No te puedo decir si deberías o no ir a ver Tenet, el nuevo thriller de espías de Christopher Nolan que se estrena esta semana, en una verdadera sala de cine. Antes de la pandemia del COVID-19, la decisión era sencilla: ve a ver las buenas películas y espera a que las otras aparezcan en algún servicio de streaming. Pero eso era en aquel momento, y en esta realidad, el cálculo entre el riesgo y la recompensa se ha vuelto tan personal y complicado, que es imposible hacer esas cuentas en nombre de otra persona.

Lo que sí te puedo decir es esto: Tenet no es una gran película, aunque es un ejemplo muy útil del poder que tiene ver una película en el cine. Y el debate alrededor de decidir ir a verla dice mucho sobre cómo la pandemia ha complicado nuestra toma de decisiones.

El crítico y profesor de estudios culturales Phillip Maciak argumentó que la insistencia de Nolan de que Tenet se estrenara en la gran pantalla —y, preferiblemente, que los espectadores la vieran en la pantalla más grande posible— lo ha convertido en “un villano secundario de la pandemia”, al presionar de forma testaruda al público a regresar a las salas antes de que sea seguro para ellos hacerlo de forma masiva.

Si crees que la diferencia entre ver una película proyectada en una pantalla gigante y verla desde tu casa por televisión en un servicio de streaming es sobretodo un asunto de presentación, entonces sin duda intentar llevar enormes cantidades de personas de vuelta a las salas de cine es un capricho, uno quizás incluso mortal. Pero si crees, como el argumento de Nolan sugiere, que las películas creadas para las grandes salas de cine son una forma artística fundamentalmente distinta a cualquier cosa que sale en la pequeña pantalla, la apuesta es otra.

De acuerdo con esta visión del mundo, si las salas de cine mueren, toda una categoría de arte morirá con ellas. Dejar que la industria de la exhibición de cine sea destruida sería el equivalente a prohibirle a cualquiera que esculpa, escriba o grabe canciones pop de tres minutos. Además, estaría dando el mensaje de que muy pocas personas tendrán la capacidad de apreciar las piezas del género que ya existen, debido a que los medios de distribución dejarían de existir excepto en unas pocas zonas densamente pobladas. Una de las formas artísticas más populares del mundo se convertiría de súbito en algo parecido a la Mona Lisa en cuanto a su rareza y accesibilidad.

Esas perspectivas conflictivas dan paso a cálculos muy diferentes acerca de si regresar o no a las salas de cine.

Si ir al cine solo se trata de elegir un formato sobre otro, entonces comprar una entrada podría no valer la pena. Después de todo, ¿cuál es el punto de distraer tu mente de la pandemia por un par de horas solo para sucumbir a una enfermedad que estás ansioso por olvidar, solo porque algún imbécil no se volvió a poner su cubrebocas tras darle un sorbo a su gigantesca bebida?

Pero si al ir al cine estás emprendiendo una batalla para salvar a toda una expresión artística, entonces podrías estar más dispuesto a tomar riesgos de lo que lo estarías ante algo que percibes como un simple placer. El COVID-19 es una horrenda enfermedad que ya ha matado a más de 182,000 estadounidenses. Aunque se sigue ignorando mucho sobre la enfermedad, las primeras experiencias sugieren que puede plantear serias implicaciones de salud a largo plazo incluso para las personas que no exhiben síntomas severos. Aun así, es posible que algunas personas consideren tan insoportable la idea de vivir sin cines, que estén dispuestos a aceptar algunos riesgos para prevenir ese desenlace.

En cuanto a si Tenet es la película por la cual deberías asumir ese riesgo, mi veredicto es mixto. Tenet está llena de vestuarios tan fabulosos que te hará arrepentirte de tu “estilo deportivo” de cuarentena. También tiene varias secuencias de acción genuinamente emocionantes, en especial la que inicia la película. John David Washington, quien interpreta a un personaje conocido solo como “el protagonista”, tiene un encanto letal que va muy bien con el humor silencioso de Robert Pattinson y la gélida fragilidad de Elizabeth Debicki.

Sin embargo, la película también está llena de suficientes cabos sueltos como para confeccionar uno de esos vestuarios hermosos. Tenet es tan compleja que su trama de hecho menoscaba la insistencia de Nolan de que está diseñada para ser vista en una sala de cine. Esta es una cinta que prácticamente le ruega a la audiencia que ponga pausa, retroceda un poco y vuelva a darle “play”, mientras a la vez nos hacemos con algunas tachuelas e hilos de colores brillantes para diagramar mejor sus giros y sorpresas.

Sin embargo, justo ahora, la calidad general de la película es difícil de separar de la alegría de simplemente estar de vuelta en una sala de cine. Cuando apagaron las luces, comenzó la música y la primera escena, sentí una presión en mi pecho. Y por primera vez en seis meses, esa sensación no significó que tuviera miedo. Tenet es una película sobre ser traído de vuelta al pasado una y otra vez. Verla me ayudó a creer que las idas al cine podrían tener futuro.

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