’.

Este sería un guión ideal para una serie de televisión: un joven millonario, con una familia exitosa en la política y los negocios, consigue financiamiento sucio para una campaña presidencial. Es premiado con un cargo público suculento y se esmera en obtener dinero por actos de corrupción. Posteriormente cae en desgracia, huye y, tras ser encarcelado en el extranjero, es devuelto a su país para delatar a parte de la élite política de la que formó parte.

En México el nombre del personaje es Emilio Lozoya Austin. Fue coordinador de asuntos internacionales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) con el expresidente Enrique Peña Nieto como candidato presidencial. Desde entonces, y después cuando fue nombrado director de la empresa Petróleos Mexicanos (Pemex), supuestamente recibió más de 10 millones de dólares de la empresa brasileña Odebrecht, la cual usó esos sobornos para obtener contratos.

En esta novela política, el caso Lozoya entraña enormes posibilidades para un magno intento de corrección y castigo a los principales responsables de la corrupción terrible y criminal desde cargos públicos, en contubernio (obligado o por voluntad propia) con empresarios de todo nivel. Esta, en combinación con la crisis sanitaria del COVID-19 y sus consecuencias económicas devastadoras, tiene hoy a México en una situación grave.

El guionista de la serie encontraría elementos interesantes al saber que la extradición de Lozoya —según un reporte de La Jornada— fue negociada desde diciembre del año pasado por su padre, quien fue un alto funcionario durante la administración del expresidente Carlos Salinas de Gortari, uno de los dos principales rivales políticos del actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (el otro contrincante enconado es el expresidente Felipe Calderón Hinojosa).

En esa negociación, de acuerdo con lo que ha revelado el propio presidente López Obrador, Lozoya aceptó “regresar (a México) y se comprometió a informar de estas situaciones, qué fue lo que sucedió” en cuanto a corrupción en Pemex y otros negocios. El fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, aseguró que el extraditado “ofreció su colaboración para esclarecer los hechos que le han sido imputados”.

Además de los señalamientos específicos contra los exmandatarios Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, se espera que Emilio Lozoya dé información, incluso videos, que afectarían a exlegisladores federales y a sus partidos, y también a la reforma energética que fue impulsada y aprobada en el sexenio de Peña Nieto. “También hay informes de que pagaron para tener los votos de la reforma energética (en el Congreso federal), que se dieron sobornos”, informó López Obrador.

Las acusaciones de Lozoya, ya negociadas y esperadas, implicarían una reactivación de la esperanza de que el gobierno de López Obrador, que llegó al poder justamente por el hartazgo popular ante tanta corrupción impune, dé pasos firmes y serios en contra de los grandes depredadores del dinero público. Esto a pesar de que, desde que era candidato, y de manera reiterada ya como presidente, ha advertido que no está a favor de acciones judiciales contra expresidentes. Pero, a la vez, ha señalado que si las indagatorias del caso Lozoya (iniciadas en el gobierno anterior) llegan hasta Peña Nieto, no hará nada para detener un eventual procesamiento judicial.

Las altas expectativas que ha generado el expediente Lozoya corren el riesgo, desde luego, de quedar atoradas en niveles menores y no llegar a lo más alto de las estructuras del poder mafioso mexicano. Y, también, de convertirse en un episodio de fortalecimiento electoral del presidente en turno y su partido, Morena, que en 2021 enfrentará un intento de sus opositores de rescatar su presencia en la Cámara de Diputados, en casi la mitad de las gubernaturas de los estados, y en congresos locales y presidencias municipales de buena parte del país.

El arribo a México de Lozoya añadió dudas, especulaciones y suspenso a la trama. A pesar de que hasta el momento no se ha dictado una suspensión de la acción penal a cambio de sus delaciones, no ha pisado la cárcel en su país de origen. Del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, procedente de Madrid, se le llevó a un hospital de lujo pues, según se informó, al practicarle una revisión médica se detectó que sufría de anemia y problemas del esófago.

Durante horas se desconoció su paradero oficial. Cámaras y reporteros fueron engañados con un convoy de camionetas policiacas en las que se colocó a una persona con apariencia de ser Lozoya para trasladarse del mencionado aeropuerto al Reclusorio Norte de la capital. Mientras, el verdadero Lozoya era enviado a un cuarto de hospital, donde habrá de recibir atención médica durante diez días. En ese tiempo no podrá emitir las declaraciones judiciales tan esperadas por muchos y tan temidas por otros. Esta historia, digna de una serie, apenas inicia.

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