Luz Mely Reyes es periodista y analista política. En 2015 cofundó el medio independiente ‘Efecto Cocuyo’, del que es directora.

Cómo atrapar moscas con la miel. En una reciente entrevista con la agencia Bloomberg, el mandatario venezolano, Nicolás Maduro, invitó a inversionistas extranjeros, especialmente de Estados Unidos, a que vayan al país. "Venezuela se va a convertir en la tierra de las oportunidades”, dijo Maduro. Es una línea que viene desarrollando públicamente desde enero de este año, cuando presentó su informe anual ante la nueva Asamblea Nacional y ratificó una oferta de negociar con los tenedores de bonos de la deuda de la República y de Petróleos de Venezuela.

Ya había avanzado, en 2020, al pedirle a la Asamblea Constituyente una Ley Antibloqueo que fue criticada por los propios chavistas por la falta de transparencia, su carácter inconstitucional y porque traicionaba los principios de un sistema socialista. Y sigue tendiendo la alfombra con el proyecto de Ley de Zonas Económicas Especiales que permitiría, entre otras cosas, generar políticas especiales para promover la inversión extranjera.

En su reciente conversación, Maduro reconoció una vez más que la dolarización transaccional que se estableció orgánicamente ha sido una válvula de escape. De acuerdo con el economista Asdrúbal Oliveros en una entrevista con Prodavinci, la economía venezolana, que se ha contraído 80%, “está en el foso”. También destacó que 20% del Producto Interno Bruto funciona en negro y dos tercios de los pagos en el país se hacen con dólares, incluso en sectores populares.

La sociedad venezolana se mueve entre quienes tienen acceso a dólares y quienes no. Un estudio reciente de la Universidad de Oslo en Noruega y el Centro de Investigación y Formación Obrera en Venezuela que investigó el auge de los bodegones o supermercados de lujo, mostraba que este tipo de negocios —un signo de la distorsión económica del país— ha sido fuente de más desigualdad.

Durante la gestión de Maduro, Venezuela no ha tenido en ningún momento alguna mediana estabilidad económica. La crisis que se había gestado durante el último gobierno de Hugo Chávez, producto de un modelo que se sostenía en los precios del petróleo, terminó llevando al país a la tercera hiperinflación más prolongada de la historia. Pero no solo se deterioró el salario, sino la infraestructura de empresas públicas, entre ellas la gallina de los huevos de oro, Petróleos de Venezuela. Los billetes de alta denominación terminaron por ser materia prima para artesanos que hicieron piezas utilitarias como bolsos o monederos.

No es la primera vez que Maduro habla de economía e inversiones, que alude al posible crecimiento del país y que sostienen que la debacle venezolana es consecuencia de las sanciones. Entonces, ¿qué hace distinto hoy este discurso de Maduro? Muy probablemente la situación política y, obviamente, la económica. En la primera se ve algo fortalecido, en la segunda necesitado.

Su puesta en escena en la entrevista con Bloomberg estaba dirigida a dar un mensaje de control político y de su capacidad de supervivencia. Maduro dijo que no había recibido del gobierno estadounidense del presidente Joe Biden ni una señal de una posible negociación que lleve a un levantamiento progresivo de las sanciones. Si bien el depauperamiento de la economía venezolana no es consecuencia de las sanciones, sí han incidido en la capacidad del gobierno madurista para operar en los mercados. Un ejemplo es que, por el sobrecumplimiento de las restricciones, fue bloqueado un pago de 10 millones de dólares para adquisición de vacunas del mecanismo Covax.

Esa misma semana se dieron otros mensajes. Bloomberg también entrevistó a Tarek El Aissami, quien desde 2017 se ha convertido en el vocero del gobierno con los tenedores de bonos venezolanos. El Aissami, sobre quien pesan sanciones individuales, ahora lleva el control del Ministerio del Petróleo y de las negociaciones para la exportación de crudo con Asia. La industria petrolera venezolana ha ido recuperando su capacidad de producción en los últimos meses.

Pero El Aissami también es el operador interno de la apertura económica. Ha sido el vínculo con empresarios y tiene una visión de flexibilidad económica y rigidez política.

En diciembre de 2020 ya se apuntalaba un signo de un cambio. En BBC Mundo se recogía que “una incipiente apertura económica que emprendió en los últimos meses el gobierno socialista de Venezuela se refleja en la bolsa de Caracas”.

“Es algo bien parecido al proceso de Vietnam. Economía de mercado, capitalismo de Estado con ciertos controles estatales, mayores garantías para los inversores y desarrollo de islas neoliberales dentro de un régimen socialista con vocación de permanencia a través de las Zonas Económicas Especiales”, me dijo Óscar Doval, gerente general de la empresa británica de consultoría financiera y estratégica Moore GSF y director de Rendivalores, Casa de Bolsa.

Pero los planes de Maduro dependen de varios factores. Uno de ellos es el levantamiento de las sanciones y esta posibilidad depende de cambios políticos.

El 25 de junio los voceros oficiales de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá emitieron una declaración conjunta en la que aseguraron que hay disposición de “revisar las políticas de sanciones sobre la base de avances significativos que se alcancen por medio de una negociación amplia”. Agregaban: “Pedimos por la liberación incondicional de todas las personas que están detenidas injustamente por motivos políticos, la independencia de los partidos políticos, la libertad de expresión, incluso para miembros de la prensa, y el fin de las violaciones de derechos humanos”. También que “un proceso de negociación integral, con plazos concretos, debería posibilitar el restablecimiento de las instituciones del país y permitir que todos los venezolanos puedan expresarse políticamente por medio de elecciones locales, parlamentarias y presidenciales creíbles, inclusivas y transparentes”.

Una delegación del líder de oposición Juan Guaidó estuvo de gira en Washington buscando cómo “blindar” una eventual negociación con Maduro y, según fuentes de la embajada de Guaidó en Estados Unidos, esta mesa podría estar instalada antes de finales de julio. Leopoldo López, quien formó parte de la comisión, dijo que la negociación tenía que ser muy concreta.

Sin embargo, Maduro no solo debe lidiar con las oposiciones en la acera de enfrente, también debe satisfacer a su grupo más extremo. Por eso, mientras oferta abrir la economía, promueve la Ley de ciudades comunales, “como instancia territorial y política del sistema de agregación comunal, donde los ciudadanos y ciudadanas fomentan los valores necesarios para la construcción del socialismo…”.

¿Qué tan necesitado está Maduro que puede hacer concesiones para que Estados Unidos, principalmente, considere flexibilizar las sanciones?

Es eso lo que tal vez se vea en las próximas semanas. En la medida en que Maduro logre contener a quienes no creen en concesiones, a sus correligionarios más extremos y en la medida que se acerque a decisiones que se registren como un tradicional programa de ajustes de los organismos multilaterales, en esa misma medida se apreciará su necesidad.

Pero, como reza el dicho: los rusos también juegan. Los factores de la oposición venezolana buscan cómo presionar para llevar a Maduro a una negociación real. Tienen una carta fuerte que jugar. Pero así como Maduro puede estar requerido económicamente, la oposición venezolana llega a esta etapa con algo de respiración artificial.

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