Independientemente del resultado de estas elecciones en Estados Unidos, una cosa queda clara: los instintos políticos del presidente Donald Trump han sido reivindicados, sobre todo en Florida. La política hiperbeligerante de su gobierno contra los atroces regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua no ha tenido éxito alguno en lograr cambiar el liderazgo o el panorama político en esos países, pero sí logró otorgarle al presidente el premio electoral más crucial de Estados Unidos.

La victoria sorprendentemente cómoda de Trump en el estado del sol es un testimonio de su visión de que, si quieres ganar a lo grande en esas comunidades de exiliados, la postura “de macho” es una estrategia más efectiva que una diplomacia cuidadosa. A los exiliados traumatizados les encantaría ver derrocados a los gobernantes que desprecian en sus países de origen, pero de no poderse, muchos de ellos están más que dispuestos a conformarse con la venganza.

Para dejarlo claro, la política de máxima presión del gobierno de Estados Unidos hacia las autocracias de izquierda de América Latina ha logrado agredir a la gente común y ha hecho muy poco para perturbar a los jerarcas de los regímenes. Los bodegones administrados por militares en Venezuela están repletos de costosos productos importados que la enorme mayoría de venezolanos jamás podría costearse. Caracas es ahora el tipo de ciudad donde unos pocos con buenas conexiones pueden abrir una aplicación y pedir que les envíen a sus casas un poke bowl o una botella de Prosecco en minutos, mientras la mayoría de la población se va a la cama con hambre. La Habana ha sido así por décadas. Ninguno de los dos regímenes ha dado señales de debilitarse, aun cuando su gente está cada vez más desesperada.

Las sanciones punitivas de Estados Unidos que mantienen a las élites en el poder mientras todos los demás se mueren de hambre están supuestamente diseñadas para expulsar a esas élites del poder, aunque se necesite de una gran cantidad de explicaciones para conectar los supuestos medios con el fin declarado. En realidad, es evidente desde hace tiempo que sus verdaderos objetivos son internos: atender a las comunidades de exiliados, pequeñas pero influyentes, en un estado electoralmente decisivo.

La táctica fue cínica pero efectiva. Podría resultar suficiente para mantener a Trump en el poder. Para los venezolanos comunes atrapados entre un gobierno criminal y una comunidad de exiliados vengativos y felices de conformarse con la postura trumpiana, esta situación es una tragedia.

Para Trump, sin duda, ha sido un gran éxito.

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