The Washington PostDemocracy Dies in Darkness

Opinión ¿Por qué Matt Damon no puede ser cancelado?

Matt Damon firma autógrafos en Cannes, Francia, el 9 de julio. (REUTERS/Eric Gaillard)

Hay algo morbosamente divertido en ver a Matt Damon —un buen liberal de Hollywood, acólito del historiador social Howard Zinn, partidario demócrata constante— toparse con una trituradora progresista cada dos años. ¿Su pecado más reciente? Decir que acaba de aprender a no referirse a las personas homosexuales con la palabra con “m”. Sin embargo, a pesar de estas repetidas controversias, Damon siempre sale bien librado. Aquí hay una lección importante: la mejor manera de evitar la furia de internet es simplemente permanecer desconectado.

¿Cuántas veces en los últimos años ha sido “cancelado” Matt Damon?

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Fue acusado de blanquear y alimentar el estereotipo del “salvador blanco” por aparecer en una película china realizada por un famoso director chino que había sido comercializada principalmente para el público chino. Le machoexplicó a una cineasta negra cómo funcionaba en realidad la diversidad en Hollywood en el reinicio de Project Greenlight. En medio del movimiento #MeToo, sugirió que los presuntos acosadores sexuales en serie como Al Franken no deberían ser obligados a renunciar a sus trabajos porque ser manoseador con las mujeres no es lo mismo que violarlas.

Más recientemente Damon compartió, sin ninguna razón en particular, la noticia de que había dejado de hacer chistes usando la palabra homofóbica con “m”, gracias a una reprimenda que le había dado su hija. Aunque Damon se retractaría de su comentario al día siguiente, ya había concretado su turno más reciente como tema tendencia en Twitter.

Read in English: Why Matt Damon can’t be canceled

¿Quién sabe cuál es la verdad? Francamente, me resulta algo difícil de creer que el “bro” Damon, criado en Boston, sea un completo y absoluto extraño a la palabra en cuestión. Además, el relato sobre el regaño de su hija, tal como él lo cuenta, no tiene ningún sentido si nunca antes había usado el insulto.

Pero eso importa menos que cómo se percibe. Para alguien que no invierte tiempo en las redes sociales, es probable que parezca como si Damon demostrara tener un crecimiento. Como si revelara un error para probar que ahora entiende más, que es un buen aliado y que está trabajando por un futuro más inclusivo para todos.

Si Damon no fuera tan reacio a Twitter, habría recordado que hace un par de años Liam Neeson casi logró destruir su carrera cuando dijo que había querido matar a un hombre negro —cualquiera— al enterarse de que una amiga había sido violada. No importó que el punto de Neeson fuera, explícitamente, afirmar que eso había estado mal, que había sido horrendo. No importó que eso hubiera sucedido hace años o que Neeson dijera, mientras contaba la historia, que estaba avergonzado de lo que había sentido y había querido hacer. Los usuarios de Twitter no están interesados en recompensar el crecimiento. Lo que les interesa es castigar el pecado.

Si Damon sigue teniendo estos episodios es en parte por su famosa aversión a las redes sociales. Su “presencia en las redes sociales es básicamente inexistente”, señaló The New York Times en un perfil reciente, y es parte de su esfuerzo por existir “en el último grupo de personas que quieren mantener su privacidad”. Ese acuerdo significa ser excluido del mundo de Twitter, donde tantas falsas controversias se han convertido en noticias porque demasiados periodistas han amasado gran parte de su poder gracias a la aplicación del pajarito azul, y porque la indignación equivale a clics. Si de forma deliberada decides ignorar las minas terrestres que podrían destruir las actividades de promoción de tu película, no puedes sorprenderte cuando pises una.

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Sin embargo, la otra cara de la moneda es que la falta total de presencia en línea de Damon se traduce en que no sienta la necesidad constante de responder a cada insulto o provocación. Damon no actualiza sus menciones para ver quién le está pidiendo que rinda cuentas en ese momento. No experimenta el linchamiento abrumador que todos los que alguna vez han sido el foco de la angustia de Twitter han experimentado. Y por lo tanto —al simplemente negarse a alimentar a los troles y a ser absorbido por un ciclo interminable de aclaraciones y disculpas— cada intento de cancelación ha terminado simplemente esfumándose.

Por supuesto, parte de la razón de que esos intentos se esfumen es simple privilegio progresista: precisamente porque es un buen liberal, la mayoría simplemente perdonará sus errores y pasará la página. Sin embargo, Damon también se ayuda bastante a sí mismo al no tratar de ayudarse en absoluto. Más artistas deberían tener esto en cuenta la próxima vez que se sientan tentados a meterse en el pantano de las redes sociales.

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