Geoff Baker es profesor de música en Royal Holloway, Universidad de Londres, y autor de ‘El Sistema: Orchestrating Venezuela’s Youth’ (El Sistema: Orquestando a la juventud venezolana). William Cheng es presidente y profesor asociado de música en Dartmouth College, y autor de ‘Loving Music Till It Hurts’.

A finales de abril, el movimiento #MeToo estremeció tardíamente la esfera cultural de Venezuela. Una ola de acusaciones y revelaciones de mujeres jóvenes contra destacados artistas del rock venezolano se extendió rápidamente a otros sectores como la danza, el periodismo y la actuación. En poco tiempo, #YoTeCreoVzla comenzó a ser tendencia.

El 29 de abril, las acusaciones llegaron al mundialmente famoso sistema de orquestas juveniles de Venezuela conocido como El Sistema. Ese día, una exmúsica de El Sistema llamada Angie Cantero, publicó una historia en Facebook, afirmando que El Sistema “estuvo/está plagado de pedófilos, pederastas y una cantidad incalculable de personas que cometieron el delito de estupro”. Bajo esa atractiva fachada, alegó Cantero, “se encuentran un montón de seres asquerosos que les encanta embaucar niñas y adolescentes, aprovechándose de su posición de poder y su renombre dentro del Sistema”.

Cantero dijo que comenzó a recibir proposiciones sexuales de profesores adultos hombres cuando tenía 13 años. Ella fue capaz de evadirlos pero afirmó que “tristemente no fue el caso de muchas de mis amigas, quienes también eran menores de edad en ese momento, y terminaban involucradas en relaciones (que incluían sexo, por supuesto) con estos tipejos que eran mucho mayores que ellas”.

Su historia, que en poco tiempo fue compartida más de mil veces, generó cientos de comentarios que respaldaron su descripción de El Sistema. Algunas personas relataron experiencias de primera mano; otras recordaron haber escuchado con frecuencia sobre este tipo de comportamientos. Una mujer describió haber sido violada por un maestro cuando tenía 14 años. La valiente revelación de Cantero ha generado desde entonces un retrato colectivo de niñas y adolescentes en El Sistema siendo sistemáticamente manipuladas y cortejadas por maestros varones mayores, por medio de insinuaciones y proposiciones coercitivas normalizadas como hechos cotidianos.

Contactamos a varias mujeres en busca de corroboración. Pidieron que no utilizáramos sus nombres reales por temor a posibles represalias y repercusiones profesionales. Lucía, miembro de El Sistema durante 18 años, nos dijo que los comportamientos depredadores habían sido evidentes desde hace mucho tiempo. “Hubo muchos casos que salieron a la luz, pero las que pagaron las consecuencias fueron las muchachas. El rol de los profesores en estos casos fue ignorado y barrido bajo la alfombra”, dijo.

María, quien estuvo 15 años en El Sistema, notó que la manipulación sexualizada era tan cotidiana y permitida que la mayoría de las niñas podría ni siquiera haberla percibido como depredadora y abusiva en ese momento. O, como dijo una de las comentaristas en la publicación de Cantero: “cómo me identifiqué con todos los testimonios (…) lo loco que es pensar que en algún momento llegamos a normalizar eso que pasaba y nos sigue pasando, qué locura”.

Excepto que, por supuesto, no es una “locura” en absoluto. Los sistemas de abuso deforman el sentido de la realidad de las víctimas. Pueden lograr que las personas vulnerables, en especial niñas y niños, confundan lo que está bien y lo que está mal, y confundan actos depredadores con el afecto.

Integrantes de El Sistema han alegado además que algunas figuras de autoridad masculinas intercambiaban beneficios musicales (giras, talleres intensivos, ascensos) por sexo. Este tipo de comportamiento abusivo, dijeron, ha sido durante mucho tiempo un “secreto a voces”.

Geoff Baker describió los problemas de acoso y abuso sexual en su libro de 2014 sobre El Sistema. La organización respondió asegurando que las denuncias de abuso generalizado eran “absolutamente falsas”. Esta nueva ola de acusaciones, más fuerte que nunca, sugiere lo contrario.

De hecho, el exviolinista de El Sistema Luigi Mazzocchi afirmó que ese tipo de relaciones entre profesores y alumnos eran “la norma”. En un artículo de la revista VAN de 2016, Mazzocchi recordó: “Algunos de los… profesores incluso lo decían en voz alta: ‘Hago esto [tener relaciones sexuales] con mis estudiantes porque creo que en realidad los estamos ayudando a convertirse en mejores músicos, mejores violinistas’”.

El reciente movimiento #YoTeCreoVzla alentó a una de nuestros contactos, Lisa, a hacer pública una historia desgarradora y detallada del abuso sexual que afirmó haber sufrido con dos profesores de oboe de El Sistema. Comenzó cuando ella tenía 12 años. Lisa describe un relato doloroso de abuso crónico yuxtapuesto a oportunidades musicales extraordinarias, la última de las cuales incluyó un concierto en 2010 con la Orquesta Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela conducido por el director de la Filarmónica Berlín, Simon Rattle.

De manera similar a lo afirmado por Mazzocchi, Lisa explica cómo su profesor ofreció justificaciones artísticas para su comportamiento. “Sus métodos se valían de un discurso enaltecedor del arte, de la pasión y de lo intelectual”, dice. “Según él, yo debía dejarme llevar por el deseo sexual para así poder conseguir un sonido completo”.

Estas revelaciones tienen implicaciones enormes. Cientos de programas de educación musical en decenas de países se realizan bajo el modelo de El Sistema. Es fundamental para la marca del director venezolano de fama mundial Gustavo Dudamel, director musical de la Filarmónica de Los Ángeles.

La crisis política y económica de Venezuela ha obligado a muchos músicos de El Sistema a abandonar el país, y están ahora en programas de educación musical por todo el mundo.

Por supuesto, este no es un problema meramente venezolano. “Secreto a voces” es la manera como los ciudadanos de Nueva York, Chicago y músicos clásicos en general calificaron las acciones depredadoras del difunto director James Levine. “Secreto a voces” es cómo la gente ha descrito en retrospectiva los patrones de abuso sexual y emocional dentro de varias escuelas de música y conservatorios, como Chetham’s, Curtis y Berklee.

¿Qué se necesita para que El Sistema reconozca sus problemas y se comprometa a realizar acciones reparadoras? ¿Pueden los programas seguir llevando la insignia de “El Sistema” con orgullo? ¿Cuál debería ser la respuesta de UNICEF, la agencia de las Naciones Unidas para la defensa de los derechos del niño, de la que El Sistema ha sido embajador de buena voluntad desde 2004?

Algunos podrían argumentar que El Sistema hace más bien que mal. Sin embargo, ese tipo de afirmaciones siempre serán triviales mientras no se investigue el daño de manera adecuada.

Hay algo que queda claro. Esperar a que esta crisis actual se disipe una vez más —esperar a que los sobrevivientes se queden en silencio, a que se actualice el ciclo de noticias— es indefendible. Es un hecho que el “secreto a voces” de El Sistema ya no es un secreto. ¿Estará el mundo finalmente dispuesto a escuchar?

Leer más: