“Proteger nuestra democracia requiere lucha. Requiere sacrificio. Pero hay alegría en ello”, afirmó la vicepresidenta electa Kamala D. Harris cuando subió al escenario por primera vez desde que ella y el presidente electo Joe Biden fueron anunciados como ganadores de las reñidas elecciones de 2020 en Estados Unidos.

Esa frase fue la síntesis perfecta de la tarea que tiene ante sí el nuevo gobierno. Biden y Harris deben movilizar a un país exhausto para combatir la creciente pandemia del coronavirus, y hacer realidad esos planes bondadosos que prometieron en campaña, pero que no pueden cumplir solos. Durante una noche, al menos, lograron equilibrar perfectamente la solemnidad con el júbilo, y canalizar esos impulsos en un llamado a la acción.

Biden y Harris enfatizaron visualmente los contrastes que los hacen complementarios. Harris, la primera mujer negra en ser elegida para uno de los dos cargos más importantes del país, vestida de color blanco sufragista, lució un traje y una blusa que bajo las luces del mitin se vieron tan relucientes como su sonrisa. Biden, cuyas raíces de clase trabajadora y familiaridad con el luto se convirtieron en un aspecto poderoso de su atractivo, vistió un traje oscuro estándar para un político.

Sin embargo, también parecieron canalizarse mutuamente. Harris, haciendo un guiño a la gran fortaleza de Biden como un “sanador”, reconoció las luchas de sus partidarios, y luego de manera hábil convirtió el recuerdo de esas pérdidas en firmeza para la lucha venidera, al decir que ambos habían visto “su coraje, su resiliencia y la generosidad de su espíritu”. Biden parecía haber adquirido algo de la energía de Harris: Estaba claramente tan emocionado que trotó al escenario cuando su compañera de fórmula lo presentó.

Gran parte de los discursos de Harris y Biden fueron trivialidades, y ese pareció ser el punto. Tras cinco años de las provocaciones del presidente Trump, escuchar a Biden decirle a los trabajadores electorales que “se merecen un agradecimiento especial de toda la nación” es el equivalente a escuchar un video de meditación guiada. Este es un hombre que traerá chistes de papá —en vez de drama— a la Casa Blanca, como cuando le dijo a Harris: “Kamala, Doug, les guste o no, son parte de la familia. Ya son Biden honorarios, ya no tienen escapatoria”.

Sin embargo, la pregunta es, ¿cuánta normalidad quieren en realidad los partidarios de Biden? Un discurso muy convencional puede ser un ungüento refrescante en un país inflamado, pero no queda claro todavía si ese es el tratamiento que curará la herida subyacente. Para gran parte de los estadounidenses, la idea de júbilo no es exactamente compatible con la posibilidad de regresar a como eran las cosas, y la reconciliación parece ser muy incierta.

En efecto, la multitud en Delaware estuvo relativamente callada cuando Biden argumentó el que podría ser el punto más difícil de vender de su presidencia: “Démonos una oportunidad. Es hora de abandonar la retórica agresiva, de bajar la temperatura, de volvernos a ver. De volvernos a escuchar. Y para poder progresar, tenemos que dejar de tratar a nuestros oponentes como enemigos”, le dijo Biden al público. “Este es el momento de sanar en Estados Unidos… Dejemos que esta sombría era de demonización en Estados Unidos comience a desaparecer aquí y ahora… Es una decisión, una elección que hacemos. Y si podemos decidir no cooperar, podemos entonces decidir cooperar. Y creo que esto es parte del mandato que nos ha dado el pueblo estadounidense. Quieren que cooperemos para su beneficio”.

Cualquier observador de las campañas de Biden está familiarizado con su afición por La cura en Troya del poeta Seamus Heaney, en particular las líneas De pronto, una vez en la vida / La ola tanto tiempo esperada / De la justicia puede levantarse / y lograr que la esperanza y la historia rimen. Pero la pieza, la cual estaba siendo escrita en el momento en que Nelson Mandela salió en libertad, trata de más cosas. No es simplemente una celebración de la llegada espontánea de la justicia, sino un testimonio del poder de lidiar con viejas heridas, y lo que yace más allá del deseo de venganza.

Biden lo sabe: a finales de octubre, su campaña lanzó un video que incluye al candidato demócrata leyendo una versión más completa de La cura en Troya.

Los hombres sufren / Se torturan los unos a los otros / Se lastiman, se endurecen, comienza el poema. Y luego de las líneas que Biden hizo famosas, Heaney continúa: Así que espera por un gran cambio / En el lado más lejano de la venganza. / Cree que una orilla más lejana / Se puede alcanzar desde aquí. / Cree en milagros. / Y en remedios y pozos curativos.

Por ahora, el triunfo de Joe Biden y Kamala Harris es lo que tenemos en lugar de milagros y pozos curativos. Ya veremos si es suficiente.

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