EL NUEVO coronavirus está causando un sufrimiento global que probablemente persistirá hasta que los científicos produzcan una vacuna efectiva. Con tanto dependiendo de una vacuna, algunos piden una herramienta epidemiológica poco conocida para acelerar las pruebas: ensayos clínicos de exposición en humanos. Bajo ciertas condiciones, los ensayos de exposición en humanos —en los que las personas se ofrecen como voluntarios para exponerse deliberadamente a un patógeno— podrían acelerar el desarrollo de la vacuna al brindarle a los científicos una respuesta rápida sobre lo que está y no está funcionando. Dada la creciente destrucción que ha causado la pandemia, se deben considerar propuestas que podrían colocar al mundo en un camino hacia la recuperación lo ante posible, incluso si son propuestas arriesgadas.

Convencionalmente, después de que se demuestra que una vacuna es segura para humanos, miles de voluntarios se dividen en dos grupos: la mitad recibe la vacuna, la otra mitad recibe un placebo. A medida de que los voluntarios continúan con sus vidas durante meses, una fracción de ambos grupos estará expuesta al patógeno. Los investigadores comparan a los grupos para ver si una menor cantidad de los que fueron vacunados se enfermaron. Con los ensayos de exposición, en vez de esperar durante meses con la esperanza de que suficientes participantes sean expuestos —cosa que podría ser complicada bajo las órdenes de distanciamiento social—, las personas jóvenes y sanas aceptan exponerse al patógeno y luego se les observa, lo que proporciona evidencia sobre la efectividad de una vacuna con mucha más rapidez. Debido a que los ensayos de exposición garantizan esta exposición al patógeno, estos también podrían proporcionar información útil con una menor cantidad de participantes.

Por supuesto, existen consideraciones que deberían gobernar el uso de los ensayos de exposición en humanos, algunas de las cuales la Organización Mundial de la Salud y los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos presentaron recientemente. Se necesitarían procedimientos sólidos para informar a los voluntarios sobre los riesgos, tal vez similares a los que se usan para los miles de estadounidenses quienes anualmente se ofrecen como voluntarios para donar un riñón. Los riesgos de mortalidad para una persona joven y sana que contrae el coronavirus parecen ser más o menos los mismos que los asociados con la donación de riñón, aunque todavía hay muchas cosas que no sabemos sobre las implicaciones a largo plazo del coronavirus. Aún así, decenas de miles de personas de 140 países han mostrado interés preliminar en ofrecerse como voluntarios para ensayos de exposición.

En última instancia, el juicio sobre utilizar ensayos de exposición en humanos para acelerar el desarrollo de la vacuna dependerá de una serie de cálculos de riesgo, muchos de los cuales permanecen envueltos en la incertidumbre. Es posible que una vacuna demuestre ser efectiva en las últimas etapas de la prueba, en cuyo caso, cualquier ventaja que se haya ganado al usar ensayos de exposición puede no valer los riesgos. Sin embargo, los ensayos de vacunas tienen altas tasas de fracaso: en una situación de pesadilla, una vacuna efectiva aún podría estar a años de distancia. Los riesgos de implementar ensayos de exposición pueden terminar superando los beneficios, pero con tanta incertidumbre, y la devastación que persistirá hasta que llegue una vacuna, tiene sentido construir la infraestructura reguladora, médica y ética para respaldar los ensayos de exposición ahora, independientemente de si estamos seguros de que las usaremos.

Leer más: