Una turba de funcionarios del gobierno y agentes de la Seguridad del Estado vestidos de civil se presentaron en la vivienda que ocupa la opositora Anyell Valdés en el barrio Los Pinos, en la periferia de La Habana. Mientras gritabanPa’ lo que sea, Fidel, pa’ lo que sea” y enarbolaban pancartas “revolucionarias” desde afuera, tres de ellos, dos hombres y una mujer, saltaron la verja del lugar y penetraron para tachar con pintura azul la fachada de la vivienda donde, hasta ese momento, se leían varias frases, entre ellas: “Patria y Vida”, “Revolución es represión”, “Abajo la dictadura”. Los protagonistas del acto de repudio, como se conoce en Cuba a estas escenas de purga ideológica, escribieron en el piso y en la entrada de la casa: “Patria o muerte, venceremos” y “Viva Fidel”. Dentro lloraban descompuestos los tres hijos menores de edad de Valdés al enterarse que, para acceder a la vivienda, parecían haber envenenado a su perro. De acuerdo con las declaraciones de Valdés al Diario de Cuba, en la turba se encontraban los profesores de primaria de los niños. Durante los minutos que duró el acoso, los acechadores colocaron en la verja un cartel con la imagen de un Fidel Castro sonriente.

Los letreros bañados en azul cielo por la turba de “revolucionarios” son parte de la resonancia causada por Patria y Vida, una canción de Yotuel Romero —exintegrante del grupo cubano Orishas— junto al dúo Gente de Zona, Descemer Bueno, Maykel Osorbo y El Funky. En las últimas semanas, el tema le ha removido las entrañas al régimen cubano, al punto que se ha tornado un himno para los que luchan por otra Cuba. “No más mentiras/mi pueblo pide libertad/no más doctrinas”, reza uno de los fragmentos del tema contestatario que en menos de 72 horas alcanzó el millón de reproducciones en YouTube. Casi exactamente a mitad de la canción, Alexander Delgado de Gente de Zona canta las palabras que le dan su nombre: “Ya no gritemos patria o muerte, sino patria y vida”. Este verso alienta a los cubanos a suplantar la repetida hasta la saciedad “Patria o muerte” de Fidel Castro, frase convertida con el paso de las décadas en consigna gubernamental.

El gobierno parece haber asumido este mensaje como un oprobio, lo que provocó una descompuesta histeria colectiva: el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, twitteó tres días después del lanzamiento de la canción que “quisieron borrar nuestra consigna”; la televisión estatal se encadenó y convocó a cantar el himno nacional en la noche, allegados al régimen tildaron de “jinetero” —prostituto—, “ratas” y “mercenarios” a los seis artistas negros que se unieron en la colaboración musical.

La vida por sobre la muerte, la libertad sobre la opresión, el amor sobre la división, son los clamores que profesa Patria y Vida. Sensaciones y ansias de un pueblo que está hastiado tras seis décadas de sufrimiento por la imposición de un sistema fundamentalista que expulsa, fulmina y castiga a todo aquel que no decide aceptar el adoctrinamiento ideológico implantado.

Patria y Vida dinamita la falsa dicotomía patriotera con la que han tenido que convivir los cubanos desde 1959, una elección forzosa e ineludible: el socialismo o la muerte. La canción intenta romper con la lógica del castrismo: o estás conmigo o estás contra mí. Y de ese modo, desde la triste y cruda realidad de la isla hoy, dibuja una salida imaginaria a la Cuba del futuro sin las ataduras totalitarias del presente.

La canción apunta a una reconciliación nacional, a la construcción de un país donde todos los cubanos puedan, con “un nuevo amanecer” como menciona la canción, formar parte de él sin ser perseguidos por las ideas que profesen.

Pero para que se produzca ese viaje a la Cuba del porvenir, los cubanos —los de la isla y los del exilio— tendrán que asumirse como tal, como cubanos, como ciudadanos de la nación y no como entes subyugados por la dictadura, para desde esa unión, aunar fuerzas y pujar y exigirle al gobierno las reformas necesarias que encaminen al bienestar del país.

El statu quo de Cuba hoy solo es posible bajo el modelo que impera. Al régimen no le interesa ni tiene la más mínima intención de mover las fichas en su tablero. Como están las cosas, todo le encaja a la perfección para seguir perpetuado en el poder.

Es por eso que el régimen promulga “Patria o muerte”, entendiendo la patria como el salón de baile donde solo pueden entrar y deslizar sus pasillos quienes coincidan o decidan o finjan asumir la militancia de pensamiento dictada, y entendiendo la muerte como el exilio, la prisión política, la represión para sus contrarios.

Es por eso que al régimen le incomoda Patria y Vida, porque entiende la vida como la libertad, como los derechos fundamentales de sus ciudadanos, y porque ve brotar lo que siempre intentó destruir para su fortuna: la unión entre el exilio y la isla, entre los artistas de renombre y los del barrio, entre el arte y la política, entre los negros, entre los cubanos.

Patria y Vida destruye una de las esencias instauradas por el castrismo: la manera binaria de ver la vida en buenos y malos, en revolucionarios y contrarrevolucionarios, en “los que se fueron” —exiliados— y los que están. Una segmentación política que le ha valido durante seis décadas al régimen para gobernar a sus anchas desechando a sus detractores.

Desde lo simbólico, Patria y Vida le devuelve a los cubanos su isla y precisa que la patria y la nación no son ni de “la revolución” ni del “partido comunista” ni de quien quiera hacerse con ella. Cuba, como cualquier otra tierra, no tiene dueño. Eso es lo que escuchan los gobernantes cubanos en la canción y es, en definitiva, lo que les da terror y los irrita: un llamado a devolver lo que se han robado y construir un futuro diferente con él.

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