Felipe Restrepo Pombo es periodista, editor y autor de varios libros, entre ellos la novela ‘Formas de evasión’.

Uno de los sectores que más ha sufrido los estragos de la pandemia es el de la cultura. La devastación económica que ha dejado la emergencia sanitaria ha golpeado sin clemencia a una industria que ya era bastante frágil: pasará mucho tiempo para que las artes escénicas, el cine, los museos y las editoriales, por mencionar algunos, vuelvan a resurgir.

En este contexto, uno de los espacios más afectados es el de las ferias y festivales literarios que, en los últimos años, había ganado un rol muy importante en la región. Estos han tenido que clausurarse, o bien, mudarse al mundo virtual. Esto agranda la crisis del sector editorial y cultural, porque aunque se cuente con plataformas potentes y un buen programa de contenidos, la experiencia de pasear a lo largo y ancho de pasillos atiborrados de libros, de miles de posibilidades de lectura y de múltiples ofertas en todos los géneros editoriales no es fácil de reemplazar. Hoy, 10 meses después del inicio de la crisis, es muy difícil saber cuál es su futuro.

Esta semana empieza la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, en México, que es un referente obligado para la cultura en Iberoamérica. Desde su fundación, en 1987, ha crecido sin parar: hoy es la feria más grande de toda América y la segunda más grande del mundo. Hay una enorme afluencia de visitantes y una gran calidad en sus participantes y programa. En ella se presentan las novedades editoriales más fuertes y se cierran los tratos más jugosos del siguiente año. Guadalajara se convierte en la capital mundial del libro y es uno de los eventos culturales más significativos de México.

Este año, la FIL será completamente virtual. Hasta el último momento se mantuvo en vilo la decisión de mantenerla o no. “Nos ha hecho dejar fuera muchas actividades y seleccionar aquellas que condensan la esencia de una feria en años de normalidad presencial”, me dijo Marisol Schulz, su directora. Como ellos, casi todas las ferias del continente han tenido que tomar medidas drásticas. Pero no todas tienen el músculo económico de la FIL y el golpe puede ser devastador.

El mes pasado, la FIL y el Hay Festival fueron galardonados con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2020. El Hay es un festival que nació en Gales y tiene tres versiones en nuestro continente durante el año. En enero en Cartagena de Indias (Colombia), en septiembre en Querétaro (México) y en noviembre en Arequipa (Perú). La directora internacional del festival, Cristina Fuentes La Roche, junto con su equipo, ha sido la responsable de este crecimiento. El Hay ha enriquecido la vida cultural de Latinoamérica: gracias a este festival el público ha podido ver en sus escenarios a los mejores escritores del planeta, así como intelectuales, artistas, científicos y todo tipo de creadores.

El comienzo de confinamiento debido a la pandemia coincidió con el lanzamiento del Hay Festival en Gales así que Fuentes y su equipo debieron organizar un plan de contingencia. “(El festival) tuvo lugar en mayo, en un momento que casi todo el mundo estaba confinado y con necesidad de comunicarse, así que logramos que se conectara un gran público nuevo de todas partes del mundo. Fue muy emocionante leer en el chat desde donde se conectaban y las ganas de conversar sobre lo que oían; se creó una gran sensación de comunidad”, dice Fuentes. Y agrega: “Logramos una audiencia de medio millón de personas para ver el festival en vivo. Repetimos la experiencia exitosa en el Hay Festival Querétaro y Arequipa, ambos con 300,000 personas conectadas”.

Las cifras de los festivales digitales son prometedoras. Sin embargo, tanto organizadores como participantes coinciden en que su esencia es la interacción presencial. Pero como la pandemia no acabará pronto, habrá que adaptarse. Así lo cree Daniel Marquínez, director de programación del Festival Gabo, otro de los referentes en la región: un encuentro anual en Medellín, Colombia, que destaca lo mejor del periodismo y es un homenaje a la memoria de Gabriel García Márquez. “Confiamos en que esto pasará y no renunciamos a la idea de llevar versiones del festival a otras ciudades, como Barcelona o Ciudad de México, algo que estaba previsto para 2020. Pero somos conscientes del momento y las prioridades. Si toca adaptarse, como hemos hecho este año, nos adaptaremos. Pueden cambiar los formatos, las plataformas… lo importante es mantener la pertinencia de los debates y función de este evento”, me dijo Marquínez.

Predecir el futuro de estos eventos es imposible. “Como nunca, hemos vivido una incertidumbre con teorías de lo que va a ocurrir que cambian cada mes, así es que lo que esperamos es poder regresar a una feria presencial. Ciertamente, lo virtual ha llegado para quedarse, así que tendremos en cuenta que algunas actividades podrían ocurrir con autores de países remotos, pero si todo nos lo permite, 2021 será el regreso de la FIL presencial”, dice Schulz. Y Marquínez agrega: “Ante todo que el festival sea recibido como un aporte al momento que atraviesa el periodismo y la sociedad. Y que sea un aporte optimista que nos permita mirar al futuro con algo de esperanza, sabiendo que, como en la peste del insomnio en Macondo, al final el sol volverá a salir”.

Esta mirada positiva de los organizadores coincide con la expectativa del público. Todo esperan regresar el año siguiente a ver sus escritores favoritos, escuchar charlas iluminadoras y comprar las novedades en los pasillos. Los organizadores están buscando soluciones efectivas pero necesitan oxígeno y mayor presupuesto para trabajar: por eso debe haber un apoyo decidido del sector público y privado. Además, la industria editorial, los editores, escritores y lectores deben mantener un papel activo en la reconstrucción de todos estos eventos. Sin estos esfuerzos compartidos es muy posible que nos quedemos sin feria y festivales literarios en un futuro muy próximo. Y, en medio de las enormes perdidas que ha supuesto la pandemia, este escenario sería trágico para el desarrollo cultural de la región.

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