Eileen Truax es periodista en Estados Unidos y autora de, entre otros libros, ‘We Built the Wall: How the U.S. Keeps out Asylum Seekers from Mexico, Central America and Beyond’.

Este 2020, además de la pandemia, la recesión, y la oportunidad de un cambio de gobierno, marca un hito en la historia de Estados Unidos: por primera vez el número de posibles votantes que se identifican como latinos será superior al de los votantes afroestadounidenses. De los 60 millones de latinos que viven en este país, 32 millones son elegibles para votar en un par de semanas, lo cual representa 13% del electorado total. Son el segundo mayor grupo después de los votantes blancos.

Siendo un grupo tan numeroso, sorprende que con tanta frecuencia se siga hablando del voto latino como un fenómeno uniforme, un grupo monolítico que piensa y actúa políticamente de una sola manera. En 2016, al menos uno de cada cinco latinos votó por el actual presidente Donald Trump a nivel nacional. En los círculos de análisis, sobre todo fuera del país, esta suele ser una de las preguntas más frecuentes al hablar del tema. Si Trump ha basado su campaña política en un discurso contra los inmigrantes, ¿cómo es que hay latinos que votan por él?

En general, los latinos tienden a votar por el Partido Demócrata en una proporción de dos a uno respecto al Partido Republicano, pero la forma en que votan los latinos en Florida suele ser diferente a la de los latinos en California, o quienes viven en el Medio Oeste, donde se encuentran algunos de los llamados swing states, los estados que podrían decantarse por cualquier candidato en el último minuto.

Son varios los factores que intervienen y se entrelazan en esta ecuación: la edad, el credo, el género, o la ubicación geográfica determinan la preferencia electoral de los latinos tanto como la de cualquiera de los otros grandes grupos de votantes en el país. Pero hay otros elementos que juegan un rol también, como el país de origen y la historia de arribo y permanencia familiar en Estados Unidos.

Los latinos de origen cubano se han inclinado hacia el Partido Republicano durante varias décadas, especialmente aquellos que vivieron directamente el régimen de Fidel Castro. A pesar de que estos votantes representan solo 2% del total de la población latina, en Florida —uno de los swing states clave — son casi 30% de todos los hispanos del estado. En esta elección, seis de cada diez se inclinan por el Partido Republicano, en contraste con 65% de los hispanos no cubanos, que se inclinan por el candidato demócrata, Joe Biden.

Muy distinto es el caso de los votantes de origen mexicano, que son 63% de los votantes hispanos a nivel nacional, aunque en estados como California, Nuevo México o Nevada el porcentaje es mayor.

Hay que entender la relación del votante latino con la inmigración. Del total de los latinos registrados para votar, dos tercios son inmigrantes o pertenecen a las dos primeras generaciones de su familia nacidas en Estados Unidos. Es más común que estos grupos aún hablen español, y es más fácil que la retórica antiinmigrante de Trump, o la preocupación sobre la posible deportación de alguien cercano influya en su decisión electoral, aun cuando ellos no se encuentren a merced de las leyes migratorias. Este dato, sin embargo, tampoco garantiza el voto por los demócratas. En septiembre, 65% de los latinos dijo que planeaba votar por Biden o estaba inclinado a ello, por debajo de 79% que dijeron apoyar a la demócrata Hillary Clinton en 2016.

Si la cercanía con la historia de inmigración de la familia es determinante para dos terceras partes de los votantes latinos, el otro tercio, conformado por quienes han vivido por tres o más generaciones en el país, suele tener una perspectiva distinta. Al ser cuestionados sobre su identidad, más de la mitad se describe como un “típico estadounidense”, y no como latino u originario de otro país. Es decir, quienes pertenecen a este grupo con frecuencia no suelen sentirse afectados por los cambios que puedan ocurrir en las políticas migratorias, y deciden su voto con base en otros factores.

Pero más allá de la relación con el tema migratorio, el elemento clave para entender la participación electoral de los latinos es el mismo que el de los demás: su condición de ciudadanos de Estados Unidos. Como ocurre en cualquier otro país, los votantes, latinos o no, se identifican con las propuestas de los candidatos o los partidos políticos en la medida en que estas atiendan las necesidades más urgentes para su vida cotidiana y propongan alternativas que parezcan viables para sortear asuntos de importancia. Y en general, estos asuntos afectan por igual a la mayor parte de la población.

En una encuesta publicada en septiembre, donde se consulta a los votantes registrados sobre los temas de relevancia para determinar por quién votarán, las respuestas entre votantes latinos y votantes en general son las mismas: el tema que más les preocupa es la economía, seguido por acceso a servicios de salud, la pandemia de COVID-19, la desigualdad racial y étnica, y el crimen violento. En ambos casos, las políticas de inmigración aparecen en octavo lugar de sus prioridades.

Este año, nuevamente, los latinos se inclinan dos a uno por Biden, pero no “porque son latinos”; sus razones para hacerlo son diversas, tanto como sus intereses y necesidades, y estos continuarán transformándose. El crecimiento de este electorado en los últimos cuatro años se debe mayormente a la incorporación de jóvenes latinos nacidos en Estados Unidos tras haber alcanzado los 18 años. De 2016 a 2020, un poco más de tres millones y medio de latinos se convirtieron en potenciales votantes.

Este cambio generacional, desde luego, apunta también hacia el lado demócrata en los próximos años. La Generación Z —jóvenes nacidos después de 1996— se caracteriza por un mayor acceso a la educación y la información, y tiene una actitud más liberal en temas como la desigualdad racial, el cambio climático y el desempeño de los gobernantes. Y en el caso de quienes ya tienen edad para votar, uno de cada cinco es latino.

Si el Partido Demócrata desea conservar ese voto, tendrá que empezar a reconocer la diversidad de la comunidad latina que, más allá que eso, es una comunidad de ciudadanos estadounidenses cuyo voto deben dejar de tomar por sentado.

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