La evidencia está ahí para quien quiera verla: seis minutos de silencio total y un programa entero de groserías al aire, que reflejan la violencia y micromachismos cotidianos que vivimos las mujeres en México.

La semana pasada John Ackerman, coconductor del programa de televisión John y Sabina en Canal Once—un canal público—, ignoró y fue irrespetuoso y hostil al aire con su coconductora, Sabina Berman.

Berman y Ackerman —esposo de Irma Eréndira Sandoval, secretaria federal de la Función Pública— habían sido tema en las redes sociales desde unos días antes, cuando sus diferencias se hicieron públicas. De acuerdo con Berman, Ackerman, en violación al contrato que habían firmado, se autoasignó las funciones de titular tomando unilateralmente las decisiones e intervenciones del programa y decidiendo en qué momento su compañera podía hablar o no.

Esta historia trae consigo un arco narrativo casi escalofriante. Primer acto: Ackerman se apropia, al parecer con el respaldo de directivos del canal, del programa de televisión para hacer a un lado a su compañera. Segundo acto: Berman evidencia de manera pública ese proceder, y al conductor, tan seguro de su privilegio, no solo no le importa sino que lo hace más evidente frente a la audiencia televidente. Tercer acto: el show termina antes de lo establecido en el contrato, el conductor es premiado con un programa para él y la conductora queda solo con una promesa de negociación.

Este tipo de comportamiento no solo sucede en la relación entre John y Sabina, no solo sucede en Canal Once, sino en la mayoría de los medios de comunicación. Y más allá de eso, sucede en todo el país, todo el tiempo.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2019, de las personas que se identifican como periodistas y conductores, solo 28.6% son mujeres. A esto podemos agregarle la baja representación femenina que hay en los puestos directivos de las compañías de medios, que según el estimado de la Federación Internacional de Periodistas, en América Latina es menor a 25%. En México, la presencia de mujeres en la dirección de los medios es una situación extraordinaria.

“La base material sobre la que el patriarcado descansa se sustenta fundamentalmente en el control que ejercen los hombres sobre el poder del trabajo femenino”, dijo la economista feminista e investigadora estadounidense Heidi Hartmann. Y esto no se trata de una queja o un discurso de victimización: hablamos con la esperanza de construir una cultura distinta, más equitativa y justa.

“La igualdad tiene sus problemas y sus tropiezos, pero la igualdad es más fértil que el rígido y monotemático autoritarismo”, dijo Berman sobre lo sucedido. Y creemos que tiene razón. Nosotras coincidimos en que la violencia de género, el machismo y el sexismo no puede tolerarse en ninguna circunstancia y ningún lugar.

En nuestros sitios de trabajo repudiamos y repudiaremos a los directivos de medios que buscan amedrentar a las reporteras o editoras que no ceden a sus peticiones; a los jefes de área que deciden pagar más a los varones “porque tienen más responsabilidades en casa”; a los editores que resuelven las portadas del día siguiente en reuniones entre hombres en cantinas; a los coordinadores que utilizan términos como “criminales”, “violentas”, “locas” u otros para describir las protestas feministas que han marcado el último año en México y el mundo.

A partir de estos hechos, muchas mujeres periodistas y analistas mostramos nuestra unión de manera explícita y pública en nuestras redes sociales, y nuestra protesta ha sido y seguirá siendo escuchada. Esperamos que las nuevas generaciones puedan también alzar la voz y exponer este tipo de casos que, insistimos, no son aislados. Las mujeres de todos los ámbitos encontramos lo poderosas que pueden ser nuestras voces cuando las juntamos. “La unidad es la variedad, y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo”, escribió Isaac Newton.

Señalamos por ello, desde la particularidad de nuestras diferentes personalidades, estas conductas misóginas que deberían de tener consecuencias para resolver un machismo que aún persiste y es evidente hasta el cinismo. Y si bien #SabinaNoEstáSola, ninguna lo estará, porque #SomosTodas.

Maca Carriedo es comunicadora. Pamela Cerdeira es periodista y conductora. Denisse Dresser es politóloga, escritora, maestra y activista. Rossana Fuentes es comunicadora. Adela Micha es periodista y comunicadora. Adela Navarro es directora del semanario ‘ZETA’. Ana Paula Ordorica es periodista. Paola Rojas es periodista. Sandra Romandía es periodista de investigación. Yuriria Sierra es politóloga y periodista. Azucena Uresti es periodista y conductora.

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